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Harry
Potter: ¿El nuevo héroe de la juventud?
La avalancha del ocultismo
El mundo después del 11
Tras
la búsqueda de la seguridad
¿Cómo está invirtiendo
su tiempo?
La forma cómo lo hacemos revela
lo sabio que somos
Cuatro corazones
Y cuatro reacciones ante el evangelio
¿Son pocos los que se salvan?
La curiosidad hecha pregunta
¿Vagabundos o peregrinos?
Dos maneras de caminar por la vida
HARRY
POTTER:
¿el nuevo héroe de la juventud?
En
las carteleras de los cines del mundo, en las librerías del mundo
y en muchas escuelas del mundo Harry Potter parece ser el
nuevo héroe de niños y jóvenes. Como tal, está
siendo leído, visto e imitado. Pero ¿es un personaje digno
de tanto renombre?
En
el pasado mes de noviembre se estrenó con bombos y platillos
en casi todo el mundo, la película Harry Potter y la piedra
filosofal. Afiches, publicidad en televisión y una serie
de productos relacionados con la película han llenado los espacios
del marketing y han despertado la expectación en grandes y chicos.
¿De
qué se trata?
Harry
Potter es la historia acerca de un niño, hijo de padres
brujos, que asiste a un colegio de magos. Allí en el entorno
del mágico Hogwarts vagan fantasmas, monstruos y
objetos semianimados. En este mundo mágico los magos
y brujos conviven amistosamente con los muggles (humanos
no brujos).
La
trama muestra a los magos y brujos el protagonista a la cabeza
formando parte del mundo de los buenos. Extrañamente,
los dos personajes más crueles del libro son dos personas normales,
los tíos de Harry, que han criado a su sobrino en la mayor hostilidad.
Es
una historia aparentemente cándida, heroica y entretenida, pero
que pone a sus lectores en contacto con el ocultismo y la hechicería.
En
el segundo episodio, titulado Harry Potter y la cámara
secreta, el protagonista se enfrenta a una mortífera serpiente,
que es liberada de su prisión gracias a la magia negra.
Aunque
el libro parece plantear la lucha entre el bien y el mal (y el bien
venciendo al mal), el verdadero mensaje del libro lo dice uno de los
profesores del Hogwarts: No hay ni mal ni bien, sólo
hay poder.
Y
para hacer más inofensivo este mensaje, su autora, J.K. Rowling,
lo mezcla con elementos de ética como el racismo, la discriminación,
la injusticia y la falta de ideales.
¿Será
por esto último que este libro se esté considerando adecuado
para ser leído en los colegios? Si es ésta la razón,
o lo entretenida que puede ser su lectura, se está
descuidando algo mucho más importante.
Reacciones
La
serie Harry Potter ha sido profusamente elogiada por unos,
pero también criticada por otros. Un obispo austríaco
tachó la obra de satánica, pero otro sacerdote, el chileno
José Miguel Ibáñez Langlois, quien es también
un reconocido crítico literario, ha dicho: El libro no
induce a nada negativo, sólo estimula la fantasía de los
lectores.
Según
la prensa inglesa, un sacerdote de Bristol, director de una escuela
católica comentó: Por supuesto que hay peligros
en el ocultismo, pero hay riesgos de toda clase de cosas, y pienso que
eso depende de cómo se las maneje. No creo que la magia sea un
problema. Y los chicos son capaces de separar la fantasía de
la realidad.
Una
actitud más sensata la tuvo Gary Grant, propietario de la juguetería
Entertainer, la más grande de Gran Bretaña:
Desde que me convertí al cristianismo dejé de trabajar
con productos relacionados con Halloween y con cualquier otro artículo
vinculado a temas ocultos.
La
declaración la hizo Grant al negarse a vender en su cadena de
jugueterías los productos basados en la película Harry
Potter y la piedra filosofal.
Mi miedo agregó es que los niños comiencen
a jugar con algo aparentemente inocente y que terminen siendo víctimas
de algo mucho más peligroso. Como padre, no me gustaría
verlos con tableros ouijas y objetos relacionados con el
ocultismo.
