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La cruz de Cristo no es sólo un hecho histórico y espiritual restringido a la tierra. Ella tiene alcances universales y eternos, porque operó en la Deidad desde siempre. Hoy la cruz es un privilegio concedido a los cristianos, bien que no está exenta de sufrimientos. La cruz de Cristo Pero
lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor
Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al
mundo (Gál.5:14). La
Cruz de Cristo es Eterna La cruz
de Cristo es eterna, porque es la forma de vida que estuvo eternamente
ligada al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. El Hijo,
en los días de su carne, no hizo nada de sí mismo, sino
todo lo que veía de su Padre, y no dijo nada de sí mismo,
sino lo que oía de su Padre. La vida que Cristo vivió en
la tierra fue la del Padre; no vivió por su cuenta sino por la
vida de Otro la del Padre; y nos recomienda a nosotros que hagamos
lo mismo: Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por
el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá
por mí (Jn.6:57) En estas palabras está revelada
la forma como tienen que vivir los cristianos; vivir por otro - por Cristo;
de modo que la cruz para un cristiano es Cristo en él. El Espíritu
Santo, del mismo modo que el Padre y el Hijo, revela la cruz al no glorificarse
a sí mismo, sino a Cristo. El Espíritu Santo se niega, y
le da la pasada a Otro esto es, a Cristo. La relación
intratrinitaria ha estado marcada eternamente por la cruz. La cruz es
su estilo de vida. La cruz ha regulado la unidad entre ellos. Es tal la
perfección de su santidad que jamás la unidad ha sido violada.
Es por esta razón que el Padre abandonó a su Hijo en la
cruz, por un instante único en toda la historia, porque en ese
momento Jesús cargaba con el pecado de toda la humanidad. No teniendo
pecado en sí mismo, su muerte fue representativa de la humanidad
de todos los tiempos. Cristo fue visto como un maldito, hecho pecado por
nosotros. Fue y será la única vez que la Deidad estuvo separada.
No fue por su causa, sino a causa nuestra, y en eso se puede apreciar
la belleza de la santidad de la Deidad. La cruz
histórica la asumió el Hijo para revelarnos la cruz espiritual.
Sí; más allá de salvarnos, Él quiere revelarnos
la cruz eterna; aquel estilo de vida que forma parte de la naturaleza
misma de la Deidad. Siendo
que la cruz es eterna y es parte intrínseca de la naturaleza de
Dios, no se podrá prescindir de ella jamás. Nos acompañará
por el resto de la eternidad. Hoy estamos en proceso de asimilarla; nos
duele todavía, porque no hemos visto la necesidad de que ella esté
encarnada en nosotros. El enemigo nos miente y nuestra carne se resiste
haciéndonos huir del dolor de la cruz. Pero así como Ismael
-el hijo de la esclava- debe salir fuera, así también la
carne debe ser echada fuera de nosotros por la operación de la
cruz. Así que, no sienta usted pena ni compasión por su carne: cuanto más pronto acepte la operación de la cruz, más pronto gozará de la vida de resurrección. La
Cruz de Cristo es Gloriosa Para Pablo, había
un sólo motivo de gloria y éste era la cruz de Jesucristo.
Pablo había conocido por revelación divina que en la cruz
histórica había acabado la antigua creación, y que
a partir de allí había empezado una nueva. Note que Pablo dice:
Por quien (Jesucristo) el mundo me es crucificado, y yo al mundo
(Gál.6:14 b). Pablo separa lo que es la obra de la cruz de el camino
de la cruz. En la obra de la cruz Cristo muere por nosotros; en el camino
de la cruz Cristo vive en nosotros. Es porque Cristo vive en mí
que estoy muerto para el mundo, y por lo mismo, el mundo está muerto
para mí. Esto fue lo que Moisés
experimentó 1600 años antes de Cristo: Por la fe
Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija
de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios,
que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores
riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque
tenía puesta la mirada en el galardón (Hb.11:24-26). El mundo puede intentar
atraernos, pero no existimos para el mundo porque tanto el mundo como
el yo han sido crucificados mediante Jesucristo. El mundo no sólo
tiene pecados groseros para tentarnos; también tiene sus glorias;
pero ninguna de ellas se puede comparar a la gloria del Cristo que nos
revela la cruz. En la cruz histórica
de Cristo todos morimos junto con él. Pero es necesario que esa
obra que Cristo consumó, en la que fuimos incluidos, se verifique
por la fe en todos los que son de Cristo. Es la fe la herramienta que
apropia y actualiza lo que Cristo ya conquistó para nosotros. Pablo
dice: ...el mundo me es crucificado"; no dice ...
el mundo me fue crucificado; lo que implica que Pablo estaba haciendo
suyo en el presente algo que Cristo había hecho en el pasado con
toda la humanidad, esto es, llevarnos a todos en su muerte. La forma práctica
de llevar a cabo en el presente aquello que había ocurrido en el
pasado, es teniendo la naturaleza de Aquel que encarnó la cruz.
