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Estudio Bíblico Apuntes para el estudio de MARCOS PRESENTACIÓN Con gratitud al Señor, presentamos este pequeño trabajo a los hijos de Dios que se interesan por conocer más profundamente las Sagradas Escrituras, y hallar en sus páginas a nuestro precioso Señor Jesucristo. Como su nombre lo indica, son sólo algunos apuntes. No es un trabajo exhaustivo, ni tampoco está terminado. Tenemos la esperanza de que irá siendo enriquecido según tengamos acceso a otras fuentes, y según el aumento de luz que el Señor quiera concedernos. Preparados originalmente para la enseñanza oral en la iglesia en Temuco, se han reunido aquí ahora con la esperanza de alcanzar a otros más allá de nosotros. Estos apuntes sobre el evangelio de Marcos continúan la serie comenzada con el evangelio según Mateo, y esperan ser complementados con los de los otros dos evangelios, conforme vayan naciendo en el ejercicio de nuestro ministerio entre los hermanos en Temuco. No presumimos de originalidad. Nos reconocemos deudores de muchos notables estudiosos de las Escrituras, especialmente a Christian Chen con su «Transformados à Imagem de Cristo, o Servo de Deus», y muchos otros que se van señalando en el transcurso del estudio mismo. Esperamos en el Señor que, más que responder muchas preguntas y satisfacer la curiosidad en asuntos difíciles, este pequeño manual despierte al cristiano piadoso a la realidad de la perfección y belleza de las Sagradas Escrituras, a la grandeza del propósito eterno de Dios para con nosotros, y motivarlo a una lectura más provechosa y atenta del Sagrado Libro. Para la gloria de Dios y bendición de su amada Iglesia. Eliseo
Apablaza F. 1 El
evangelio de Marcos nos muestra al Señor Jesucristo en su condición
de Siervo. Esta es, sin duda, una de las visiones del Señor más
interesantes y provechosas para nosotros hoy, debido a la necesidad que
tenemos de verdaderos modelos de servicio. El primer evangelio Los estudiosos de la Biblia concuerdan en que Marcos es el evangelio más antiguo de los cuatro. Es decir, es la primera «vida de Jesús» que ha llegado hasta nosotros. William Barclay plantea que, como existen muchas similitudes entre los tres evangelios llamados sinópticos, se ha llegado a pensar seriamente que: a) O los tres evangelios extraen su material de una fuente común, o: b) dos de los tres se basan en el tercero. En verdad, de estas dos opciones, la b) es la correcta: Mateo y Lucas tienen como base a Marcos. Veamos cómo se demuestra esto:
De manera que entraremos al estudio del evangelio de Marcos con este supuesto: este es el evangelio más antiguo, que sirvió de base a los otros dos sinópticos. Dos siervos usados por Dios Otro aspecto del contexto es también de gran importancia, el de el o los autores que Dios usó para escribirlo. Decimos el o los, porque no es sólo Marcos, o Juan Marcos, a quien hemos de responsabilizar por este evangelio, sino a Marcos y al apóstol Pedro. ¿Cómo así? Conocer este trasfondo será de mucho provecho para nosotros. Veamos por qué Pedro aparece detrás del evangelio de Marcos. El evangelio de Pedro Por supuesto, el instrumento humano que Dios utilizó para escribir este evangelio es Marcos. Sin embargo, al revisar el evangelio, podemos encontrar en él, como dice Christian Chen, «la sombra de Pedro». Juan Marcos era un hijo espiritual de Pedro, por eso Pedro podía hablar de él como: «Marcos, mi hijo» (1ª P. 5:13). Según la tradición cristiana, Marcos fue un intérprete de Pedro y le ayudó mucho. Veamos, primeramente, algunas evidencias externas, y luego veremos algunas evidencias externas. 