Cuando
se le consultó a J.K. Rowling, de 35 años, acerca de si
la brujería que aparece en sus libros podría ser nociva
para los niños, contestó: Eso no es nada. Esperemos
a ver lo que pasa en el último libro. La serie será sombría,
muy sombría.
¿Qué
hay detrás de Harry Potter?
Harry
Potter posiblemente sea el mayor ataque a la fe cristiana en los
últimos tiempos, porque presenta el oscuro mundo de la magia,
la hechicería y el ocultismo con tal atractivo que puede sumergir
en él a grandes y chicos, no dejando ver sus peligros.
Sin
duda, detrás de Harry Potter está la misma
infernal ideología que ha invadido las caricaturas de la televisión,
los videojuegos y las grandes películas de Hollywood.
Numerosos
estudios han demostrado que caricaturas como Pókemon
y Dragon Ball y videojuegos como Mortal Combat
promueven la violencia y la rebeldía en los niños, y que
varios de los asesinatos efectuados por niños fueron inspirados
por aquéllos. Está demostrado también que existe
una íntima asociación de estas caricaturas con el satanismo.
Harry
Potter sigue la misma línea y aun la profundiza. Así
como en todas las naciones desarrolladas ha aumentado la cantidad de
niños psicópatas, asesinos de sus madres o compañeros
de curso por influencia de los juegos violentos, por influencia de Harry
Potter habrá muchos niños iniciándose en
el camino de la brujería y de la magia negra.
¿Cree
usted, estimado lector, que los niños tendrán la capacidad
de discriminar entre la fantasía y la realidad, como lo afirma
el sacerdote de Bristol antes citado?
Javier
Urra, Presidente de la organización española Defensor
del Menor ha dicho al respecto: Los niños tienen
una capacidad especial para crear situaciones virtuales, las cuales
trasladan fácilmente a la realidad, y de las que ellos se hacen
protagonistas. Y este es el peligro, sobre todo para niños con
problemas de personalidad o muy introvertidos.
Llama
poderosamente la atención que toda esta ideología asociada
al ocultismo esté dirigida precisamente a los niños, que
son el blanco más indefenso.
Las
tinieblas contra la Luz
¿Quién
hubiese creído hace unos pocos años atrás que llegaría
el día en que los poderes de las tinieblas serían objeto
de admiración e imitación en el mundo entero? ¿Quién
hubiera creído que el mundo que se dice cristiano abriría
sus compuertas a Satanás?
Pero,
en realidad, no nos debe sorprender. La Biblia dice que el mundo está
en tinieblas, y que los hombres aman más las tinieblas que la
luz. Esto quedó demostrado cuando Cristo, la Luz verdadera, vino
al mundo. El mundo le rechazó, porque el mundo estaba en tinieblas.
Hoy sucede lo mismo. Todavía sigue rechazando la luz y amando
las tinieblas. Sin embargo, las tinieblas no prevalecerán contra
la luz.
Dios
no permitirá por mucho tiempo más el imperio del mal sobre
su creación. Dios no aceptará por mucho tiempo que Satanás
sea exaltado mientras su amado Hijo Jesús es ignorado.
Sepa
usted que llegará el día de la ira de Dios. Sepa usted
que llegará el día en que el Señor Jesucristo se
manifestará como una poderosa Luz, que con su solo resplandor
destruirá al inicuo que hoy ya está siendo admirado en
el mundo (2ª Tes.2:8).
Usted
debe estar advertido de estas cosas para que no se deje engañar.
El mal se disfraza astutamente para que no parezca lo que es. Satanás
se muestra como ángel de luz para engañar al mundo entero.
Pero usted, que ha leído este artículo, está advertido.
No se deje embaucar por la mentira de Satanás. Refúgiese
en Cristo, la Luz verdadera que alumbra a todo hombre, para que escape
usted y sus hijos de aquél engañador.
El
mundo después del 11
El
temor de los norteamericanos por posibles nuevos ataques terroristas
es un signo de nuestros tiempos. Todos temen; todos tiemblan ante los
peligros, sean reales o imaginarios. Casi todos, mejor dicho, porque
hay una clase de personas que descansa confiada en su Dios.
