.Una revista para todo cristiano · Nº 13 · Enero - Febrero 2002
PORTADA

"Bocetos" · Suplemento Juvenil
Para jóvenes dispuestos a servir

Un piano bien afinado

Los expertos afirman que la construcción de un piano de buena marca se demora por lo menos un año. La tabla de armonía es estirada a su máxima tolerancia y se deja así por un período de tiempo hasta que tenga la forma curvada de su diseño.

Después de este largo período de estiramiento, la madera nunca volverá a su estado original. Queda cambiada permanentemente. El piano comienza a ser un instrumento bien construido.

Pero el próximo paso requiere otra dosis de tensión. Se requieren once toneladas de presión en un piano para afinarlo. Cada paso en el proceso va moviendo al piano más cerca de ser un producto finamente terminado, para ser tocado por los mejores músicos del mundo. Esos músicos desean producir un sonido único que sólo un piano de esta calidad puede producir.Así también nosotros. Dios mira a cada uno de nosotros como a un instrumento por construir.

Comenzamos en nuestra juventud como la madera rústica que El desea transformar. Hay mucho potencial, pero también hay mucho que excede, mucha deformidad, que necesita la mano diestra del Artesano.

El proceso es largo, y doloroso. Construirnos requiere ciertas experiencias que estirarán nuestra fe, nuestra estructura y nuestra propia vida. Si podemos resistir la tensión de este proceso tan intenso, saldremos como un piano de calidad, del cual el gran Músico podrá arrancar dulces melodías.

Pero para soportarlo, tenemos que tener en mente la meta final, el noble propósito que Él ha trazado para nosotros. Sólo así estaremos dispuestos a colaborar. Cuando estamos en medio de las pruebas, las sentimos como fuego. Es muy doloroso ser estirado hasta el límite.

Deja que el Maestro Afinador haga en tu vida hoy lo que Él quiere y vas a ver que quedaras muy complacido de ser el instrumento que Él afinó. Cuando veas la obra terminada, y las melodías que darás, estarás plenamente complacido. Y sobre todo, Él quedará plenamente satisfecho contigo.

¿Vivamos juntos este proceso?


En bicicleta con Dios

Al principio veía a Dios como el que me observaba, como un juez que llevaba cuenta de lo que hacía mal, como para ver si merecía el cielo o el infierno cuando muriera. Era como un presidente, reconocía su foto cuando la veía, pero realmente no lo conocía.

Pero luego que conocí a Jesucristo, parecía como si la vida fuera un viaje en bicicleta, pero era una bici de dos, y noté que Él viajaba atrás y me ayudaba a pedalear.

No sé cuando sucedió (no me di cuenta) cuándo fue que Él sugirió que cambiáramos lugares, lo que sí se es que mi vida no ha sido la misma desde entonces.

Mi vida con Jesús es muy emocionante. Cuando yo tenía el control, yo sabía a dónde iba. Era un tanto aburrido, predecible.
Era la distancia más corta entre dos puntos. Pero cuando Él tomó el liderazgo, Él conocía otros caminos, caminos diferentes, hermosos, por las montañas, a través de lugares con paisajes, y a velocidades increíbles. Lo único que podía hacer era sostenerme; aunque pareciera una locura, Él sólo me decía: «¡Pedalea!»

Me preocupaba y ansiosamente le preguntaba, «¿A dónde me llevas?» Él sólo sonreía y no me contestaba, así que comencé a confiar en Él.

Me olvidé de mi aburrida vida y comencé una aventura, y cuando yo decía «estoy asustado», Él se inclinaba un poco para atrás y tocaba mi mano. Él me llevó a conocer gente con dones, dones de aceptación, de gozo.

Ellos me dieron esos dones para llevarlos en mi viaje; nuestro viaje, el de Jesús y yo.

Y allá íbamos otra vez. Él me dijo: «Comparte estos dones, dalos a la gente, son sobrepeso, mucho peso extra». Y así lo hice... y encontré que en el dar, yo recibía, y mi carga era más ligera.

No confié mucho en Él al principio, en darle el control de mi vida. Pensé que la echaría a perder, pero Él conocía cosas que yo no sabía acerca de andar en bicicleta... ¡secretos!

Él sabía cómo doblar para dar vueltas cerradas, brincar para librar obstáculos llenos de piedras, inclusive volar para evitar horribles caminos.

Y ahora estoy aprendiendo a callar y pedalear por los más extraños lugares. Estoy aprendiendo a disfrutar de la vista y de la suave brisa en mi cara y, sobre todo, de la increíble y deliciosa compañía de mi Señor.

Y cuando estoy seguro que ya no puedo más, Él sólo sonríe y me dice: «¡Pedalea!»


Un hombre cayó en un pozo y no podía salir

Una persona SUBJETIVA se acercó y dijo: «Me identifico con tu situación».
Una persona OBJETIVA se acercó y dijo: «Es lógico que alguien haya caído ahí adentro».
Un FARISEO dijo: «Sólo la gente mala cae en un pozo».
Un MATEMÁTICO calculó cómo se había caído en el pozo.
Un PERIODISTA quería la historia exclusiva del pozo.
Un FUNDAMENTALISTA dijo: «Mereces estar en el pozo».
Un RECAUDADOR DE IMPUESTOS preguntó si estaba pagando los gravámenes del pozo.
Una persona AUTOCOMPASIVA dijo: «No es nada comparado con MI POZO».
Un CARISMATICO dijo: «Sólo confiesa que no estás en el pozo».
Un OPTIMISTA dijo: «Las cosas podrían estar peores».
Un PESIMISTA dijo: «Las cosas van a empeorar».

