|
Predicador
de Cristo
Predicador!
Profeta! Heraldo! Gracia!
Cruzado precursor de la palabra!
Embajador
de paz y buena nueva.
De
Cristo paladín y mensajero.
Aprende
bien tu verbo: dile al mundo
que
vienes premunido de una flecha,
que
traes en tu aljaba la elocuencia.
¡Que
no te cansarás de hablar de Cristo!
Redobla
tu jornada. Rompe esquemas.
Ensaya
tu clarín todos los días.
Tu
láser pulverice bronce y hierro.
Dominará
tu voz al hombre fuerte.
Harás
temblar la boca del infierno.
¡Profeta
del Señor: jamás desmayes!
***
Imita
de Jesús pureza y temple:
No
temas si te consideran loco,
que
gran locura es predicar a Cristo,
y
más locura hablar de cruz y muerte.
Disipa
tú la oscuridad del hombre:
Enséñale
a la luz de la Palabra.
Las
sombras morirán cuando te escuchen.
¡El
cambio lo hará Cristo: no te calles!
Harás
muy bien en redimir el tiempo,
domina
la estación de la pereza;
no
te seduzca vanidad humana.
Aprenderás
de Cristo profecía,
Él
tiene su palabra revelada,
y
tú, el idioma para compartirla.
Con
Cristo subirás a los estrados,
sin
miedo, sin posturas ni acomodos;
es
Él en ti la gracia y el denuedo,
el
fuego, el aire, el pan de tu mensaje.
Tendrás
la dicha de anunciar su reino:
Verás
los convertidos confesarle;
los
muertos levantarse de su sueño,
las
piedras reunidas a Su nombre.
Anuncia
el evangelio a las encinas;
que
al nombre de Jesús
se humille el mirto;
que
tiemble la palmera en sus alturas.
Suspire
el cedro. Se levante el lirio.
Arrulla
con tu voz al alma enferma,
que
en este oficio es Cristo quien predica.
Claudio
Ramírez Lancien
|
|
La
cruz está en el centro de la vida y la predicación del ministro cristiano.
Si no tiene la experiencia y el espíritu de la cruz no podrá impartir
la vida de la cruz a otros.
El predicador
de la cruz
Lectura:
1ª
Corintios 2:1-4.
En este pasaje
podemos notar tres cosas: 1, el mensaje que predica Pablo; 2, Pablo mismo;
y 3, cómo proclama Pablo su mensaje.
El mensaje que predica
Pablo
El mensaje que
predica Pablo es Jesucristo, y éste crucificado. Su tema es la cruz de
Cristo o el Cristo de la cruz.
Nosotros hemos de predicar
la muerte vicaria de Cristo en la cruz para que Dios les conceda vida
a los que creen. De nada sirve que conmovamos a la gente con nuestro mensaje
y le induzcamos a arrepentirse si sus sentimientos son superficiales y
la vida de Dios no penetra en ellos. Nuestro objetivo es impartirles la
vida de Dios para que sean salvos.
Es relativamente fácil
hacer que la gente entienda un asunto determinado, y que reciba mentalmente
nuestra enseñanza, pero para que reciban vida y poder y experimenten lo
que les predicamos, Dios tiene que obrar por medio de nosotros, para dispensarles
la vida más abundante. Jamás debemos olvidar que todas las obras que hacemos
tienen el propósito de que seamos cauces de la vida de Dios, para que
esa vida fluya al espíritu de la gente. Así que necesitamos asegurarnos
de ser los cauces que Dios pueda utilizar para transmitir vida a otras
personas.
Pablo mismo
¿Qué se puede decir
de Pablo cuando predica la palabra de la cruz? El dice esto: "Y estuve
entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor". ¡El mismo
es una persona crucificada! En efecto, para predicar la palabra de la
cruz se requiere una persona crucificada. Pablo no tiene ninguna confianza
en sí mismo. Su debilidad y su mucho temor y temblor son las señales indubitables
que lo caracterizan como un crucificado. En cierta ocasión declaró: "Con
Cristo estoy juntamente crucificado" (Gál.2:20). Además dijo: "...
cada día muero" (1ª Co.15:31). Se necesita un Pablo moribundo para
proclamar la crucifixión. Sin la muerte del yo, la vida de Cristo no puede
fluir de él. Es relativamente fácil predicar la cruz; pero no es fácil
ser una persona crucificada cuando se predica la crucifixión. Si no somos
hombres y mujeres crucificados, no podemos predicar la palabra de la cruz;
nadie recibirá la vida de la cruz por medio de nuestra predicación, a
menos que nosotros también estemos así crucificados. Quien no conoce la
cruz por experiencia, no es apto para predicar de ella.