Las
tecnologías que ayudan a la seguridad están experimentando
un repunte en el mundo entero después de lo ocurrido en Estados
Unidos el pasado 11 de septiembre. Una de ellas es la videoconferencia,
que ha experimentado un auge a causa de que los ejecutivos temen viajar.
Otra es aquella que ayuda a la detección de explosivos o ataques
químicos. También se ha desarrollado rápidamente
la industria asociada con la biometría, que utiliza ciertos rasgos
corporales para chequear las identidades.
Louis
Gerstnet, Presidente Ejecutivo de IBM, ha sintetizado muy bien la actual
coyuntura: Antes de la tragedia el tema central eran los gastos:
Ahora será la seguridad.
Sin
duda lo ocurrido el 11 de septiembre ha cambiado la forma en que la
humanidad está enfrentando la vida. La seguridad de la nación
más poderosa de la tierra quedó seriamente en entredicho.
Las armas más sofisticadas no parecen darle ahora seguridad,
ni los organismos de inteligencia parecen estar en condiciones de evitar
las grandes desgracias que penden sobre ella.
Los
edificios más ricos y sofisticados cayeron; la sede del poder
militar fue herida; el orgullo de la nación poderosa fue abatido.
¿Qué puede dar seguridad a un mundo a la deriva?
Los
Estados Unidos se han ufanado siempre de ser campeones de la libertad.
Sin embargo, ahora están dispuestos a perder gran parte de esa
libertad con tal de tener seguridad. La libertad de prensa ha sido restringida
en estos días y pronto lo serán otras de las llamadas
libertades constitucionales.
¿Podrá
hallarse la seguridad en restringir la libertad y en apertrecharse para
la guerra? El mundo sabe que cualquiera de estos días puede ocurrir
algo tanto o más trágico que lo ocurrido el 11 de septiembre.
El mundo ha perdido aun la inestable paz que antes poseía. ¡Esta
es una tragedia verdaderamente grande!
Quien
no tiene en Dios su fortaleza no podrá estar seguro aunque eche
mano a todos los recursos de la tecnología y la industria bélica.
La solución viene por otro lado. El profeta Isaías podía
decir de Dios con seguridad: Tú guardarás en
completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti
ha confiado. (Isaías 26:3).
El
Señor dice también a través de Jeremías:
Maldito aquel que aparta de mí su corazón, que pone
su confianza en los hombres y en ellos busca apoyo. Será como
la zarza del desierto, que nunca recibe cuidados: que crece entre las
piedras, en tierras de sal, donde nadie vive. Pero bendito el hombre
que confía en mí, que pone en mí sus esperanza.
Será como árbol plantado a la orilla de un río
(Jer.17:5-8).
Los
que en estos días tienen sus ojos puestos en el poderío
militar como fuente de su seguridad escuchen estas palabras: Ningún
rey se salva por su gran ejército, ni se salvan los valientes
por su mucha fuerza; los caballos no sirven para salvar a nadie ...
Pero el Señor cuida siempre de quienes le le honran y confían
en su amor, para salvarlos de la muerte y darles vida en épocas
de hambre. (Salmo 33:16-19).
El
salmista agrega, alegrándose en el Señor: Unos
cuentan con sus carros de guerra y otros cuentan con sus caballos; pero
nosotros contamos con el Señor nuestro Dios. A ellos se les doblan
las rodillas, y caen, pero nosotros seguimos firmes y en pie
(Salmo 20:7-8). Pero sobre todo, está la preciosa promesa del
Señor Jesús para los que le aman: Mi paz os doy;
yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón
ni tenga miedo (Juan 14:17).
¿Está
usted entre los amados de Jesús, o está buscando algo
en la tierra que le dé paz y seguridad?
¿Cómo
está invirtiendo su tiempo?
La
forma cómo invertimos nuestro tiempo revela el orden de nuestras prioridades.
¿Cuán sabios somos en ello?
La
vida de un hombre sobre la tierra es aproximadamente de setenta años.
Los primeros quince años son los de la infancia y primera adolescencia.
