En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero».

– 1 Juan 4:18-19.

A diario, los cristianos estamos sometidos a una intensa lucha a nivel del espíritu y del alma; mas, sabemos que, en medio de esta vorágine, Dios nos dio apoyo para continuar en este camino: el Espíritu Santo, la comunión de los Santos, su propia naturaleza divina, etc. Sin embargo, a menudo la vida cristiana se nos vuelve una pesada carga. Entonces se nos hace familiar la amonestación de Dios a la iglesia en Éfeso: «Has dejado tu primer amor» (Ap. 2:4). El gozo y la alegría del principio se ven lejanas y todo se torna complicado y fatigoso.

En 1 Juan 4:18 se menciona que «en el amor no hay temor» y que «el perfecto amor echa fuera el temor». Según este pasaje, el temor resulta negativo dentro de la vida cristiana. Por eso, asociaremos este temor con miedo. De esta forma, se diferencia del temor reverente y otros temores mencionados en la Biblia, que son muy saludables para todo cristiano. Pero este temor descrito por Juan es diferente, pues debe ser desechado.

Juan habla del perfecto amor, así que podemos deducir la presencia de un imperfecto amor, que puede tomar forma de pequeños amores imperfectos, como el trabajo, la familia, una persona, hijos, dinero, posición social, etc. Es decir, los amores imperfectos son todas aquellas motivaciones fuera de Cristo que nos impulsan a seguirlo.

Mas, gracias a Dios, hay solución para este problema. Al convertirse el perfecto amor en el motor del servicio del creyente, hará que éste sirva en la iglesia solo para agradar al Señor, sin esperar ninguna retribución.

El perfecto amor no se obtiene de un momento a otro. 1 Juan 4:18 dice: «El que teme, no ha sido perfeccionado en el amor». Es necesario que seamos perfeccionados, y avancemos en nuestra vida espiritual cambiando nuestro amor imperfecto y miedo por el perfecto amor. El versículo 19, «Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero», sugiere que el amor nace en nosotros a medida que conocemos y gustamos del amor de Cristo.

Todos sabemos que Dios nos ama, pero la mayoría de nosotros no ha sido capaz de gustar completamente de ese amor. Si la vida cristiana se vuelve pesada, es necesario revisar nuestra motivación para seguir a Cristo. Si lo hacemos por miedo, entonces procuraremos gustar del amor de Cristo, como la sulamita en el Cantar de los Cantares, que dice: «Atráeme, y en pos de ti correremos» (1:4). Es paradójico, pero ni siquiera nuestro amor es útil para amarlo a él. Necesitamos cambiar nuestro amor humano, imperfecto, por su perfecto amor.

En 1 Corintios 12, el apóstol Pablo habla sobre los dones, pero en el versículo 31 dice: «Mas yo os muestro un camino aún más excelente». 1 Corintios 12:31 es el último versículo antes del capítulo 13 (la preeminencia del amor). Por lo tanto, el amor es superior a los dones. También lo es a la fe y la esperanza (1 Cor. 13:15). No sigamos a Cristo por temor, ni con amor imperfecto, no busquemos las añadiduras. La mejor motivación para seguir y servir a Jesús será el AMOR.

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