Una lección importante para todo siervo de Dios es la de ir siempre detrás del Señor y no adelante. Es una lección no fácil de aprender, especialmente para los que tienen un carácter impulsivo y por quienes se saben inteligentes. En las Escrituras encontramos muchos saludables ejemplos y enseñanzas acerca de la conveniencia de ir detrás del Señor y no adelante.

Cuando Pedro reconviene al Señor para que no vaya a la cruz, el Señor le dice: “¡Quítate de delante de mí, Satanás!”, lo cual significa que debía ponerse detrás, siguiendo sus pisadas, y no estorbándole. Satanás quiso tomar la iniciativa y apartar al Señor del camino correcto. Pero no solo Satanás es obstáculo para la obra del Señor; también nosotros podemos serlo. Cada vez que anteponemos nuestras ideas, nuestro parecer, estorbamos al Señor.

En Josué capítulo 3 vemos al pueblo de Dios que atraviesa el río Jordán. La instrucción era clara: el arca debía ir delante del pueblo, y el pueblo debía seguirla. El arca es Cristo. La confianza que daba el hecho de que el arca fuese adelante se evidencia en el pueblo, el cual avanza con reposo y firme confianza. El Señor debe ir delante para que el camino esté expedito y así no equivocarnos. Mirando al Señor que va adelante, nuestro camino está asegurado, pues nosotros no conocemos el sendero; solo el Señor lo sabe.

En 1ª Pedro se nos dice que el Señor nos dio ejemplo para que sigamos sus pisadas. Solo él sabe el camino, así que tenemos que seguir sus pisadas. Juan capítulo 8 dice que Jesús es la Luz del mundo, el que le sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Seguir al Señor es ir detrás de él.

Éxodo capítulo 13 nos indica que tanto en el día como en la noche la nube de Dios guiaba a Israel en el desierto. La noche representa el momento en que sobrevienen las dificultades y las crisis. Israel avanzaba también de noche; así también debemos hacerlo nosotros. También ellos seguían al Señor de día. De día es cuando nuestra vida va con rumbo cierto, cuando todos nos sale bien. Pero entonces necesitamos del Señor porque podemos envanecernos en nuestros éxitos y hacernos merecedores de azotes. Es preciso permanecer humillados delante del Señor.

En Lucas 19 encontramos a Zaqueo, quien tuvo diligencia por ver al Señor. Siendo así, el Señor se puso a su alcance. Él pasó por Jericó para eso. Entre nosotros también hay Zaqueos –pequeños de estatura espiritual, menospreciados– que se sienten marginados, menoscabados. Tenemos que dejar al Señor ir adelante para que él sea visto y conocido por todos los Zaqueos que le necesitan.

Finalmente, en Marcos 17 vemos al Señor encargándoles a los discípulos que vayan a Galilea, pues él irá delante de ellos y les esperará allá. No solo nuestros pecados nos estorban para seguir al Señor; también nuestras buenas iniciativas, nuestras brillantes ideas. Sigamos al Señor.

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