Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis, como becerros de la manada”.

– Malaquías 4:2.

¡Oh, Sol de mi justicia salvadora,
alúmbrame desde lo alto ahora!
¡Despiértenme los rayos de la aurora
que saquen de la oscuridad mis ojos!
¡Por tu entrañable gracia sanadora,
yo salto cual becerro en la manada!

Bendigo al Señor Dios que ha visitado
al pueblo que en tinieblas caminaba.
“¡Levántate de entre los muertos!”, dices,
oh tu, Jesús, que alumbras a los hombres.

La gloria del Señor nos ha caído
tras el rocío de una larga noche;
recojo de tus rayos, ampliamente,
el baño santo de la nueva vida.

Rodéame, Jesús, completamente;
la vida de tu luz yo la recibo,
Lucero que me alumbras en el alba.
Inúndame de rayos luminosos,
ofréndame el calor del alto cielo.

Oh pueblos, oh ciudades, grandes urbes,
bebed del aire de la aurora nueva:
¡La luz de Dios en Cristo está vigente!