Richard Wurmbrand, en su libro “Torturado por Cristo”, cuenta una preciosa experiencia que vivió cuando le compartió el evangelio a un oficial del ejército ruso. Dice que comenzó a leerle el Sermón del Monte y las parábolas de Jesús. Después de oírlas, en un arranque de alegría, el ruso se puso a danzar por todo el cuarto, exclamando: “¡Qué maravillosa belleza! ¡Cómo pude vivir sin saber nada de este Cristo!”. Wurmbrand estaba sorprendido. Entonces cometió un error: le leyó acerca de la pasión y crucifixión de Jesús, sin haberlo preparado para ello. Él no lo esperaba, pues al oír la lectura cayó en un sillón y comenzó a llorar amargamente. ¡Había creído en un Salvador y ahora su Salvador estaba muerto!

Wurmbrand se sintió avergonzado de no haber compartido nunca los sufrimientos de Cristo en la forma que ese hombre los compartía. Luego le leyó la historia de la resurrección. Él no sabía que su Salvador había resucitado. Cuando escuchó estas maravillosas nuevas, golpeó sus rodillas profiriendo una palabra bastante grosera (aunque en ese momento Wurmbrand la consideró aceptable, y hasta ‘santa’). Era su cruda manera de expresarse. Nuevamente se regocijaba, gritando de alegría: “¡Él vive! ¡Él vive!”, y danzaba, dominado por la felicidad.

Wurmbrand lo invitó a orar, pero el hombre no sabía orar. Solo cayó de rodillas junto a él, y las palabras que brotaron de sus labios fueron: “¡Oh, Dios, qué magnífico eres! Si tú fueras yo y yo fuese tú, nunca te habría perdonado tus pecados. ¡Eres en realidad magnífico y yo te amo de todo corazón!”.

La experiencia del nuevo nacimiento es maravillosa. Dentro del ser humano se produce la vivificación de su espíritu, reanudándose así el ejercicio de la facultad de comunicarse con Dios. Lo que estaba muerto, revive; y se toma conciencia de Dios de una manera nueva, no como si fuera un Dios lejano y severo, sino como el Padre amoroso, tan cercano a nosotros.

La vida cambia; incluso los sentidos físicos descubren una inusitada belleza en las cosas que le rodean. Las flores son más hermosas, el cielo más azul. En el corazón hay un nuevo palpitar de plenitud y gozo. Es el hombre que vuelve a Dios, es recibido en el seno del Padre y las caricias de su mano amorosa llegan hasta el alma.

Pero el nuevo nacimiento no es solo una experiencia maravillosa, sino necesaria. Quien ha nacido solo una vez, morirá dos veces. Morirá físicamente, y su alma perecerá en el infierno por la eternidad. Solo los que han nacido dos veces morirán una sola vez – solo la muerte física, transitoria.

Quien no ha nacido de nuevo no puede ver el reino de Dios. Este nacimiento no es carne y sangre, no tiene nada que ver con los padres biológicos. Es un nacimiento de lo alto, de Dios, en que Dios engendra a sus hijos por medio del Espíritu Santo. La voluntad de Dios es que todos los hombres nazcan dos veces, pues solo así poseerán vida eterna. ¿Estás tú entre esos bienaventurados? ¿Has tenido la experiencia de aquel oficial ruso?

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