1. Testimonios externos Papías, del siglo II, que se dedicó a recopilar antecedentes sobre la iglesia del primer siglo dice: «Marcos, que era el intérprete de Pedro, puso por escrito, aunque no ordenadamente, todo lo que recordaba de aquello que en su vida Cristo había dicho o hecho. Porque él mismo no era uno de los que habían escuchado o seguido al Señor. Había seguido a Pedro, como lo he dicho, en fecha tardía, y Pedro adaptaba su instrucción a las necesidades prácticas, sin procurar de manera alguna ordenar sistemáticamente las palabras del Señor. De modo que Marcos no se equivocó al poner por escrito algunas de las cosas que recordaba con respecto a Jesús, porque su propio objetivo era no omitir ni falsear nada de lo que había oído».1 Ireneo, también del siglo II, escribió: «Después de la muerte de Pedro y de Pablo, Marcos, el discípulo e intérprete de Pedro, él mismo nos traspasó en forma escrita las cosas que Pedro había proclamado».2 Clemente, de Alejandría, del siglo II, dice: «El evangelio según Marcos se originó de esta manera: Como Pedro había predicado la palabra públicamente en Roma, y había declarado el Evangelio por el Espíritu, muchos de los que estaban presentes suplicaron a Marcos, que le había seguido por mucho tiempo y que había recordad sus dichos, que la escribiera. Y habiendo compuesto el Evangelio, lo dio a los que lo habían pedido».3 2. Evidencias internas Aquí sólo mencionaremos las pruebas, las cuales serán más ampliamente demostradas en el transcurso del estudio. Estas pruebas están tomadas del libro «Transformados à Imagen de Cristo, el servo de Deus», de Christian Chen. 1. En el evangelio de Marcos podemos percibir lo que Pedro vio, oyó y lo que podía recordar. Hay muchos detalles del entorno de Pedro, su familia, su casa, su barca, en Capernaum. Además, este evangelio es el más corto de todos, porque se circunscribe a lo que Pedro percibió personalmente del ministerio del Señor. Pedro omitió todos los largos discursos, con excepción de uno, el del capítulo 4. Es más fácil, recordar hechos que discursos. 2. El evangelio de Marcos omite una serie de incidentes de los cuales Pedro no había sido testigo ocular. Por ejemplo, el nacimiento o la infancia de Jesús. Este evangelio comienza cuando Pedro se une al Señor, por eso, ya en el primer capítulo vemos cómo Jesús llamó a Pedro. A partir de ahí, él se convierte en un testigo ocular de nuestro Señor. 3. En el evangelio de Marcos se da énfasis en el ministerio del Señor en Galilea. Y específicamente en la ciudad de Capernaum, ciudad donde residía Pedro. Un estudioso señala que, a su parecer, en la mente de Marcos, Galilea era «la tierra divinamente escogida como esfera de la revelación», y que Judea, en cambio es la esfera de «la oscuridad, del pecado y la muerte». Es evidente que el Señor miró con simpatía a Galilea, partiendo por el hecho de radicarse en Nazaret, y luego en Capernaum. 4. Detalles referidos a Pedro que sólo Marcos registra. Solamente en Marcos se nos dice, en el pasaje de la multiplicación de los panes, que la hierba sobre la cual se recostó la gente era verde (Mc. 6:39), y que la palabra que se traduce por grupos allí significa en griego «canteros de flores». Sólo un testigo ocular puede dar esos detalles. Solamente en Marcos descubrimos la pequeña frase referida a Pedro en la mañana de la resurrección (Mc. 16:7). 4. Son omitidos todos los incidentes que pueden traer honra a Pedro. Como, por ejemplo, la entrega de las llaves del reino de los cielos (Mt. 16:19). 5. En el griego, las palabras Pedro o Simón se hallan 25 veces en Marcos, 25 en Mateo, y 30 veces en Lucas. Como los evangelios no tienen la misma extensión, las proporciones son diferentes. Así, en Mateo la proporción es de 1/727; en Lucas es de 1/678; y en Marcos 1/443 veces. 6. En el evangelio de Marcos, Pedro es el primero y el último de los discípulos en ser mencionado (1:16 y 16:7). Otros
estudiosos, como Everett Harrison, señalan, además, que
el esquema general del evangelio de Marcos coincide bien con el informe
de la predicación de Pedro en casa de Cornelio (Hch. 10). El breve
relato del sermón contiene los siguientes elementos: el comienzo
de la misión de Jesús en Galilea después del ministerio
de Juan; la unción de Jesús por Dios con el Espíritu
Santo y con poder; su ministerio de amor caracterizado por las sanidades,
