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En la presente encrucijada del mundo, en este “principio de dolores”, ¿cuál es el mensaje de Dios para una humanidad desaprensiva y desprevenida? Acomódese en su silla y prepárese para conocer su futuro. ¿Está usted preparado para lo que viene? ¿Qué cosas debe saber usted urgentemente, usted que ha estado viviendo descuidadamente en un mundo que se sacudirá como un ebrio en breve tiempo? Usted debe saber que estamos acercándonos a pasos agigantados a lo que la Biblia denomina la tribulación. Esta tribulación se dejará caer sobre la tierra cual nunca antes en la historia de la humanidad. Será más que la combinación y la suma de todas las tribulaciones que ha vivido la humanidad antes. ¿Conoce usted algunas? Pues, haga un listado de ellas, identifique cuáles hayan sido sus calamidades específicas, combínelas, multiplíquelas por cien (o por mil) y luego, vea qué resulta, y piense si usted podrá resistirlo. No
habrá un mundo feliz Si bien el mundo ha
experimentado en las últimas décadas un gran desarrollo
tecnológico y científico, el hombre no ha logrado crear
una sociedad armónica, ni ha sido capaz de crear un mundo donde
more la justicia y la paz. Las grandes desigualdades
sociales, económicas e ideológicas han escindido el mundo,
y muchas grietas se observan en los fundamentos de nuestra sociedad. En el plano social,
las abismantes diferencias entre ricos y pobres están creando fuertes
resentimientos, que amenazan con explotar en cualquier momento. Las protestas
contra la Globalización en casi todas las grandes ciudades del
mundo son una señal de este des-conformismo. En el plano económico,
el mundo está mostrando una alarmante inestabilidad, impensable
para estos días de grandes avances. Sabemos cómo la economía
se resiente con la inseguridad, y cómo el resentimiento de la economía
añade a su vez mayor inseguridad, creando así un círculo
vicioso en espiral. En el plano ideológico
y religioso, muchos inconformistas y fundamentalistas están haciendo
oír sus irracionales argumentos. La intolerancia religiosa está
haciendo presa de los hombres, y los está llevando a matarse unos
a otros. Ayer el mundo estaba dividido por razones políticas; hoy
está dividiéndose por razones religiosas. ¿Qué
es peor? Ambas son igualmente capaces de crear odiosidades fatales y de
desestabilizar la aparente seguridad del mundo. Esta situación generalizada producirá un aumento de guerras y rumores de guerras, que causarán a su vez otros males, como hambrunas y caos en muchos países. En
el plano moral El mundo vive hoy
un desenfreno moral. Los principios de la moral cristiana han sido gravemente
socavados, incluso en medio de las sociedades históricamente cristianas.
El humanismo y el relativismo han abierto las compuertas de los instintos
más brutales del hombre, legitimándolos bajo una etiqueta
de libertad y modernismo. En materia sexual,
las relaciones contra naturaleza no sólo no son juzgadas como pecados,
sino que son aceptadas y aun aplaudidas por las sociedades más
desarrolladas. Esto acarreará
más que ninguna otra cosa los juicios de Dios sobre el mundo entero.
Sabemos que todos los pecados son abominables ante Dios, pero hay pecados
que lo son más, y que desatan la ira y el justo juicio de Dios.
De esta clase son los pecados morales, y más aún si con
ellos aparece entremezclado el ocultismo, el satanismo y otras prácticas
tenebrosas. Los pecados que desataron los juicios de Dios sobre el mundo antediluviano y sobre las ciudades de Sodoma y Gomorra fueron fundamentalmente pecados morales. Los juicios que en este tiempo están comenzando a caer sobre el mundo parecen tener esta misma causa. ¿Podemos imaginar aunque sea pálidamente cuántos pecados de incesto, bestia-lismo, pedofilia, homosexualismo y lesbianismo se cometen hoy en el mundo, y cómo ellos se promueven abiertamente en libros, películas, videos, en Internet, y en toda otra forma imaginable? El Dios santo y justo no soportará mucho tiempo más esta degradación y descenderá sobre la tierra con juicio severo. Será tal como en los días de Noé, en que comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos. (Lucas 17:27). ¿Cómo
se desencadenarán los juicios de Dios? Los juicios de Dios
se manifestarán de muchas maneras, pero tal vez la más aterradora
sea el descontrol de la naturaleza, expresada en catástrofes, terremotos,
plagas y diversos fenómenos climáticos que sembrarán
el pánico entre los hombres. Y habrá pestes, hambres
y terremotos en diferentes lugares (Mateo24:7). Y habrá
terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; principios
de dolores (de parto) son estos (Marcos 13:8). Y habrá
grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y
habrá terror y grandes señales del cielo (Lucas 21:11). En medio de esta locura
generalizada de los elementos, podría esperarse que los hombres
volvieran su mirada a Dios en busca de salvación. Pero no será
así: En los postreros días vendrán tiempos
peligrosos, porque habrá hombres amadores de sí mismos y
del dinero, vanagloriosos, soberbios, blasfemos ... implacables ... crueles,
aborrecedores de los buenos, traidores, hinchados, amigos de los placeres
más bien que amigos de Dios ... (2ª Tim.3:1-4. Versión
libre, tomada del griego). Los hombres se volverán más y más impíos, duros de corazón, e indiferentes. ¿Podemos extrañarnos? No; ésta será la generación nacida al alero de las películas violentas, de los videojuegos sangrientos y de la pornografía más soez. ¿Habrá
solución? Todo lo que está
comenzando a suceder no podrá ser controlado por ningún
ejército, ni por ningún tratado, ni por las Naciones Unidas.
