Avanzando de rodillas
Alguien
ha dicho que la posición más segura para que los cristianos avancen,
es de rodillas. Por supuesto, las rodillas aquí son una metáfora de
la oración, no de un sacrificio corporal.
La
entrada de Israel en Canaán consistió en una serie de victorias para
tomar la Buena Tierra, Tierra que, simbólicamente, representa nuestra
herencia en Cristo, la cual es Cristo mismo, en su multitud de gloriosas
facetas. En el contexto de la toma de posesión de Canaán, la figura
de Caleb es paradigmática. Es la figura del creyente que se sobrepone
al tiempo, a la edad, a los sufrimientos, para levantarse en fe -cual
veterano de guerra, no retirado aún a sus cuarteles- y reclamar las
promesas de Dios.
La
victoria que Caleb obtuvo por las armas ante los hijos de Anac es representación
de nuestra victoria por medio de la oración. La toma de Quiriat-Arba
es para nosotros la obtención de la victoria en nuestras más variadas
dificultades y vicisitudes cotidianas. Precisamos mirar el ejemplo de
Caleb y arremeter contra nuestros enemigos, premunidos de esta arma
irresistible que es la oración.
Así
que, en este sentido, un cristiano -y también la iglesia toda- avanza
de rodillas. Si no tenemos es porque no pedimos. Si no tenemos es porque
no oramos.
En
este número hemos dedicado nuestras principales páginas al importante
asunto de la oración. ¡Cuánta riqueza encontramos cuando buscamos en
la Santa Palabra, o en el legado de los cristianos que nos precedieron!
Las páginas nos parecieron pocas y pequeñas para contener tanta riqueza.
Por
eso, al cerrar esta edición, nos queda la sensación de que apenas tocamos
los bordes de un tema que es mucho más rico y profundo. Dejaremos, pues,
inconclusa la tarea para una ocasión más feliz, cuando nuestra experiencia
y conocimiento de Dios sean mayores, y cuando podamos sacar aún mejores
tesoros de los escondidos veneros de Dios.
Entretanto,
cojamos con mano agradecida lo que Dios ha querido mostrarnos. Guardemos
esta enseñanza en nuestro corazón, y, sobre todo, adentrémonos en el
camino deleitoso y fructífero de la oración. Busquemos las ocasiones
más propicias, creemos las instancias más adecuadas, y ejercitémonos
en este hermoso diálogo con el Padre. En breve, sin duda, iremos viendo
cómo las cosas cambian: cómo las circunstancias se ordenan, cómo nuestra
mente experimenta una renovación y nuestro espíritu se fortalece.
¡En
breve veremos la gloria de Dios!