Veinte años los pasamos en cama, y en los últimos cinco
años, las limitaciones físicas disminuyen nuestras actividades.
Nos quedan, entonces, unos treinta años para vivir como adultos.
Descontando
el tiempo invertido en comer y en cuidar nuestros negocios, nos quedan
tal vez unos quince años. Supongamos que de ellos nos pasamos
siete viendo televisión. Eso nos deja apenas siete u ocho disponibles.
¡Nuestro tiempo es breve! ¿Cuánto de ello invertimos
en Dios?
Tal
vez usted diga: ¡Oh, estoy demasiado ocupado. Sí;
muchas cosas ocupan su atención, y aunque puede usted hallar
alguna satisfacción en ellas, también le dejan mucha aflicción
en su alma. La forma como usted ha invertido su tiempo no le ha hecho
feliz. ¿No es hora ya de que busque a Dios?
Si
usted acerca su oído para escuchar a Dios; si abre su corazón
para recibirle, usted sabrá cosas que nunca antes supo, disfrutará
de una paz que jamás soñó, y podrá llegar
a ser lo nunca imaginó.
Entonces
se dará cuenta que sus grandes negocios y ocupaciones
en realidad no valían tanto la pena. No tanto como para hacerle
olvidar a Dios. Comprenderá que Dios tiene un propósito
más elevado para Ud. Y nunca más se sentirá solo.
Nunca más se le vendrá el mundo encima cuando sobrevengan
los problemas.
Dios
llegará a usted para enriquecerlo de verdad.
Sepa
usted que conocer a Jesucristo es la mayor experiencia de la vida; es
realizar el mejor negocio y la mejor inversión jamás hecha.
¡Para
esto usted tiene que hacer tiempo!
Cuatro
corazones
El
Señor Jesús enseñó que había cuatro
tipos de personas según cómo reciben la palabra del evangelio.
Usted está en uno de esos cuatro grupos. ¿En cuál
exactamente?
El
Señor Jesús contó una parábola, conocida
como del sembrador (Marcos 4:1-20), y en ella plantea esta
enseñanza que involucra a toda la humanidad que alguna vez ha
oído el evangelio. Esta humanidad puede ser dividida en cuatro
grupos. Veámolos.
El
robo de la palabra
A
los primeros, el Señor Jesús los compara con la tierra
que está junto a los caminos. Si se tira allí la semilla,
vienen las aves y se la comen.
Esta
tierra simboliza a las personas que, luego que han oído el evangelio,
viene Satanás y quita la palabra que se había sembrado
en sus corazones. Ellos la habían recibido, pero muy luego la
olvidaron. Tal vez llegaron a su casa y se encontraron con que había
un entretenido programa de televisión, o bien una enconada discusión
familiar atrapó su atención. Luego, pasaron los días
y la palabra se olvidó.
Así,
dejaron escapar por entre sus dedos la más grande bendición
que puede recibir una persona.
La
persecución por la palabra
Los
segundos son comparados con una tierra con piedras, donde la planta,
al salir se seca, porque no tiene profundidad de tierra.
Estos
son los que recibieron la palabra con grande gozo, pero al poco tiempo
ellos se desanimaron porque recibieron burlas, o porque fueron menospreciados,
o amenazados. ¡Ellos habían quedado tan contentos! Habían
sentido que al fin encontraron lo que buscaban. Dios había venido
a sus corazones y lloraban de felicidad.
Pero
vino la tribulación. Tal vez fueron sus padres, o su esposo.
Les atacaron, les amenazaron. Ellos entonces se sintieron avergonzados
y atemorizados, así que decidieron olvidarse del asunto. Prefirieron
pensar que la experiencia vivida era sólo una emoción
momentánea. Se olvidaron de Dios.
La
palabra ahogada
Los
terceros son comparados con una tierra que tiene espinos. Éstos
ahogan la planta de la semilla sembrada, e impiden su crecimiento.
