La narración bíblica acerca de Jonás y el “gran pez” que lo traga es una de las historias más complejas y difíciles de aceptar desde el punto de vista de la teología liberal, e inaceptable para personas con visión naturalista.

Efectivamente, la historia tiene elementos que la hacen poco creíble desde un punto de vista natural: ¿Cómo puede sobrevivir una persona tres días en el vientre de un pez? ¿Cómo se puede adorar a Dios y al mismo tiempo escribir un salmo estando dentro del vientre de un animal marino?

Otro argumento recurrente apunta a que una ballena o cachalote (animales lo suficientemente grandes para albergar a una persona en su interior) son mamíferos, no peces, por lo que la historia bíblica literal no sería aceptable.

Estos y otros argumentos similares serán revisados en este artículo, desde una perspectiva naturalista, pero también desde una perspectiva sobrenatural, porque la historia contiene situaciones excepcionales descritas de forma explícita.

Por ejemplo, la Escritura afirma que es Dios quien genera la tempestad en el mar y quien la termina (1:4; 1:15) y es él quien «tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás» (1:17). Por tanto estas complejas variables están sujetas a control sobrenatural desde el principio de la historia.

Cuando se producen excepciones en ciencia, con hechos que están más allá del ámbito de su competencia, puede tratarse de fenómenos que se deben a una acción sobrenatural, que es lo que la teología reconoce como milagros. No obstante, estos suelen ser eliminados por secretaría en el ámbito naturalista, por no ser factibles de probar empíricamente.

Pero los milagros deben ser creídos y no sometidos a pruebas empíricas, si se reconoce la autoridad de la Escritura y el accionar de un Dios Todopoderoso.

Si no se observa este principio, entonces se establece un peligroso precedente que anula la interpretación adecuada de la Escritura, dejando sin sentido innumerables pasajes bíblicos donde se evidencia la acción sobrenatural de un Dios Omnipotente (el diluvio, la confusión de lenguas en Babel, el embarazo de la anciana Sara, las plagas de Egipto, la separación de las aguas del Mar Rojo, la provisión de maná del cielo, y de agua en el desierto para una multitud de personas, la multiplicación de panes y peces descrita en los evangelios, la conversión excepcional de Pablo, y hasta la propia encarnación y posterior resurrección de Cristo).

La odisea de Jonás tiene fundamentos fuertes para ser considerada una historia real y no un mito, en primer lugar porque la ratificó el propio Señor Jesucristo en los evangelios (Mat. 12:40), y porque el historiador secular Flavio Josefo reitera la historia de Jonás como un hecho real, entregando muchos detalles en su libro Las Antigüedades de los Judíos1, en el capítulo 10, párrafos 1 y 2.

En segundo lugar, la historicidad de Jonás tiene un respaldo importante, teniendo en cuenta el propio estilo literario del libro que lleva su nombre, con descripciones de épocas y personas reales, en un contexto cultural, económico y geográfico real2. Estos antecedentes revelan que se trata de un libro histórico, y no de una figura inventada. Adicionalmente, Jonás fue efectivamente un personaje histórico, el cual es mencionado en 2 Reyes 14:25, durante el reinado de Jeroboam II.

Contexto geográfico y cultural y su consecuencia con el relato bíblico

La historia de Jonás se desarrolla en el Mar Mediterráneo, en los años 793 a 753 a. C., de acuerdo a la cronología bíblica.

Se inicia con Jonás huyendo del mandato divino, para así evitar entregar un mensaje de parte de Dios a los habitantes de Nínive, una ciudad ubicada en Asiria, al interior de Asia menor. Se embarca en el puerto de Jope, una ciudad ubicada en la costa del Mediterráneo, a unos 56 km al noroeste de Jerusalén, y que hoy correspondería a la ciudad de Jaffa. Jope es uno de los puertos más antiguos del mundo, el cual todavía funciona con embarcaciones pesqueras menores.