JESÚS, viendo al hombre, lo tomó de la mano y LO SACÓ del pozo.


¿Existe DIOS?
Algunas pruebas sencillas de la existencia de Dios,
para ayudarte en esas largas discusiones de Colegio.

Dos científicos
Estaban un astronauta y un neurocirujano muy reconocido, discutiendo sobre la existencia de Dios. El astronauta dijo:
— Tengo una convicción, no creo en Dios. He ido al espacio varias veces y nunca he visto ni siquiera un ángel.
El neurocirujano se sorprendió, pero disimuló. Luego de pensar unos instantes, comentó:
— Bueno, he operado muchos cerebros y nunca he visto un pensamiento.

Un gato no prueba la resistencia de un puente
El pastor polaco Richard Wurmbrand, que estuvo 14 años en las cárceles comunistas, cuenta de las muchas experiencias con los comunistas rusos, a quienes los desafiaba a creer en Dios.
Wrumbrand cuenta que, estando en prisión, un comisario político, en forma bastante ruda, le preguntó:
— ¿Hasta cuándo va a creer usted en su ridícula religión?
A lo que contestó:
— He visto a muchos ateos, que en su lecho de muerte se han lamentado de su incredulidad y, arrepintiéndose, han acudido a Cristo. ¿Puede usted imaginarse a un cristiano que, al ver acercarse la muerte, podría lamentarse de haber sido cristiano y recurrir a Lenin y a Marx para que lo rescaten de esa fe?
Riéndose exclamó:
— ¡Formidable respuesta!
Wrumbrand continuó:
— Cuando un ingeniero construye un puente, el hecho que lo cruce un gato no prueba su resistencia, sino cuando lo atraviese un tren. El hecho que Ud. pueda ser ateo cuando todo marcha bien, no prueba la verdad del ateísmo; éste se desmorona en los momentos de grave crisis.

El hombre no es sólo materia
Cierta vez un conferencista ruso ateo daba una charla para probar que no existe el mundo espiritual, que no hay Dios, y que el hombre es solamente materia y que no tiene alma. Un creyente se puso de pie y pidió permiso para decir unas palabras.
Cuando le fue concedido el permiso, tomó una silla plegadiza, la alzó y la arrojó contra el suelo. La observó durante un momento y después avanzó hasta acercarse al conferencista, a quien dio un fuerte golpe en la cara. Como era lógico, causó la indignación de aquél. Enrojecido de ira y en medio de horribles obscenidades, llamó a sus camaradas comunistas para que arrestaran al atrevido exclamando:
— ¿Cómo se atreve usted a golpearme? ¿Qué razón tiene para ello?
El cristiano replicó:
— Acaba usted de probarnos que miente. Usted ha dicho que todo es materia, y nada más que materia. Lancé la silla al suelo, como es sólo materia, no se enojó por ello. Es pura materia. Al golpearle a usted, ¡su reacción ha sido muy distinta! ¡La materia no se irrita ni se enoja; pero usted sí lo hizo. Por lo tanto, camarada profesor, usted está equivocado. El hombre es algo más que materia: ¡es un ser espiritual!

La vida eterna existe
— Supongamos –argumenta Wurmbrand– que fuera posible hablar con un embrión en el vientre de su madre, y que le dijéramos que su estado embrionario es corto y que después le espera una larga vida futura. ¿Qué contestaría el embrión? Diría lo mismo que dicen los ateos cuando les hablamos del Paraíso y del Infierno. Diría que la vida dentro del vientre de su madre es la única vida y que todo lo demás son patrañas religiosas. Pero si el embrión pudiera pensar, se diría a sí mismo: “Aquí me están creciendo los brazos, pero no los necesito; ni siquiera los puedo estirar. ¿Para qué me crecerán? Probablemente, para algún estado futuro en mi existencia los voy a necesitar. Me crecen las piernas, pero tengo que tenerlas encogidas. ¿Por qué crecerán? Tal vez me espera una vida en un mundo más grande donde tendré que caminar. Comienzan a desarrollarse mis ojos, aunque estoy en completa oscuridad y no los necesito. ¿Para qué los quiero? A lo mejor afuera hay un mundo de luz y color. Así, si el embrión pudiera reflexionar sobre su desarrollo llegaría a la conclusión que fuera del vientre de su madre hay otro mundo, aunque por el momento no lo pudiese ver.

Lo mismo nos sucede a nosotros. Cuando somos jóvenes tenemos vigor, pero carecemos de experiencia para encauzarlo en la forma más provechosa. Cuando, con el paso de los años hemos adquirido cordura y conocimientos, la carroza fúnebre nos lleva a la tumba. ¿Con qué fin adquirimos todos estos conocimientos, si ya no nos sirven de nada? ¿Para qué le crecen brazos, piernas y ojos al embrión? Es para la vida que ha de seguir. Así es para nosotros. Aquí adquirimos experiencia, conocimientos y sabiduría para la vida futura. Estamos preparados para servir en un nivel más alto después de la muerte.


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