su muerte y su resurrección. Cuando este esquema es colocado sobre
el Evangelio de Marcos, se podrá ver que concuerda fielmente con
lo que el evangelista ha incorporado en su registro.4 El
autor material del evangelio: Marcos Más acá de Pedro, evidentemente que está Juan Marcos, como autor material de este evangelio. Este es el siervo que Dios usó para escribirlo. Su responsabilidad, aunque puede ser compartida por Pedro, es suya en mayor grado. ¿Por qué Dios utilizó a este hombre, siendo que en primer lugar no era apóstol, siendo que además nunca aparece en las Escrituras ocupando un lugar prominente, y siendo, además lo que parece ser más grave un personaje que tiene algunas tachas? Estos cuestionamientos que pudieran hacerse a la elección de Juan Marcos como el escritor de este evangelio son la que, precisamente, dan lugar a una explicación maravillosa. La vida y figura de Juan Marcos nos ayuda mucho a entender el carácter de Jesús, el Siervo de Dios, tal como es descrito en este evangelio. Siempre que se menciona a Marcos en las Escrituras, se le muestra como un ayudante, un colaborador, pero nunca como un ministro, como alguien de autoridad. Este sólo hecho nos revela la perfecta concordancia entre el escritor de este evangelio y la imagen que nos muestra de Cristo. Sin duda, a la hora de escoger al escritor de este segundo evangelio, Dios escogió cuidadosamente. Revisemos brevemente su vida. Marcos era hijo de una familia acomodada de Jerusalén. En Hechos 12:12 vemos que muchos están reunidos en su casa para orar. Debió de ser una casa grande y bien ubicada. Marcos debió de conocer personalmente al Señor y a los apóstoles. Seguramente él amaba al Señor y se sintió muy atraído por los apóstoles, en esa primera época en que la Iglesia en Jerusalén era muy poderosa. Marcos debió de sentir un gran deseo de servir al Señor. Por eso, cuando Pablo y Bernabé vinieron a Jerusalén desde Antioquía, él quiso ir con ellos (Hch. 12:25). Luego,
cuando Pablo y Bernabé son enviados a la obra desde Antioquía,
deciden llevarlo a él. Sin duda, Juan Marcos era un joven muy promisorio,
en quien los apóstoles vieron un futuro gran siervo que debía
ser preparado. Por eso le llevan como «ayudante» (Hch. 13:5).
La palabra «ayudante» en griego hace referencia a los remadores
de los navíos de la época, que iban en el compartimiento
inferior, y que eran sometidos a grandes esfuerzos. Sin embargo, la realidad debió de superar en mucho a lo que él pensaba era servir al Señor, porque a poco andar, no pudo soportarlo. Así, se aparta de ellos desde Perge de Panfilia (Hch. 13:13). Los historiadores creen que Pablo se enfermó de malaria en esta ciudad, debido a que las condiciones sanitarias en esos lugares eran pésimas. Eso habría ayudado a provocar el desánimo del joven, y la deserción. De esta manera, los sueños del joven Marcos de servir al Señor se truncan. En verdad, la realidad era muy diferente a lo que él había pensado. Por este hecho, Juan Marcos ha sido denominado por un escritor del siglo III, con un adjetivo que significa «dedo mutilado» 5. Lo dice, al parecer, haciendo referencia a una costumbre que existía en la época de los romanos, según la cual, cuando alguien no quería ir a la guerra o enrolarse en el ejército, se cortaba un dedo para así ser desechado. Alguien con un dedo mutilado era, por tanto, un desertor, un cobarde. La falta de Juan Marcos en este episodio se agrava aun más, porque él no regresa a Antioquia, desde donde había sido enviado, sino que se va a Jerusalén, como dice Crisóstomo 6, probablemente buscando el refugio de su madre. Más tarde, cuando Pablo y Bernabé se preparan para su segundo viaje misionero, Juan Marcos se convierte en un motivo de discordia entre ambos. Bernabé quería llevarlo, pero Pablo se opuso. Bernabé conocía el corazón de Juan Marcos, y sabía cuánto amaba al Señor (además, él mismo tenía un gran corazón). Su deserción anterior debe de haber pensado era un rasgo de debilidad que podía justificarse por su juventud, así que