Respecto a Nínive (hoy equivale aproximadamente a la ciudad de Mosul en Irak), se sabe que se ubicaba al Este de Israel, y que Jonás estaba intentando alejarse lo más posible de esa ciudad, al abordar un barco y navegar en sentido opuesto, es decir, hacia el Oeste. Si Tarsis era un puerto específico, con seguridad habría estado ubicado en algún sitio a lo largo de la costa del Mar Mediterráneo, tal como lo sugieren varios textos del Antiguo Testamento (Salmos 48:7; lsaías 23:6; Ez. 27:25).

Los candidatos geográficos más probables para definir a la ciudad de Tarsis son Tartessos en el suroeste de España o Tarso en el sureste de Asia Menor. Sin embargo Tartessos cumpliría mejor los requisitos, por cuanto era el lugar más alejado y opuesto de Nínive (objetivo principal de Jonás), al cual se podía llegar navegando. Adicionalmente, una inscripción fenicia del siglo IX a.C. sugiere la posible presencia de Tarsis en lo que hoy es Andalucía en el suroeste de España, a orillas del Mar Mediterráneo, área donde se ubicaba Tartessos3.

Tartessos pudo además haber sido la Tarsis bíblica, debido al importante intercambio comercial con la ciudad fenicia de Tiro, ubicada en la misma ribera mediterránea que Jope2. Un antecedente claro al respecto lo aporta el texto bíblico, donde señala que el barco que transportaba a Jonás llevaba cierto tipo de «enseres» que fueron arrojados por la borda para alivianarlo en medio de la tormenta (Jonás 5:1).

Según relatos de los antiguos griegos, Tartessos se caracterizaba por ser una nación (o región) muy rica, principalmente por su minería y comercio. Entre los minerales destacaban el oro, la plata y el estaño, siendo este último esencial para la fabricación del bronce. Estos materiales eran inter-cambiados por productos fenicios manufacturados, generando un importante intercambio cultural y religioso.

Tartessos era también rica en productos agrícolas tales como, cereales, aceitunas, y diversas frutas. Parte de este importante intercambio comercial marítimo entre ambos extremos del Mar Mediterráneo, es mencionado en Ezequiel 27:12. Las naves marítimas que hacían la travesía entre ambas puntas del Mediterráneo eran los denominados «barcos de Tarsis», unos buques marítimos de carga, designados así quizás por la ubicación geográfica desde donde salían, o por el cargamento metalúrgico que transportaban desde esa zona.

Al respecto, el historiador secular Maluquer2 señala que: «el viaje de Jonás nos da la verdadera medida de la densidad del tráfico marítimo hacia Tartessos (porque) cuando quiere huir, no precisa de grandes preparativos. Baja al puerto, toma pasaje en una nave que aparejaba para zarpar hacia Tartessos y se embarca. Nada más sencillo y simple». Este último relato confirma la lógica del escrito bíblico.

Se sabe que desde las costas de Israel (o del puerto fenicio de Tiro) hasta las de Tartessos (Tarsis) en la Península Ibérica, hay unos 4.000 kilómetros aproximadamente.

Una nave de gran tamaño, navegando a una velocidad de 5 nudos entre ambos puntos, demoraría unas tres semanas en cubrir esa distancia, si contaba con condiciones climáticas adecuadas.

¿Pez o ballena?

¿Puede considerarse errónea la descripción bíblica al decir que fue un «gran pez» el que se tragó a Jonás, cuando en realidad hubo de ser una ballena o cachalote, y estos enormes animales marinos no son peces sino mamíferos?

No, no estaría equivocada la Biblia si fue una ballena o cachalote u otro animal marino gigante que engulló a Jonás. La Biblia le nombra como un «gran pez», porque para la época de Noé, todos los grandes animales marinos (incluidos los cetáceos) eran considerados peces, y esto fue así hasta mediados del siglo XVIII.

