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Mensajes de evangelización La muerte de una utopía El hombre es un ser por naturaleza idealista. Él sueña con un mundo mejor, y añora el pasado, porque a sus ojos, fue mejor que el presente. Sin embargo, día tras día, sus más queridos ideales siguen muriendo. He aquí la historia de uno de ellos. Hace algún tiempo, el diario “El Mercurio” de Santiago de Chile publicó un artículo en que se hacía memoria del famoso festival de Woodstock, realizado en un pueblito llamado Bethel, cerca de Nueva York, en 1969. En ese evento se congregó medio millón de jóvenes, que tranquilamente escucharon música durante 3 días, en una atmósfera de absoluta complacencia. Allí se consolidó el movimiento denominado “hippismo”, que fue una revolución pacífica de los jóvenes norteamericanos en pro de una vida más auténtica, del amor libre y en contra de la guerra, la violencia y la sociedad de consumo. Era una revolución llevada a cabo por jóvenes idealistas, asqueados de la guerra de Vietnam y de las tensiones internacionales. Ellos amaban las flores, la paz, y el amor libre. En sus atuendos desarreglados, ellos utilizaban una paloma blanca como símbolo y lucían margaritas en sus largas cabelleras. Ellos también amaban el rock and roll y con él vinieron las drogas. En el mes de julio de este año, los nostálgicos de siempre, quisieron reeditar el festival de Woodstock al cumplirse los 30 años de su realización. Pero ahora la situación fue diferente. Cientos de jóvenes incendiaron tiendas de campaña y volcaron puestos de ventas, focos de luces y torres de amplificadores. Fue el fin de la utopía hippie. Treinta años han sido suficientes para cambiar las condiciones sociales, y producir un vuelco en la forma de ser de los jóvenes. ¿Qué concierto rock hoy en día se realiza en paz, sin incidentes? Hace pocos días, en Santiago de Chile, una barra deportiva interrumpió violentamente el concierto musical de una banda, por el solo hecho de que cantaba una canción en honor de un equipo rival. Subieron al escenario y golpearon a los músicos a vista y paciencia de todos los concurrentes. El mundo está cambiando más rápido de lo que muchos alcanzan a percibirlo. Y este cambio está anunciando días malos. Aunque muchos hoy profeticen una era de paz y de concordia. Aunque muchos se hagan los mejores propósitos para el tercer milenio, como si fuese posible construir en él un mundo de paz y amor, nosotros tenemos que ser sinceros y francos con usted. No hay tal cosa como un mundo evolucionado, hecho perfecto por el hombre. Para que tal cosa ocurriera sería preciso cambiar el corazón del hombre primero, porque de él sale la maldad, la avaricia, la envidia, y todo aquello que contamina la vida humana. ¿Quién puede cambiar al hombre? Podrá hacerlo la educación, la filosofía, la ciencia, la tecnología? Todas estas cosas abundan hoy, han llegado a su grado máximo de desarrollo histórico, y no vemos que el mundo haya mejorado. Sólo Cristo puede salvar al hombre. No será salva la humanidad entera, porque ella se opone a Dios. Pero usted puede escapar del sistema corrupto que hay en todo el mundo, y acogerse a la salvación de Dios. El primer paso para ser salvo es reconocer que se está perdido. Que se necesita de un Salvador. Si reconocemos nuestra enfermedad podemos acudir a quien puede sanarnos. Muchos hoy no son salvos simplemente porque no saben que están enfermos. Usted, ¿es uno de ellos? *** |