ahora debía dársele una nueva oportunidad. Sin embargo, Pablo era mucho más disciplinado y severo. Él pensaba que no debían llevar a quien había desertado en el viaje anterior. Pablo debió pensar Juan Marcos había perdido la oportunidad de servir, y que ya no volvería a ser utilizado por Dios. Sin embargo, la historia posterior demuestra que Pablo estaba equivocado con respecto a Juan Marcos. En varias ocasiones posteriores, Pablo demuestra haber cambiado de opinión respecto de Juan Marcos. En Colosenses 4:10 dice: «Marcos, el sobrino de Bernabé, acerca del cual habéis recibido mandamientos; si fuere a vosotros, recibidle» (esto parece indicar que Marcos estaba con Pablo en la cárcel de Roma al momento de escribir esta epístola). En 2ª Timoteo 4:11 Pablo instruye a Timoteo diciéndole: «Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio» (recordemos que Pablo está en prisión). En Filemón 24, escrita en el mismo tiempo de Colosenses, es mencionado entre los colaboradores de Pablo. Barclay llega a afirmar que Marcos fue «el único colaborador que Pablo quiso, cuando se aproximaba el fin de su ministerio» 7. ¿Cómo se explica esto? ¿Cómo se explica que Marcos haya experimentado tal cambio? Sin duda, el Espíritu Santo había producido en él una obra de transformación. El vaso que antes había sido desechado ahora es útil, y más aún, lo era en un tiempo en que muchos otros estaban desertando. Un episodio vergonzoso Pero hay más. Cuando Marcos escribe su evangelio, seguramente siendo ya un hombre mayor, decide incluir un hecho que es muy peculiar y que ninguno de los otros evangelistas incluye. ¿Por qué los otros no lo incluyen? Porque es un episodio vergonzoso respecto de Juan Marcos, y no quisieron exponerlo. Tal como Mateo es el único evangelista que se describe a sí mismo como «el publicano» en la lista de los apóstoles, Marcos es el único evangelista que incluye un episodio vergonzoso acerca de sí mismo en su evangelio. ¿Cuál es ese pasaje, y por qué lo incluye? Se trata de 14:51-52: «Pero cierto joven le seguía, cubierto el cuerpo con una sábana; y le prendieron; mas él, dejando la sábana, huyó desnudo». Todos los más sabios comentaristas de la Biblia concluyen que este joven mencionado aquí es Juan Marcos. Él vio que los discípulos huyeron, abandonando a su Maestro, y él, que también le seguía, pensó que no debería hacer eso. Pero al momento de ser acosado sintió temor, y huyó. A la vergüenza de haber huido se añade la de haber huido desnudo. Por supuesto, este hecho es anterior a la deserción de la obra con Pablo y Bernabé. Ocurrió cuando Juan Marcos era un joven en Jerusalén, y cuando el Señor estaba en el Getsemaní. Esto indica que Marcos huyó dos veces, en momentos muy cruciales de su vida. Ahora, ¿por qué Juan Marcos incluye este hecho en su evangelio? Algunos comentaristas dan razones muy poco espirituales. Uno de ellos dice: «Bien pudiera ser que Marcos deseaba introducir su propio retrato en algún rincón oscuro de esta escena nocturna, como gustan hacer los artistas, aun los de la antigüedad» 8. Sin embargo, es difícil creer tal grado de vanidad en una época de madurez de Juan Marcos, que es cuando el evangelio fue escrito. Nos inclinamos por otra explicación. Aun siendo mayor, él no podía olvidar la misericordia del Señor para con él. No sólo le había vuelto a utilizar sirviendo a los apóstoles, sino además, le usaba para escribir este relato tan importante. Un hombre como él, un desertor (y doble desertor) también podía ser usado por la gracia de Dios. Ahora, es preciso probar que ese joven que huyó desnudo era realmente Juan Marcos. ¿Cómo había llegado Juan Marcos al Getsemaní aquella noche en que el Señor Jesús fue entregado? Para entender esto, debemos reunir más información. Hay un versículo en Marcos que nos sugiere que el lugar donde el Señor comió la Pascua con los discípulos aquel año «un gran aposento alto» (14:15) fue la casa de Juan Marcos, la misma donde la iglesia aparece reunida después en Hechos capítulo 