Luego, a partir de los estudios de clasificación taxonómica de Carolus Linneus (1735), se produce la separación taxonómica de los animales en bases a caracteres morfológicos y funcionales, y se separa a los peces de los cetáceos, porque estos últimos alimentan a sus crías con una secreción equivalente a la leche, dado lo cual se les considera de la Clase Mammalia (mamíferos).

Así todo, esta clasificación, como muchas otras en Zoología, es muy probablemente artificial, no natural, porque tiene implícita la teoría evolutiva darwiniana, la que hoy está científicamente cuestionada a nivel macroevolutivo.

Una situación similar de clasificación algo forzada ocurre con el murciélago. En la Biblia a estos animales se les cataloga como aves (Lev. 11:13, 19; Deut. 14:11, 12, 18); sin embargo, la Zoología lo clasifica taxonó-micamente como mamífero (Orden Chiroptera).

Candidatos al “gran pez” del libro de Jonás

En Mateo 12:40 (Biblia de las Américas), se habla de un monstruo marino (ketos, traducido del griego original), es decir, un gran animal acuático capaz de tragarse a un hombre completo. Hay al menos cuatro especies marinas de gran tamaño que suelen frecuentar el Mar Mediterráneo, y que califican como candidatos para el «gran pez». Estos son el cachalote, la yubarta o ballena jorobada, el rorcual común o ballena de aleta, y el gran tiburón blanco.

A dos de estas especies (Cachalote y tiburón blanco) se les nombra desde la antigüedad como habitantes del Mediterráneo, en relatos de marineros y por lo descrito por Aristóteles en el siglo IV a. C., en su obra Historia Animalium. Existe una quinta especie con un tamaño considerable para tragar a una persona, y que es habitante de mares cálidos como el Mediterráneo. Es el tiburón ballena. Sin embargo, en la actualidad no hay registros de la presencia de esta especie en el Mar Mediterráneo.

El cachalote (Physeter macrocephalus) es un enorme animal marino, clasificado como mamífero (Orden Cetácea). Un macho puede crecer hasta 20 metros de largo. Los cachalotes, a diferencia de las ballenas tienen dientes, pero no mastican a sus presas cuando las ingieren, sino que solo las succionan y tragan. Dentro de las presas se encuentra el calamar gigante, de hasta 250 kg de peso, y de unos 20 metros de largo4.

El cachalote es un buen candidato para ser el «gran pez» que tragó a Jonás porque es un habitante frecuente del Mar Mediterráneo, y también debido a la morfología y fisiología de su múltiple estómago, si se supone que Jonás sobrevive a su paso por el vientre del animal marino. Es sabido que el estómago de las ballenas y los cachalotes está compuesto de varias cámaras (3 o 4), en donde la primera cámara es un saco dilatable, que continúa después del esófago, y no tiene glándulas digestivas ni ácido clorhídrico, en donde las presas experimentarían una especie de molienda en esta zona7.

En los cachalotes, el primer estómago es bastante grande, y perfectamente puede recibir el cuerpo de una persona, y aún contar con amplitud de espacio. Al haber un control sobrenatural en todo este proceso, no habría ocurrido la presión de molienda en este primera parte del estómago, porque ello habría significado la muerte segura de Jonás. Esto puede haber formado parte de las consecuencias de que Dios «preparase o dispusiese» de un «gran pez».

Otro candidato a ser «el gran pez» de la historia de Jonás es la yubarta o ballena jorobada (Megaptera novaeangliae). Es uno de los rorcuales más grandes, donde los adultos logran una longitud de hasta 16 m. La yubarta se distribuye en todos los océanos, incluyendo el Mar Mediterráneo5. Se alimentan principalmente de krill y peces pequeños. La yubarta es también una candidata adecuada por los argumentos expuestos en la descripción del cachalote, si se sigue la hipótesis que Jonás no muere dentro del vientre del animal que lo engulle.

Finalmente, el rorcual común o ballena de aleta (Balaenoptera physalus), es una especie de cetáceo misticeto (con barbas y sin dientes), también con presencia en el Mar Mediterráneo. En tamaño, este animal es el segundo más grande existente en el planeta, solo superado por el rorcual azul, o ballena azul. Puede alcanzar una longitud de 27 metros. Esta ballena también reúne las condiciones para ser el «gran pez» que engulle a Jonás.

