Algunas de las obras del Espíritu Santo que aún no están cumplidas.

Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo”.

– Rom. 15:13.

Anteriormente, hemos mencionado cuatro clases de obras que son los signos externos y manifiestos del poder del Espíritu: las obras de creación, las obras de resurrección, las obras de testimonio y las obras de gracia. Luego, vimos el poder interior del Espíritu Santo sobre los corazones, sobre la voluntad y sobre la imaginación. Esta es la última cosa, porque, después de todo, aunque el Espíritu Santo ha hecho tanto, no puede decir aún: «Consumado es».

Jesús pudo exclamar, en lo que concierne a su propia obra: «Consumado es»; pero el Espíritu Santo no puede decir eso, pues tiene todavía algo que hacer. Y hasta la consumación de todas las cosas, cuando el propio Hijo llegue a ser sujeto al Padre, el Espíritu Santo no dirá: «Consumado es». ¿Qué es lo que aún tiene que hacer el Espíritu Santo?

Perfeccionarnos en la santidad

Primero, tiene que perfeccionarnos en la santidad. Hay dos clases de perfección que un cristiano necesita: una es la perfección de la justificación en la persona de Jesús. Y la otra es la perfección de la santificación obrada en él por el Espíritu Santo.

Por el momento, la corrupción todavía descansa en los pechos de los regenerados. Actualmente el corazón es parcialmente impuro. Todavía tenemos lujurias e imaginaciones malvadas. Pero mi alma se regocija al saber que viene el día cuando Dios terminará el trabajo que ha iniciado y presentará mi alma, no solamente perfecta en Cristo, sino, perfecta en el Espíritu, sin mancha o defecto, o nada parecido.

¿Y es verdad que este pobre corazón depravado, llegará a ser tan santo como el de Dios? Y este pobre espíritu que a menudo exclama: «¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?» (Rom. 7:24); este mismo pobre espíritu, ¿será libre del pecado y de la muerte? ¿Y ya no oiré cosas malas que perturben mis oídos, ni tendré pensamientos impuros que perturben mi paz? ¡Oh, feliz hora! ¡Que se apresure! Justo antes de que yo muera, se habrá terminado la santificación, pero hasta ese momento no puedo tener la perfección en mí mismo. Pero en aquel instante cuando parta mi espíritu tendrá su último bautismo en el fuego del Espíritu Santo. Será puesto en el crisol para su última prueba en el horno.

Y entonces, libre de toda escoria y fino como una barra de oro puro, será presentado a los pies de Dios sin el mínimo grado de escoria o mezcla. ¡Oh, momento bendito! Pienso que deseo morir, aunque no hubiera un cielo, si tan solo pudiera tener esa última purificación y salir de la corriente del río Jordán totalmente limpio después de ser lavado. ¡Oh, ser lavado, y quedar blanco, limpio, puro, perfecto! Ni un ángel será más puro de lo que yo seré. ¡Sí! ¡Ni Dios mismo será más santo! Seré capaz de decir en un sentido doble, «¡Gran Dios, soy limpio: por medio de la sangre de Jesús soy limpio, y a través de la obra del Espíritu, también soy limpio!». ¿No debemos ensalzar el poder del Espíritu Santo que nos hace aptos para estar ante nuestro Padre en el cielo?

Traer la gloria del día postrero

Otra gran obra del Espíritu Santo que no está cumplida todavía es la de traer la gloria del último día. En unos cuantos años, no sé cuando, no sé cómo, el Espíritu Santo será derramado en una forma muy diferente que en el presente.

Hay diversidad de operaciones. Y durante los últimos años ha ocurrido que las operaciones diversificadas han consistido en muy poco derramamiento del Espíritu. Los ministros siguen una rutina monótona, continuamente predicando, predicando, predicando y poco bien se ha hecho. Tengo la esperanza de que tal vez una nueva era haya amanecido sobre nosotros y que habrá un mayor derramamiento del Espíritu Santo ahora.

¡Porque llega la hora y puede ser justo ahora, cuando el Espíritu Santo será derramado otra vez de una manera tan maravillosa, que muchos correrán de un lado a otro y se incrementará el conocimiento! ¡El conocimiento del Señor cubrirá la tierra así como las aguas cubren la superficie de los grandes abismos!

Vendrá su reino y su voluntad será hecha en la tierra como lo es en el cielo. No estaremos esforzándonos para siempre como Faraón, sin las ruedas de su carruaje. Mi corazón se alegra y mis ojos brillan con el pensamiento de que muy probablemente viviré para ver cómo se vierte así el Espíritu cuando «los hijos y las hijas de Dios otra vez profetizarán y los jóvenes verán visiones y los ancianos soñarán sueños».

Tal vez no habrá dones milagrosos porque no serán requeridos. Pero sin embargo habrá tal cantidad milagrosa de santidad, tal extraordinario fervor de oración, tal real comunión con Dios y tanta religión vital y tanta difusión de las doctrinas de la cruz, que todo el mundo verá que verdaderamente el Espíritu es derramado como agua y como las lluvias que descienden de arriba. Oremos y trabajemos continuamente por eso y busquemos lo de Dios.

