Sus caminos notificó a Moisés, y a los hijos de Israel sus obras”.

– Salmos 103:7.

Estamos en los días de la culminación del propósito de Dios en esta era de la gracia. Así como Daniel entendió por las Escrituras que el tiempo de cumplirse el cautiverio había llegado, y por la oración abrió las puertas para la restauración de Jerusalén, Dios nos llama hoy para entrar en una profunda oración colectiva, para la restauración de su casa. Fue a través de la oración que Dios levantó maestros de la Palabra, profetas, y líderes con dones de gobierno, para la plena restauración de su casa. En este tiempo final, él desea revelarnos sus secretos para que seamos, igualmente, sus colaboradores en esta etapa de su grandiosa obra.

Reconozcamos la urgente necesidad de volvernos a Dios y a sus caminos. Necesitamos reconocer, en realidad, el llamado de Dios para estos días y la importancia de la oración colectiva como respuesta a ese llamado. La revelación profética a través de los ministros de la Palabra generará presión para conducirnos como iglesia a la oración colectiva, pues, a través de ese nivel de oración, las tinieblas serán disipadas y los cielos abiertos para el poderoso reavivamiento del tiempo del fin.

Reconozcamos que nuestra falta de oración individual y colectiva por el cumplimiento del plan de Dios, en este tiempo del fin, representa nuestra ceguera espiritual. Nuestro mayor problema no es la falta de tiempo para orar, sino nuestra independencia de Dios. La mayor falencia de un ministerio no es su apostasía o su caída en sí, sino el ser exitoso como generador de actividades religiosas y entretenimientos que conducen a la satisfacción sin la gloria de Dios; y es precisamente eso lo que constituye la gloria de Babilonia.

Hoy, nuestro desafío es enriquecernos con la Palabra, como Daniel, para conocer los caminos del Señor en cuanto a la responsabilidad de la iglesia en este tiempo del fin. Así, habrá intimidad con Él, lo que nos transformará en intercesores que abrirán camino para que Dios edifique la iglesia gloriosa que atraerá la venida de Cristo (Ef. 5:25-27). Dios ha hablado y avanzado a través de aquellos que le ofrecen camino. Sin embargo, como la iglesia es el vehículo de la operación de Dios en la tierra, la señal de que sus ministros están respondiendo a su llamado se verá cuando los santos, en general, entren en el camino de la responsabilidad colectiva de oír a Dios, conocer sus caminos y cooperar con él, por medio de la intercesión.

Dios no cuenta solo con el hombre individual. Si la espiritualidad individual de obreros de peso no genera la espiritualidad colectiva de los santos, significa que la meta de Dios en relación con el ministerio está siendo perdida (Ef. 4:11-12). Los seminarios generan predicadores de sermones, pero la escuela del Espíritu genera obreros que edifican el Cuerpo de Cristo. La espiritualidad individual y el ministerio de la Palabra no son un fin en sí mismos; al contrario, su función es edificar a la iglesia como una generación profética que oye la voz de Dios, ve sus caminos y trae el reino de Dios a la tierra.

Así como los cielos se movieron cuando Daniel oró conforme a las promesas de Dios, el Espíritu Santo se encarga de operar en nosotros y a través de nosotros cuando intercedemos en respuesta y en armonía con su palabra profética. Oigamos su llamado colectivo y apresuremos su venida (2 Pedro 3:12). ¡Oh Dios! Ayúdanos a conocer tus caminos y capacítanos para colaborar en tu obra de restauración en este tiempo del fin.

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