El gran tiburón blanco como candidato a ser el «gran pez» no sería muy probable si se sigue la hipótesis que Jonás permaneció vivo en su interior. La probabilidad de que el tiburón mastique el cuerpo al momento de ingerirlo es alta, además de que los poderosos jugos gástricos presentes en su estómago juegan en contra de una sobrevivencia en el vientre de este violento depredador marino.

Si se sigue la hipótesis de que Jonás muere al ser ingerido, y luego resucita al ser vomitado por el «gran pez», pudiese ser plausible. El gran tiburón blanco es efectivamente un visitante del Mar Mediterráneo, y existen ejemplares de gran tamaño en esta especie (hasta 6 metros de longitud).

Control sobrenatural sobre la situación

La Biblia dice que Dios «tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás». Sin duda que esta sentencia cambia completamente el escenario de la lógica humana y del naturalismo, por cuanto todos los cálculos zoológicos, fisiológicos y de sentido común y natural, quedan supeditados al control sobrenatural que Dios estableció sobre la compleja situación vivida por Jonás, al ser engullido directamente sin ser masticado, ni verse afectado por los jugos gástricos, ni tampoco molido por las poderosas contracciones musculares del estómago de un animal marino de esas proporciones (lo anterior bajo la hipótesis que Jonás estuvo vivo todo el tiempo en el vientre del pez).

Probablemente Dios le pudo haber adecuado cierto estado fisiológico de alimentación por algunos días al animal marino, como por ejemplo, el que suspendiese su ingesta alimentaria y digestión, luego de ingerir a Jonás. También la «preparación del pez» pudo significar que Jonás quedase en la primera parte (primera cámara) del estómago del animal que lo tragó, sin pasar a la segunda cámara, que es la zona donde se liberan los jugos gástricos (si es que fue una ballena o cachalote). También hubo control sobrenatural al final de su relación con el «gran pez», por cuanto el texto bíblico señala que Dios le ordenó al pez que vomitase a Jonás en tierra firme (2:10).

Algunos críticos escépticos argumentan que sería absurdo que Dios le ordenase a un animal que hiciese algo, por cuanto no entendería el idioma ni sus códigos. Pero evidentemente que aquí no se trata de una orden verbal, sino en la forma y código que el animal pueda entenderle, a aquel que fue ni más ni menos que su propio Creador. Hubo además control sobrenatural en el inicio y fin de la tormenta, que estuvo a punto de hacer zozobrar la nave con los marineros que navegaban con Jonás.

¿Sobrevivió Jonás en el vientre del “gran pez”, o murió para luego ser resucitado?

Hay al menos tres hipótesis.

  1. Jonás sobrevivió en un estado casi normal. Había suficiente oxígeno para que Jonás respirase en el enorme tracto digestivo del animal, y además no habría sido afectado por los jugos gástricos porque habría quedado en la primera cámara del estómago del «gran pez». De todas formas esta hipótesis requiere de intervención sobrenatural, dada la necesidad de que esta parte del estómago no hubiese realizado la acción de molienda que hace habitualmente.
  2. Jonás sobrevivió pero casi muerto. Jonás pudo haber padecido un cierto tipo de catalepsia, debido, por ejemplo, a un estado agudo de histeria, la que habría dejado sus funciones biológicas al mínimo y por tanto no requería de mucho oxigeno, ni de agua. En este estado puede encontrarse consciente o inconsciente.
  3. Jonás realmente murió en el vientre del «gran pez», y luego fue resucitado por Dios, como ocurrió con otros personajes bíblicos. Esta hipótesis se ve respaldada en parte por la oración que hace Jonás donde dice que clama desde el Seol (Jonás 2:2) Sin embargo, en algunos salmos se usa también esta expresión de clamar desde el Seol, o estar en el Seol, en forma metafórica, sin que se esté realmente muerto, solo para dar a entender un estado de ánimo angustioso.