Estos
son los que reciben la palabra con gozo, pero después intentan
llevar su fe de la mano con los afanes de la vida, el amor al dinero
o las vanidades del mundo. Ellos quieren amar a Dios pero aman sobre
todo sus deleites. Así, ellos están siempre en un gran
conflicto. Cada vez que el amor al Señor quiere expresarse, o
la fe intenta crecer, luego se ahoga y se apaga, porque surge el amor
al mundo.
Ellos
no pueden dar fruto para Dios. Pueden ser cristianos y tal vez se reúnan
con otros cristianos todas las semanas, pero ellos nunca podrán
agradar a Dios ni tener plena paz consigo mismos.
Los
frutos de la palabra
Los
últimos son comparados con la buena tierra. Estos son los que
reciben la Palabra con todo su corazón y dan fruto abundante.
En ellos el evangelio luce toda su belleza. Ellos no sólo se
alegraron de recibirlo, sino que perseveran en él. Ellos muestran
un cambio en sus vidas, y son admirados por quienes les conocieron antes
en sus pecados. Su vida experimentó un cambio tal que de verdad
se puede decir que han nacido de nuevo, y que sus antiguas
costumbres quedaron atrás.
¿En
cuál de estos cuatro grupos está usted?
Si
usted ha oído alguna vez el evangelio y lo ha recibido, necesariamente
está en alguno de estos cuatro grupos. Usted es un privilegiado
porque pudo oírlo, pero es un desdichado si está en alguno
de los tres primeros grupos mencionados.
La
voluntad de Dios es que usted lleve mucho fruto. Que sea como esa buena
tierra que da fruto abundante, para gloria de Dios.
¿Son
pocos los que se salvan?
Una
pregunta que muchos se hacen, con la esperanza de estar entre esos bienaventurados.
Muchas
preguntas extrañas, curiosas, le dirigieron los hombres al Señor
Jesús. Cierta vez le dijo uno: ¿Quién es
mi prójimo? Éste buscaba simplemente escabullirle
el bulto a su responsabilidad frente a los demás. Otra vez Nicodemo,
un gran maestro judío, le dijo: ¿Cómo puede
un hombre nacer siendo viejo?. Éste tenía problemas
para comprender el lenguaje alegórico que usaba el Señor.
También Pilato, el gobernador de Judea, le preguntó, cuando
le juzgaba: ¿Qué es la verdad?, pero se fue
sin esperar la respuesta.
Hubo
otra ocasión en que un hombre le preguntó: Señor,
¿son pocos los que se salvan? (Lucas 13:23). Notemos
que la pregunta que este hombre hace no es ¿Soy yo salvo?
o ¿Cómo puedo saber si soy salvo?, sino ¿Son
pocos los que se salvan?
Como
podemos ver, no es ésta una pregunta crucial para el que la hace,
una pregunta dicha con el corazón en la mano, como buscando en
el Señor la aclaración de un gran conflicto interior.
Es, simplemente, una pregunta motivada por la curiosidad. Es una pregunta
como las que se hacen luego que se ha adquirido familiaridad con alguien
importante.
Sin
embargo, el Señor Jesús no estaba dispuesto a satisfacer
la mera curiosidad de nadie. En vez de responder esa pregunta, el Señor
les dice a los que le rodeaban: Esforzaos a entrar por la puerta
angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.
Hay
aquí un llamado a velar por su propia situación particular,
no a conjeturar sobre la suerte que correrán los demás.
¿Quiere usted saber si son pocos los que se salvan? Asegúrese
más bien de estar entre los que se salvan, sean pocos o sean
muchos. Debe hacer lo que se le demanda, y dejar lo demás a Dios.
Usted
pudiera conocer exactamente el número de los salvados, y comprobar
tal vez que sean pocos, pero ¿de qué le serviría
saberlo si no está entre ellos? ¿Los miraría gozoso
en su dicha, estando usted en las llamas del infierno?
Así
que, esfuércese a entrar por la puerta angosta. Usted sabe que
la Puerta es Cristo (Juan 10:9); quien no entra por él no puede
hallar a Dios, ni puede ser salvo.
¿Vagabundos
o peregrinos?
La
vida puede ser vivida como un vagar sin rumbo fijo
o como un peregrinar hacia un destino claro y luminoso.