12. El versículo es: «Y cuando llegó la noche, vino él con los doce» (14:17). Esta frase no es utilizada ni por Mateo ni por Lucas. El que habla (o escribe en este caso) lo hace en primera persona, y lo hace como desde el lugar hacia donde ellos se dirigieron. Lo cual indica que era la casa del joven Juan Marcos. Muy probablemente Juan Marcos fue un testigo oculto de lo sucedido aquella última Pascua en el aposento alto. Para un joven admirador del Señor, esa escena debió de ser inolvidable. Y luego, cuando el Señor y sus discípulos salieron, Marcos debió intentar dormir, pero no pudo. Siendo una época del año de mucho calor, era costumbre que los judíos durmieran apenas tapados con una sábana delgada. Probablemente la turba que buscaba al Señor guiada por Judas acudió a ese lugar cuando el Señor y sus discípulos ya habían salido hacia el Getsemaní. No pudiendo reprimir su curiosidad y el temor por lo que pudiera suceder, Juan Marcos corrió hacia el Getsemaní que, según muchos eruditos bíblicos, pertenecía a su familia. Allí habría sido testigo de otra escena notable: la agonía del Señor en oración. Los discípulos estaban a cierta distancia, y los tres más íntimos dormían. ¿Quién fue, probablemente, el único que oyó las palabras del Señor aquella noche terrible, como un testigo oculto? Juan Marcos. Después, al ver que el Señor era apresado, y que los discípulos huyeron, él intentó seguirle. Pero fracasó, huyendo desnudo. Esta
escena es la que Juan Marcos no quiere omitir, aun para vergüenza
suya. De esa manera él podía dar testimonio de la gracia
de Dios. Ahora, si a Marcos le sumamos Pedro, como la sombra que provee a Marcos de los principales elementos que conformarán su relato, entonces reforzamos esta visión de la gracia de Dios. Porque Pedro fue también un hombre cuya silueta presenta las sombras de varios fracasos. Un desertor y uno que negó al Señor serán, entonces, el resquebrajado basamento humano sobre el cual se levanta la figura maravillosa de Jesucristo como el Siervo de Dios. ***
Cuestionario de Estudio
La centralidad de Marcos El evangelio de Marcos nos muestra al Señor como siervo. Ernesto Trenchard ha dicho que Marcos destaca la Persona de Cristo como el «Siervo de Jehová», quien cumplió las maravillosas profecías de los capítulos 42 a 53 de Isaías.1 Concordante con la visión de Siervo que Marcos nos da del Señor Jesús, los versículos centrales de este evangelio son los 42 al 45, del capítulo 10: «Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo el Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos». Aquí se hace una diferencia entre el servidor y el siervo. El Señor enseña que el que quiera hacerse grande, deberá hacerse el servidor; en tanto, el que quiera ser el primero, deberá hacerse siervo de todos. Esto significa que quien quiera llegar más arriba, deberá bajar más abajo. Porque el siervo es aquel que ha perdido su libertad, y sólo vive para servir. El Señor Jesús tomó para sí esas palabras, así que él llegó a ser el siervo de todos. En el evangelio de Marcos lo vemos como un buey, que es un animal de trabajo. Dos grandes secciones El
evangelio de Marcos tiene 16 capítulos, y su contenido puede dividirse,
de modo muy general, en dos partes: capítulos 1 al 10, y capítulos
11 al 16. Christian Chen dice que en la primera parte hallamos al buey
arando el campo, y en los últimos seis capítulos descubrimos
a ese mismo buey en el altar como un sacrificio, dando su vida en rescate
por muchos. Everett Harrison señala al respecto: «Marcos
es de modo preponderante el Evangelio de la pasión de Cristo. Más
de las dos quintas partes de su relato tienen que ver con el viaje a Jerusalén