Pero un argumento fuerte respecto a que Jonás pudo haber muerto y resucitado radica en la comparación que hace el Señor de sí mismo con Jonás respecto a su muerte y resurrección, la cual se ajustaría mucho más si Jonás muere y al tercer día resucita. Esto correspondería a «la señal del profeta Jonás» (Lc. 11:29-30). Jonás pudo haber estado muerto en el vientre del pez, y luego haber resucitado al tercer día, así como Cristo también estuvo muerto y resucitó en el mismo periodo de tiempo.

Nuevamente es necesario recordar que esta compleja historia estuvo siempre bajo el control de Dios y por tanto caben situaciones sobrenaturales o milagrosas.

Para un cristiano esto no debiese ser problema, si se parte de la premisa que Dios es Omnipotente. Lo extraño sería que Él no pudiese elegir y preparar un pez grande para que tragase y mantuviese a Jonás, y luego recuperarlo, habiendo estado medio muerto o realmente muerto.

Jesús, en Mateo 12:39-40, da a conocer que esta fuerte experiencia vivida por Jonás habría sido traumática para él. Fue como haber estado muerto para luego volver a la vida (la señal del profeta Jonás). Si Jonás realmente murió algunos minutos u horas después de haber estado en el vientre del pez, habría tenido el tiempo necesario para orar pidiendo perdón y restauración, en medio de la oscuridad total, de la humedad, de la fetidez y sensación de ahogo por la falta de oxígeno en el estómago del gran animal marino, a partir de lo cual escribe después y da a conocer algunos de estos detalles (Capítulo 2).

El mayor problema de Jonás dentro del “gran pez”, la necesidad de respirar

El mayor problema de Jonás en el vientre del «gran pez» debió ser la escasa presencia de oxígeno para respirar. Las ballenas del Suborden Mysticeti (con barbas en vez de dientes para filtrar el alimento), respiran a través de dos orificios nasales (espiráculos), ubicados en la zona superior de la cabeza, en tanto los cachalotes (Suborden Odontoceti, cetáceos con dientes) respiran por un solo orificio nasal.

No obstante, el estómago está aislado de las vías respiratorias en estos dos grupos de animales, por lo que no llega oxígeno al tubo digestivo por esta vía.

Sin embargo, estos enormes animales ingresan un importante volumen de aire a sus múltiples estómagos cuando sacan la cabeza fuera del agua para tragar sus presas. Este factor pudo estar presente al momento en que el «gran pez» tragaba a Jonás, y aportar con cierta cantidad de aire, al menos para las primeras horas.

Respecto a la presencia de aire en el estómago de tiburones es más difícil que se dé, por cuanto estos no suben a superficie frecuentemente a tragar presas y con ello tragar también aire, como si lo hacen con frecuencia las ballenas.

Algunas dificultades adicionales

Las algas

Una expresión del versículo 2:5, ha generado ciertas dudas en algunos teólogos comentaristas («El alga se enredó a mi cabeza»), debido a que el contexto pareciera indicar que Jonás se encontraba en el estómago del animal marino. Sin embargo, ni ballenas ni cachalotes, ni menos tiburones comen algas grandes (macroalgas).

Dado el estilo poético de esta parte del Libro, pudiese ser entendido como una metáfora usada por Jonás para describir las condiciones del fondo marino que le habrían rodeado, pero también pudiese ser que la instancia en que las algas se le enredaban en su cabeza haya sido real, antes de ser engullido por el «gran pez», lo cual si tendría sentido dado que las tormentas arrancan enormes zonas de bosques de macroalgas, con sus discos de sujeción incluidos. Jonás pudo en su relato haber mezclado instancias vividas dentro y fuera del gran animal marino.