Es por eso que dice que el mundo me es crucificado ... en la
cruz de nuestro Señor Jesucristo. Aquí está
haciendo referencia a la cruz espiritual; a Cristo mismo que ahora por
vivir en el cristiano le impele a la crucifixión, despojándolo
de su hombre viejo y de su hombre natural. Su yo es completamente reducido
y apartado para que Cristo ocupe su lugar. Este es el modo práctico
de hacer presente la verdad de lo que ocurrió en la cruz histórica.
Cuando nuestros ojos
espirituales son abiertos para ver esta verdad, no podemos menos que gloriarnos
en la cruz de nuestro Señor Jesucristo; pues ella encierra el poder
y la sabiduría de Dios. No hay poder más grande que el que
Dios nos demostró en la cruz, permitiendo que Cristo muriera, y
fuese de allí levantado en gloriosa resurrección. No hay sabiduría
más grande que aquella por la cual Dios somete a su Hijo a la más
extrema debilidad y de allí lo levanta triunfante sobre principados
y potestades. Esto es lo que Pablo dice en Corintios 1:24-25: Cristo
poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios
es más sabio que los hombre y lo débil de Dios es más
fuerte que los hombres. Si no hay poder más grande ni
sabiduría mayor que ésta, entonces tampoco hay gloria más
grande. Cuando Cristo nos
invita a descansar en él trayendo nuestras cargas, nos dice que
llevemos su yugo y aprendamos de él, porque su yugo es fácil
y ligera su carga. Este aprender no es entenderlo con la mente, sino aprehender
de él; es tomar de él, ya que él mismo es la carga
que nos ofrece; la carga de su vida; la carga de su testimonio, la carga
de su imagen. Cargar con Cristo es cargar con su cruz. ¿Puede haber algo más glorioso que llevar a Cristo en nosotros? El nos carga a nosotros y nosotros a él. ¡Quitémosle el terror a la cruz! ¡Dejemos de soslayarla! Lo que más nos conviene es canjear nuestra vida por la vida de Cristo. La
Cruz de Cristo es Vituperio Tenemos un
altar ... Por lo cual también Jesús, para santificar al
pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta. Salgamos
pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio ...
(Hb.13:10-13). En el texto citado
se señala que los cristianos tenemos un altar. Claramente está
haciendo referencia al altar donde Cristo fue sacrificado, es decir, la
cruz, en relación al altar de la religión judía donde
morían los animales en sacrificio por los oferentes. Hay que salir de aquellos
lugares donde se ha hecho de Cristo una mistura entre mundo y religión.
Donde Cristo ha sido acomodado y contemporizado con la cultura imperante.
Salir de aquellos ambientes donde se canta a un Cristo sin cruz y sin
sangre. Salir fuera del campamento
es echarse al mundo encima: la crítica, la burla, el escarnio,
la calumnia, el menosprecio. Es exponerse a que digan lo que quieran.
Así fue con los profetas, lo fue con el Maestro, lo ha sido con
sus discípulos, y lo seguirá siendo hasta que llegue la
mañana gloriosa en que venga con poder y gloria a establecer su
reino en este mundo. Hay tantos que han
salido de los sistemas para después formar otros sistemas; el asunto
no es salir de un campamento para entrar en otro; el caso es que hay que
venir a Cristo, donde todo es espiritual. ¿Estás en el lugar
correcto? Si estás en el campamento del mundo, o en una mezcla
de mundo y religión, debes salir de allí y venir a Cristo.
¡Hay tantos
que están buscando la iglesia verdadera! Si primero ves al Cristo
real y verdadero, sin duda que después hallarás su iglesia.
La iglesia es ese lugar donde venimos a perdernos en el cuerpo de Cristo,
amasándonos con los hermanos, abandonando la vida individualista,
y asumiendo que somos miembros del cuerpo de Cristo cada uno en particular,
pero también miembros los unos de los otros. Un lugar donde la
cruz es real; tan real como Cristo mismo, pues como ya dijimos
Cristo es la cruz. Un lugar donde existe una sola mente, un solo corazón,
un alma ... la de Cristo; donde todos tienen un mismo parecer y hablan
una misma cosa; donde Cristo y la iglesia son una misma realidad espiritual,
pues la iglesia ha llegado a ser Cristo en forma corporativa. Esto no es un ideal;
es una bendita realidad. Esto es posible tan sólo por la operación
de la cruz, pues para llegar a esa realidad de iglesia es necesario morir
a uno mismo y dejar que Cristo sea en todos. ¡Dios bendiga tu búsqueda y te dé fe para creer que es posible arribar a esta realidad espiritual! *** |