y con los sucesos que ocurrieron allí» (10:32 ss). EL SIERVO DE DIOS EN EL EVANGELIO DE MARCOS BOSQUEJO I. PREPARACIÓN DEL SIERVO DE DIOS (1:1-13) Al comenzar a revisar el evangelio de Marcos nos llama inmediatamente la atención el hecho de que, a diferencia de Mateo y Lucas, no aparece aquí ninguna genealogía, ni tampoco se relata su nacimiento. Mateo y Lucas trazan la genealogía humana del Señor, y su nacimiento con cierto detalle, en tanto Juan traza, por decirlo así, su genealogía divina. Sin embargo, Marcos omite toda referencia a los antepasados de Jesús, sean humanos o divinos. Una genealogía es la línea de ascendientes que una persona tiene. Tratándose de gente ilustre, es como una relación de antecedentes, algo propio de gente meritoria. El Siervo de Dios no la tiene aquí en Marcos. ¿Cómo podría tenerla un siervo un esclavo? Un esclavo no tiene pasados ilustres que exhibir, por eso aquí no hay currículum, ni historia. El evangelio de Marcos no comienza con el origen de la persona del Siervo de Dios, sino más bien con los orígenes del evangelio, es decir, con aquello que constituye el servicio que el Siervo vino a prestar. Lo destacado de un Siervo no es su persona, sino su servicio. Ahora bien, en estos trece primeros versículos encontramos tres hechos que preparan el camino y que, a su vez, introducen al Siervo de Dios a su ministerio. 1. El ministerio de Juan, el precursor Luego de anunciarse en el primer versículo: «Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios», se da paso inmediatamente el ministerio de Juan, el precursor, lo cual da a entender que el ministerio de Juan forma parte del evangelio de Jesucristo. Esto se corrobora en la predicación de Pedro (Hechos 10:37) y Pablo (Hechos 13:24-25), quienes solían mencionarlo. Juan predicaba y bautizaba para arrepentimiento, que era la única actitud que convenía tener al pueblo para recibir al Siervo de Dios. Sobre
la usanza y concepto de sí mismo que Juan tenía, Marcos
menciona la sencillez de lo primero y la humildad de lo segundo. Si a
eso agregamos el lugar donde vivía, tenemos el cuadro completo
de un precursor atípico.3 Con
su característico estilo, Marcos pone en boca de Juan un adjetivo
que los otros evangelistas omiten: «A quien no soy digno de desatar
encorvado la correa de su calzado» (1:7).4
Aquí vemos cómo, el precursor del Siervo de Dios, tiene
también la actitud del siervo. 2. El bautismo de Jesús Cuando Juan se encontraba bautizando en el sur, Jesús desciende «de Nazaret de Galilea» para venir a Juan y bautizarse. No sólo vino de Galilea, como lo especifica Mateo, sino de «Nazaret de Galilea» como dice Marcos (1:9). Queda claro, entonces, que el Siervo concluye así su ostracismo de 30 años. Y lo hace viniendo desde su ciudad directamente al Jordán. Juan no fue a Galilea para ofrecer al Siervo de Dios la oportunidad de bautizarse, sino que él viajó lo necesario para venir a Juan. 3. La tentación en el desierto Impulsado por el Espíritu, el Siervo va al desierto. Allí, durante cuarenta días, es probado y examinado. Marcos agrega: «Y estaba con las fieras; y los ángeles le servían». Las fieras debieron sorprenderse ante el espectáculo que veían; en tanto, los ángeles cumplían su ministerio, asombrados, con el Hijo de Dios convertido en Siervo. (Heb. 1:14). Barclay supone que esta convivencia de Jesús con las fieras haya sido un anticipo del momento en que el hombre y el reino animal vivirán juntos en paz. Este escueto informe de Marcos sobre la tentación del Señor («y era tentado por Satanás») es complementado después por Mateo y Lucas, en cuanto al contenido de las tentaciones.5 II. MINISTERIO EN GALILEA (1:14-9:50) La mayor parte del evangelio de Marcos abarca el ministerio del Siervo de Dios en Galilea. Jesús era galileo, y sus discípulos eran galileos (con la sola excepción de Judas). Dios, en su gracia, escogió a Galilea, y el Siervo desarrolla su precioso servicio entre los galileos si bien no fue recibido tampoco por ellos. En estos nueve capítulos de su ministerio en Galilea veremos al Siervo de Dios desplazarse en toda la zona norte de Palestina, especialmente en torno a la cuenca del lago Genesaret o mar de Galilea. En ocasiones, alcanzará más allá de Galilea hacia el noroeste, hacia Tiro y Sidón; también hacia el norte, Cesarea de Filipo, a los pies del monte