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Un piano bien afinado Los expertos
afirman que la construcción de un piano de buena marca se demora
por lo menos un año. La tabla de armonía es estirada a su
máxima tolerancia y se deja así por un período de
tiempo hasta que tenga la forma curvada de su diseño. Después
de este largo período de estiramiento, la madera nunca volverá
a su estado original. Queda cambiada permanentemente. El piano comienza
a ser un instrumento bien construido. Pero
el próximo paso requiere otra dosis de tensión. Se requieren
once toneladas de presión en un piano para afinarlo. Cada paso
en el proceso va moviendo al piano más cerca de ser un producto
finamente terminado, para ser tocado por los mejores músicos del
mundo. Esos músicos desean producir un sonido único que
sólo un piano de esta calidad puede producir.Así también
nosotros. Dios mira a cada uno de nosotros como a un instrumento por construir. Comenzamos
en nuestra juventud como la madera rústica que El desea transformar.
Hay mucho potencial, pero también hay mucho que excede, mucha deformidad,
que necesita la mano diestra del Artesano. El proceso
es largo, y doloroso. Construirnos requiere ciertas experiencias que estirarán
nuestra fe, nuestra estructura y nuestra propia vida. Si podemos resistir
la tensión de este proceso tan intenso, saldremos como un piano
de calidad, del cual el gran Músico podrá arrancar dulces
melodías. Pero
para soportarlo, tenemos que tener en mente la meta final, el noble propósito
que Él ha trazado para nosotros. Sólo así estaremos
dispuestos a colaborar. Cuando estamos en medio de las pruebas, las sentimos
como fuego. Es muy doloroso ser estirado hasta el límite. Deja
que el Maestro Afinador haga en tu vida hoy lo que Él quiere y
vas a ver que quedaras muy complacido de ser el instrumento que Él
afinó. Cuando veas la obra terminada, y las melodías que
darás, estarás plenamente complacido. Y sobre todo, Él
quedará plenamente satisfecho contigo. ¿Vivamos juntos este proceso? En bicicleta con Dios Al principio veía
a Dios como el que me observaba, como un juez que llevaba cuenta de lo
que hacía mal, como para ver si merecía el cielo o el infierno
cuando muriera. Era como un presidente, reconocía su foto cuando
la veía, pero realmente no lo conocía. Pero luego que conocí
a Jesucristo, parecía como si la vida fuera un viaje en bicicleta,
pero era una bici de dos, y noté que Él viajaba atrás
y me ayudaba a pedalear. No sé cuando
sucedió (no me di cuenta) cuándo fue que Él sugirió
que cambiáramos lugares, lo que sí se es que mi vida no
ha sido la misma desde entonces. Mi vida con Jesús
es muy emocionante. Cuando yo tenía el control, yo sabía
a dónde iba. Era un tanto aburrido, predecible. Me preocupaba y ansiosamente
le preguntaba, «¿A dónde me llevas?» Él
sólo sonreía y no me contestaba, así que comencé
a confiar en Él. Me olvidé de
mi aburrida vida y comencé una aventura, y cuando yo decía
«estoy asustado», Él se inclinaba un poco para atrás
y tocaba mi mano. Él me llevó a conocer gente con dones,
dones de aceptación, de gozo. Ellos me dieron esos
dones para llevarlos en mi viaje; nuestro viaje, el de Jesús y
yo. Y allá íbamos
otra vez. Él me dijo: «Comparte estos dones, dalos a la gente,
son sobrepeso, mucho peso extra». Y así lo hice... y encontré
que en el dar, yo recibía, y mi carga era más ligera. No confié mucho
en Él al principio, en darle el control de mi vida. Pensé
que la echaría a perder, pero Él conocía cosas que
yo no sabía acerca de andar en bicicleta... ¡secretos! Él sabía
cómo doblar para dar vueltas cerradas, brincar para librar obstáculos
llenos de piedras, inclusive volar para evitar horribles caminos. Y ahora estoy aprendiendo
a callar y pedalear por los más extraños lugares. Estoy
aprendiendo a disfrutar de la vista y de la suave brisa en mi cara y,
sobre todo, de la increíble y deliciosa compañía
de mi Señor. Y cuando estoy seguro que ya no puedo más, Él sólo sonríe y me dice: «¡Pedalea!» Un hombre cayó en un pozo y no podía salir
¿Existe
DIOS? Dos
científicos Un
gato no prueba la resistencia de un puente El
hombre no es sólo materia La
vida eterna existe Lo mismo nos sucede a nosotros. Cuando somos jóvenes tenemos vigor, pero carecemos de experiencia para encauzarlo en la forma más provechosa. Cuando, con el paso de los años hemos adquirido cordura y conocimientos, la carroza fúnebre nos lleva a la tumba. ¿Con qué fin adquirimos todos estos conocimientos, si ya no nos sirven de nada? ¿Para qué le crecen brazos, piernas y ojos al embrión? Es para la vida que ha de seguir. Así es para nosotros. Aquí adquirimos experiencia, conocimientos y sabiduría para la vida futura. Estamos preparados para servir en un nivel más alto después de la muerte. El
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