Cómo proclama
Pablo su mensaje
El mensaje de Pablo
es la cruz y él mismo es una persona crucificada. Cuando predica la cruz,
él adopta el camino de la cruz. Una persona crucificada predica el mensaje
de la cruz en el espíritu de la cruz. Pablo escribió a los corintios que
él no fue a ellos con "excelencia de palabras o de sabiduría" cuando
fue a anunciarles "el testimonio de Dios". Aquí el testimonio de
Dios se refiere a la palabra de la cruz. Pablo no usó palabras sabias
y elevadas cuando proclamó el mensaje de la cruz, sino que fue en el espíritu
de la cruz; en efecto, él dijo: "Ni mi palabra ni mi predicación fue
con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del
Espíritu y de poder." Tal es en verdad el espíritu de la cruz.
La victoria de Pablo
radica en el hecho de que él es realmente una persona crucificada. Él
puede, por tanto, proclamar el mensaje de la cruz con la actitud, así
como con el espíritu de la cruz.
Al considerar la experiencia
de Pablo, ¿no nos revela ella la causa de nuestro fracaso? ¿Con qué espíritu,
palabras y actitud predicamos la cruz? ¡Oh! Humillémonos profundamente
al encararnos a estas interrogantes, para que Dios tenga misericordia
de nosotros y para que los que nos escuchan puedan recibir vida.
¡El hecho de que la
gente no reciba vida se debe indudablemente al fracaso de los predicadores!
No es que la palabra haya perdido su poder, sino son los hombres los que
han fallado. Aquellos que no tienen la experiencia de la cruz y por lo
mismo carecen del espíritu de la cruz, no pueden impartir la vida de la
cruz a otros. ¿Cómo podemos dar a otros lo que nosotros mismos no tenemos?
A menos que la cruz se convierta en nuestra vida, no podremos impartir
esa vida a otros. El fracaso de nuestro ministerio se debe al hecho de
que tenemos un gran deseo de predicar el mensaje de la cruz, pero sin
que esa cruz esté en nosotros. El que de veras sabe predicar, debe haberse
predicado la palabra primero a sí mismo; de lo contrario, el Espíritu
Santo no va a obrar por medio de él.
La palabra de la cruz
que tantas veces proclamamos no es nuestra realmente, sino sólo prestada;
la hemos sacado de los libros que leemos o de las Escrituras que escudriñamos
con nuestra capacidad intelectual. Las personas inteligentes y las que
están acostumbradas a predicar son especialmente propensas a tal peligro.
Me temo que todo lo que escudriñan, estudian, leen y oyen hablar sobre
los diversos aspectos del misterio de la cruz es para otras personas y
no primeramente para sí mismas. ¡El pensar de continuo en otras personas,
con descuido de nuestra propia vida espiritual, redundará finalmente en
nuestro empobrecimiento espiritual!
Al predicar el mensaje,
procuramos presentar en forma diligente y cuidadosa lo que hemos oído,
leído y meditado. En efecto, podemos hablar tan clara y lógicamente, que
puede parece que quienes nos escuchan entienden todo lo que les decimos.
No obstante, aunque nuestros oyentes comprendan con el entendimiento,
no hay en nuestras palabras ese poder apremiante para hacerlos esforzarse
por conseguir lo que entienden. Es como si el conocer la teoría de la
cruz les fuera suficiente. Ellos pueden llegar a sentirse satisfechos
de entenderla, pero si no reciben vida, no llega a ser experiencia en
ellos.
Así que, nunca seamos
presumidos, pensando que nuestra elocuencia puede influir en el ánimo
de los oyentes. Podemos conmoverlos momentáneamente, pero lo único que
reciben de nosotros son pensamientos y palabras. El no lograr impartir
vida no contribuye en nada al andar espiritual de los hombres. ¿De qué
sirve darle a la gente tan sólo pensamientos y palabras?
Como hemos visto, las
dos principales razones por las cuales no impartimos vida cuando predicamos
de la cruz son: a) nosotros mismos no tenemos la experiencia de la cruz,
y b) no predicamos la palabra de la cruz en el espíritu de la cruz ¡Que
esto penetre profundamente en nuestros corazones y nos haga reflexionar
en la vanidad de nuestras obras pasadas!
Si de veras estamos
unidos a la cruz, Dios nos hará triunfar en todas partes. Quiera Dios
despertarnos a todos los que somos siervos inútiles, para que lleguemos
a ser obreros "que no tienen de qué avergonzarse" (2ª Timoteo 2:15).
Watchman
Nee (seleccionado y compendiado)
|