El problema número uno
El
famoso intelectual italiano Umberto Eco, en el libro "¿En qué creen
los que no creen?" hace una certera radiografía del mundo en que vivimos,
y señala algunas de sus deprimentes características: la multiplicación
de depósitos nucleares incontrolados e incontrolables, las lluvias ácidas,
los bosques del Amazonas que desaparecen, el agujero de ozono, las migraciones
de desheredados que acuden a llamar a las puertas de los países ricos,
el hambre de continentes enteros, nuevas e incurables pestilencias,
la destrucción interesada del suelo, los climas que se modifican, los
glaciares que se deshielan, la ingeniería genética que amenaza con la
clonación de seres humanos, y el suicidio ecológico del planeta.
Sin
duda, estos son los problemas más acuciantes que pesan sobre la humanidad
hoy en día. Todos ellos superan los de otras épocas, porque nunca antes
estuvo en peligro la vida humana sobre la tierra como ahora. Sin embargo,
aunque el hombre llegara a solucionar todos esos asuntos, y establecer
un mundo de paz y seguridad, aun así seguiría estando en bancarrota.
La
espada seguiría pendiendo sobre su cabeza, porque hay un problema más
de fondo aún, que Eco no menciona: la creciente apostasía y olvido de
Dios. Sin temor a exagerar, creemos que este problema es el causante
de todos los demás.
Como
cristiano profesante, Eco representa muy bien el estado de la cristiandad
actual. Una cristiandad ensimismada, que se ha olvidado de Dios, o que
considera que Dios está agradado con las formas externas de la religiosidad
en boga.
Nuestra
principal misión como cristianos de comienzos de este tercer milenio,
es iniciar un retorno a la Fuente de toda gracia, beber de ella, y procurar
que otros también lo hagan.
De
acuerdo a nuestra comprensión de la Biblia, Dios está próximo a intervenir
con fuerza en un mundo que el hombre, por su egoísmo, amenaza con destruir.
Entretanto,
Él está llamando a todos los que tienen oídos para oír su voz, a fin
de que encuentren en Él el firme fundamento sobre el cual edificar sus
vidas.