Otras expresiones del mismo versículo 2:3, que reseña la oración de Jonás, tales como: «…y me rodeó la corriente, todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí», claramente están referidas al ambiente marino externo. Lo mismo podría colegirse con la expresión relativa a las algas sobre su cabeza.

Los tres días dentro del “gran pez” es demasiado tiempo

Si se consideran tres días completos, se tiene un total de 72 horas. Sin embargo, pudiese ser menos de la mitad de este tiempo, y aún considerarse tres días debido a que los judíos contaban parte de un día o parte de la noche como un día entero.

Si Jonás fue tragado por el «gran pez» una o dos horas antes de la medianoche del primer día, luego estuvo todo el día siguiente (segundo día), y en la mañana del tercer día el animal marino lo vomita en algún punto de la costa, el tiempo total que habría estado Jonás dentro del «gran pez» (en este escenario hipotético) habría sido solo de unas treinta horas.

Escribiendo dentro del vientre del “gran pez”

Algunos comentaristas liberales señalan que este libro no sería de Jonás, dado que no es verosímil que una persona tragada por un pez se dedique a componer poesía en esas condiciones. Pero esta crítica nace de quien no entiende las costumbres literarias de los autores bíblicos de la antigüedad.

El estilo literario utilizado hace parecer como si Jonás compone este Salmo dentro del vientre del pez, pero lo más probable es que lo haya hecho sano y salvo, tiempo después, re-viviendo aquellos dramáticos momentos en que se hundía bajo las olas, medio ahogándose, porque aunque supiese nadar, los últimos minutos de la tormenta le habrían impedido nadar bien, para luego ser tragado por un monstruo marino.

Existen otras situaciones en la Biblia en que se usa este mismo estilo literario. Por ejemplo, en el Evangelio de Lucas capítulo 1, cuando el ángel aparece a María y ella responde cantando el Magnificat. No es lógico pensar que ella compuso ese hermoso escrito de forma inmediata.

Relatos acerca de “otros casos similares al de Jonás”

Un primer caso trata de un hombre llamado Marshall Jenkins, quien habría sido tragado vivo por un cachalote en 1771, logrando sobrevivir, en tanto que otro incidente similar se refiere a la odisea que habría vivido en 1891 el marinero James Bartley6.

Bartley habría sido tragado por un cachalote, que él mismo y otros compañeros de la tripulación ballenera habían arponeado minutos antes. El animal marino habría sido capturado algunas horas más tarde, y luego de abrir al cachalote para eviscerarlo, el marinero Bartley habría sido encontrado vivo, pero inconsciente, en el estómago del animal. Luego de algunas semanas se habría recuperado.

Este último caso habría sido publicado el 22 de noviembre de 1896 por el diario New York Times. Sin embargo, en 1990, el historiador Edward Davis, del Messiah College de Grantham, Pensilvania, publicó un artículo donde expone su investigación sobre el hecho, y descubrió que el navío en el que viajaba Bartley, el Star of the East, no habría sido un ballenero, y revisando las ediciones de la época del New York Times, tampoco encontró relato alguno sobre este incidente. Además, en el barco investigado por Davis, no habría existido nadie llamado James Bartley6.

Al no disponer estos últimos relatos de evidencias que surjan de fuentes primarias, no resultan fiables, y no debiesen ser consideradas. Sin embargo, ambas leyendas han sido utilizadas por muchos años en escritos apologéticos, lo cual es lamentable.

La historia de Jonás tiene variados elementos probatorios fuertes y válidos, que la hacen totalmente confiable, sin necesidad de tener que recurrir a fábulas artificiosas. Si se es cristiano, la historia de Jonás no necesita de réplicas o casos similares para aceptar su veracidad, principalmente porque la corrobora el propio Señor Jesucristo.

Efectivamente, el caso de Jonás tal vez nunca podría llegar a repetirse en similares condiciones, porque hay variables sobrenaturales que subyacen en esta historia, como lo es la «preparación del gran pez» por parte de Dios para tragar, mantener y finalmente vomitar a Jonás en la costa.

BIBLIOGRAFÍA

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