Lo que está comenzando a suceder no puede ser sofocado por armas
sofisticadas, ni por la buena voluntad de los hombres de paz. Lo que está
comenzando a suceder es producto de fuerzas espirituales infernales desatadas
para sembrar el pánico y para despertar las blasfemias de los hombres
en contra de Dios. Lo que está comenzando a suceder no es usando
el lenguaje de las Escrituras asunto de carne y sangre,
sino de fuerzas espirituales de maldad que operan en las regiones
celestes, y que desatarán su furia sobre un mundo desguarnecido,
que ha abandonado a Dios. Poco más adelante
habrá una aparente y eventual solución a los problemas del
mundo, cuando se instaure el reinado del Anticristo,
gobernante genial, atractivo y carismático que tomará las
riendas del mundo. Como producto de su gestión, habrá una
breve bonanza que sólo servirá para reafirmar su poder y
exigir veneración de todos los hombres. Pero después de
esta breve bonanza, vendrá la hecatombe. Israel será atribulado,
los cristianos serán perseguidos. El caos será total. Al mismo tiempo, desde los cielos se seguirá desatando con más y más fuerza la furia de un Dios santo, que en un intento final por despertar la conciencia de los hombres, enviará plaga tras plaga, las cuales serán tan espantosas, que las diez plagas de Egipto parecerán apenas un preludio de ellas. Sin embargo, nada hará cambiar el corazón del hombre. Entonces
aparecerá el Rey Cuando las cosas estén
en su máximo rigor, y los dolores sean insoportables para una humanidad
enloquecida, sucederá algo aun más terrible para ellos.
Aparecerá en los cielos Jesucristo, el Hijo de Dios. ¿Terrible?
Sí. Veamos cómo
lo vio Juan en su visión profética: Y el cielo se
desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda
isla se removió de su lugar. Y los reyes de la tierra, y los grandes,
los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se
escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían
a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escon-dednos
del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira
del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y
quién podrá sostenerse en pie? (Ap.6:14-17). La manifestación de la ira del Cordero será aún más terrible que todas las cosas acontecidas previamente. Satanás, el Anticristo, y todo su sistema serán destruidos en un abrir y cerrar de ojos, y se establecerá sobre la tierra el reinado de paz del Señor Jesucristo, el cual durará mil años. ¿Y
usted? Usted, estimado lector,
hoy está desprevenido. Sabe en su corazón que no está
preparado para enfrentar la crudeza de los hechos que hemos descrito.
Usted será como una hoja de otoño llevada por doquier en
medio de los vientos que azotarán. No tiene refugio, ni escondedero,
¿cómo podrá resistir? Tal vez su corazón se
endurecerá como el de todos los impíos, y ya la voz de Dios
ni siquiera le rozará. Usted probablemente caerá en medio
de los juicios de Dios. ¡Ay, qué amargo y desesperanzador
es su futuro! Debe de saber usted
que si no hace algo hoy para cambiar esta situación, tal vez mañana
no haya lugar. No habrá tal vez una palabra de Dios que toque su
oído, o bien su oído no estará en condiciones de
percibirla. Este es el momento de volverse a Dios. Este es el día de hacer caso a la voz del profeta, que dice: Buscad al Señor mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que estás cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase al Señor, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar (Isaías 55:6-7). *** |