Hermón; o hacia el noreste, a Decápolis. A diferencia de Juan, Marcos (y también Mateo y Lucas, que le siguen en esto) nos muestra a Jesús ministrando solamente en Galilea y Perea (al este del Jordán), y subiendo una sola vez a Jerusalén, para ofrecer su vida en la cruz. Esto no significa que el Siervo de Dios no haya ido otras veces antes. Como todo judío, él viajaba a Jerusalén regularmente para la celebración de las fiestas más importantes. Juan nos da testimonio de eso. La omisión de Marcos y los otros dos evangelistas sinópticos se explica por el hecho de que ellos simplemente contemplan el ministerio del Señor en Galilea. 4. La delicadeza del Siervo Marcos comienza el relato de este período de manera muy significativa: «Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios» (v. 14). Sólo cuando Juan ha silenciado su voz, el Siervo comienza a predicar. Una lectura desaprensiva de los otros evangelios podría hacer pensar que Juan y el Señor predicaron por algún tiempo simultáneamente, pero aquí Marcos marca claramente el tiempo del inicio de su ministerio. La clase religiosa de Judea ha ignorado a Juan; así que el Siervo va a Galilea. 5. Los primeros discípulos El Siervo de Dios, tal como nos lo muestra Marcos, comienza su ministerio llamando a los que habrían de ser los cuatro discípulos más cercanos: Pedro, Andrés, Juan y Jacobo, dos pares de hermanos, que vuelven a aparecer juntos más adelante (13:3). Ellos eran cuatro pescadores de los muchos que trabajaban en la ribera del mar de Galilea.6 El momento escogido por Jesús, el Siervo, para llamarlos habría de tener un valor simbólico, como Watchman Nee lo señala, al menos para Pedro y Juan. Pedro y Andrés «echaban la red en el mar» (v. 16), en tanto que Juan y Jacobo «remendaban las redes» (v.19). Lo primero anunciaba un ministerio evangelístico (Ver Hechos 2 y 3 para el caso de Pedro), y lo segundo, un ministerio de restauración (Ver especialmente las epístolas de Juan).7 6. Pedro, el testigo ocular Desde este episodio del llamamiento de los cuatro primeros discípulos en adelante, vamos a seguir el relato de Marcos muy cerca de lo que sería el testimonio de Pedro, como testigo ocular e informante de Marcos, tal como lo señalan Papías, Ireneo y Clemente.8 Seremos introducidos rápidamente en todo el entorno de Pedro, como su casa (1:29, 33), su barca (nótese el artículo definido «la», 3:9), su ciudad (1:21). Se nos sugerirá que fue a la casa de Pedro a la cual hicieron una abertura en el techo para bajar al paralítico (2:1-4), que era la barca de Pedro la que el Señor usaba para predicar desde allí a las multitudes (3:9), la misma en la cual el Señor durmió apoyado sobre el cabezal (4:38). Muchos detalles del relato de Marcos son solamente posibles de advertir por un testigo ocular. Solamente en Marcos se nos dirá, por ejemplo, que cuando el Señor predicaba y sanaba la gente se agolpaba, «de modo que ellos (el Señor y los discípulos) ni aun podían comer pan» (3:20) 9 . Sólo Marcos nos contará, en el pasaje de la multiplicación de los panes, que la hierba sobre la cual se recostó la gente era verde (Mc. 6:39), y que la palabra que se traduce por grupos allí significa en griego «canteros de flores». En 6:53 Marcos usará un término marítimo que Pedro como pescador debía conocer, como es «echar anclas». Solamente en Marcos descubriremos que fue Pedro quien llamó la atención del Señor sobre la higuera que se había secado (Mc. 11:21), y solamente en este evangelio encontraremos la pequeña frase referida a Pedro en la mañana de la resurrección (Mr. 16:7). Este último hecho fue muy significativo para Pedro, por lo cual Juan Marcos muchas veces debió oírlo de su boca cuando predicaba el evangelio. 7. El centro de operaciones «Y
entrando en Capernaum» (v. 21). Esta frase de Marcos nos introduce
en la ciudad que habría de ser el centro de operaciones del Siervo
de Dios en Galilea. Por Lucas nosotros sabemos en qué circunstancias
él trasladó su centro de Nazaret a Capernaum (Ver 4:16-31).