La resurrección general

Otra obra adicional del Espíritu que manifestará su poder de una manera especial, será la resurrección gene-ral. Tenemos razón para creer por la Escritura que la resurrección de los muertos, aunque será efectuada por la voz de Dios y de su Palabra (el Hijo), también será efectuada por el Espíritu. Ese mismo poder que levantó a Jesucristo de entre los muertos, también vivificará los cuerpos mortales. El poder de la resurrección es tal vez una de las mejores pruebas de las obras del Espíritu.

¡Ah, mis amigos, si pudiéramos desprender el manto de esta tierra por un momento, si el verde césped pudiera cortarse y pudiéramos ver dos metros abajo en sus profundidades, qué mundo se revelaría! ¿Qué veríamos? Huesos, esqueletos, podredumbre, gusanos, corrupción. Y ustedes dirían: ¿Vivirán estos huesos secos? ¿Se pueden levantar?

«Sí, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta, los muertos serán resucitados». Él habla, ¡están vivos! ¡Véanlos dispersos, pero el hueso se junta con su hueso! ¡Véanlos desnudos, pero la carne los recubre nuevamente! Véanlos aún sin vida. «¡Ven de los cuatro vientos, oh, aliento y sopla sobre estos muertos!».

Cuando el viento del Espíritu Santo viene, ellos vivirán y estarán de pie como un gran ejército.

Una conclusión práctica

De esta forma he intentado hablarles del poder del Espíritu y confío que se los he podido mostrar. Ahora debemos dedicar un momento o dos para una conclusión práctica.

Cristiano, el Espíritu es muy poderoso. ¿Qué concluyes de ese hecho? Pues, que tú nunca debes desconfiar del poder de Dios para llevarte al cielo. El poder del Espíritu Santo es tu baluarte y toda Su omnipotencia te defiende. Si pudieran conquistar tus enemigos a la omnipotencia, si pudieran luchar con la Deidad y arrojarla al suelo, entonces ellos podrían conquistarte. Pero eso no sucederá, porque el poder del Espíritu es nuestro poder, nuestra fortaleza.

Y además, si éste es el poder del Espíritu, ¿por qué habrían de dudar de Su poder? Ahí está tu hijo, ahí está tu esposa, por quienes has suplicado con tanta frecuencia: no dudes del poder del Espíritu. «Aunque tardare, espéralo; porque sin duda vendrá, no tardará» (Hab. 2:3). Ahí está tu esposo, santa mujer; tú has luchado por su alma y aunque es un ser tan endurecido y desesperado que te trata mal, hay poder en el Espíritu.

Oh ustedes, que han salido de iglesias desoladas, con muy escasas hojas en el árbol, no duden que el poder del Espíritu los levante. Porque será «lugar donde descansen asnos monteses, y ganados hagan majada» (Is. 32:14). Abierto, pero deshabitado hasta que el Espíritu se derrame desde arriba.

Y entonces el suelo árido será convertido en un estanque y la sedienta tierra tendrá fuentes de agua. Entonces en las habitaciones de los dragones, en donde cada uno de ellos yace, habrá pasto con carrizos y juncos. Y ustedes, miembros de este templo, que recuerdan lo que Dios ha hecho especialmente para ustedes, no desconfíen nunca del poder del Espíritu. Ustedes han visto el desierto florecer como el Carmelo. Ustedes han visto el desierto florecer como una rosa. Confíen en él para el futuro.

Salgan pues y laboren con esta convicción: el poder del Espíritu Santo es capaz de todo. Vayan a su escuela dominical, vayan a distribuir sus folletos, vayan a su empresa misionera, vayan a predicar en sus habitaciones con la convicción de que el poder del Espíritu es nuestra gran ayuda.

Y ahora, por último, a ustedes pecadores, ¿qué más tenemos que decirles acerca de este poder del Espíritu? Estoy convencido de que hay esperanza para algunos de ustedes. Yo no puedo salvarlos, yo no puedo conmoverlos; a veces puedo hacer que lloren, pero luego se secan sus ojos y todo termina, pero yo sé que mi Señor sí puede. Ese es mi consuelo.

Tú, que eres el primero de los pecadores, hay esperanza para ti; este poder te puede salvar como a cualquiera. Es capaz de romper tu corazón aunque sea de hierro, puede hacer que de tus ojos broten las lágrimas aunque hayan sido como rocas anteriormente. Su poder es capaz hoy, si Él lo quisiera, de cambiar tu corazón, de modificar la corriente de tus ideas, de hacerte de inmediato un hijo de Dios, de justificarte en Cristo.

Hay poder suficiente en el Espíritu Santo. Él puede traer a los pecadores a Jesús. Él es capaz de hacerte querer, en el día de su poder. ¿Quieres hoy? ¿Ha ido él tan lejos como para hacer que desees a Jesús?

Entonces, oh pecador, mientras él te atrae, di: «Atráeme, soy infeliz sin ti». Síguelo, síguelo y a medida que él te conduzca, pisa sobre sus huellas y regocíjate de que él haya iniciado una buena obra en ti, porque hay una evidencia de que él continuará haciéndolo hasta el final. Y ¡oh, tú que estás abatido!, pon tu confianza en el poder del Espíritu, descansa en la sangre de Jesús y tu alma será salva, no solo ahora, sino a través de toda la eternidad.

Condensado de
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