Las
Escrituras dicen que Dios se cansó de su pueblo Israel en el
desierto, porque ellos vagaban en su corazón y no tenían
expectativas espirituales. Anduvieron cuarenta años dando vueltas
sin rumbo fijo. Por eso Dios se enojó con ellos y determinó
que no entrarían en su reposo (Hebreos 3:10-11), así que
murieron en el mismo desierto.
Muy
distinto, sin embargo, es lo que ocurrió con el patriarca Abraham.
Él salió de su tierra y de su parentela por orden de Dios
y anduvo como peregrino en la Tierra Prometida. Dice la Escritura que
él confesaba que era un peregrino sobre la tierra, porque buscaba
una patria mejor, es decir, una patria celestial. (Hebreos 11:13-16).
Israel
en el desierto y Abraham se encuentran en dos polos opuestos. Uno vagaba
sin rumbo fijo por las arenas del desierto; el otro peregrinaba con
la mirada puesta en el cielo. Ellos representan dos formas de vivir
la vida.
Este
mundo es un lugar de tránsito, nada más. Es un desierto
árido por donde vamos caminando. Todos caminamos. Pero no todos
caminamos de la misma manera. Unos vagan, pero otros peregrinan.
Vagar
en este contexto significa vivir sin una dirección clara, sin
un sentido de trascendencia. Como si la vida consistiera sólo
en comer, trabajar, procrear y disfrutar los pocos momentos de dicha
que tiene el hombre. Vagar significa no saber de dónde
vinimos ni hacia dónde vamos. Quien no tiene una meta más
alta no encontrará razón de vivir cada día. No
sabrá que tiene que alcanzar una meta, que tiene que aprovechar
el tiempo.
En
cambio el peregrinar hacia la patria celestial significa
concentrar las fuerzas para llegar de la mejor manera posible a esa
noble meta, reunir los recursos y ponerlos a disposición de lo
que se espera, significa también tener una sola mirada, un solo
propósito, tener los ojos puestos en un solo lugar, sabiendo
que en ese lugar no hay zozobra, ni quiebra, ni fraude alguno.
Los
que vagan no tendrán buen fin, como no lo tuvo el pueblo Israel
en el desierto. Pero los que peregrinan, como Abraham, llegarán
a la patria por la que esperaron tanto tiempo, y hacia la cual caminaron
con perseverancia.
¿Dónde
está su mirada? ¿Está puesta en Dios o en ninguna
parte en especial? ¿Hacia dónde se dirigen sus pasos?
¿Vaga usted sin rumbo por la vida? Tal vez ya esté cansado.
Tal vez muchas veces ha querido morir, pero sólo los seres que
ama le han retenido.
Si
es así, su vida es un vagar, y ni tiene ni un buen presente,
ni tendrá un mejor futuro. Las fuerzas que ya se le han agotado
son el preludio de un final muchísimo peor. La desesperanza que
hoy siente es el vestíbulo de una habitación tenebrosa
y sin paz.
Es
preciso que sepa que el Señor Jesús es el único
camino que nos lleva a Dios, y que él mismo es también
la puerta que está ubicada al comienzo de ese camino.
Si
usted franquea esa puerta y sigue ese camino tendrá un motivo
por el cual vivir. Su paso recobrará la fuerza, su corazón
recuperará el vigor para vivir. Su alma será apacentada
por el amor del verdadero Pastor de las ovejas. Este es el momento para
que se vuelva a Dios.
Le
invito a orar así: Padre nuestro que estás en
los cielos. Estoy cansado de vagar. Perdona mis pecados y recibe mi
corazón cansado. Dame también la vida de tu Hijo. Quiero
entrar por la Puerta y andar por el camino que es Cristo. En el nombre
de Jesús. Amén.
Usted
puede confiar en esta promesa del Señor: Todo aquel
que en él creyere, no será avergonzado (Romanos
10:11). Quien se encuentra de verdad con el Señor Jesús,
sin duda se encontrará también con otros que tengan la
misma experiencia, y juntos crecerán en la fe, la devoción
y el servicio a Dios.
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