Aquí sólo se registra el hecho, escuetamente. De aquí
en adelante, el despliegue de información que se nos da de su ministerio
en Capernaum es realmente notable. Con los primeros milagros del Siervo de Dios, la ciudad se conmovió (1:33); sin embargo, pese a ello, habría de caer en la misma incredulidad de otras ciudades reconvenidas por Jesús, como Corazín y Betsaida (Mt. 11:20-24). En Marcos, sin embargo, no se registran reprensiones para ellas en boca del Siervo. El Rey podrá reprender en Mateo; pero el Siervo calla en Marcos. 8. Un trabajo silencioso En este capítulo 1, hay varios hechos que apuntan a destacar un mismo rasgo de Jesús: su modestia en la realización de su obra. Cuando sana al hombre con espíritu inmundo en la sinagoga de Capernaum, hace callar al espíritu (v. 25). Más tarde se dice: «y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían» (v. 34). Cuando sana al leproso, le dice: «Mira, no digas a nadie nada» (v. 44). Expresiones como estas se repiten a lo largo de todo el evangelio (3:12; 5:43; 7:36: 8:26). Jesús no quería que sus curaciones se publicasen, por tanto, se lo prohibía a los demonios y a los beneficiados con esas curaciones. El Siervo de Dios intentaba incluso ocultar su carácter mesiánico (8:30), como también su magnífica gloria (9:9). El Siervo intenta así bajarle el perfil a sus portentosas obras; él realiza un trabajo silencioso, como conviene a un Siervo humilde. Él buscaba siempre apartarse de las multitudes para retirarse a la soledad (3:7); rehuía la popularidad (6:45). En la soledad encontraba reposo para orar (1:35; 6:46), y para descansar. Aunque no siempre lo lograba. Cuando va a Tiro y Sidón, dice Marcos: «Y entrando en una casa, no quiso que nadie lo supiese, pero no pudo esconderse» (7:24). ¡Qué maravilloso rasgo de su Persona! ¡Cuán impotente se deja ver aquí, pero a la vez tan asequible! Él, que sin duda hubiera podido esconderse, si hubiese puesto un muro de indiferencia alrededor de sí, pero es vencido por la compasión. ¡Qué ejemplo tan hermoso! 9. La diligencia del Siervo Desde el punto de vista estilístico, el evangelio de Marcos muestra en este capítulo una característica interesante. En este solo capítulo se usa 9 veces una palabra griega (eúthus, var. eútheos), que se traduce en castellano como «luego» (v. 10, 18, 20, 43) «en seguida» (v. 30) «inmediatamente» (v. 31), «al instante» (v. 42). En el resto del evangelio se usa otras 33 veces, con lo cual suma 42 veces, 9 más que en los otros tres evangelios juntos. Esto comprueba la diligencia del Siervo de Dios, diligencia que se manifiesta en el obrar incesante. Él vino para servir, no tanto para hablar. En todo este evangelio hay un énfasis en lo que Jesús hace, más que en lo que dice. Esto es, precisamente, lo que se espera que haga un siervo. Este es el más breve de los evangelios, pero está lleno de acciones. Christian Chen dice que un día para el Señor es como mil años para nosotros. Él hacía en un día lo que a nosotros nos tomaría mil años. Su tiempo fue muy bien aprovechado, y cada una de sus acciones fue muy significativa. En la totalidad del evangelio de Marcos se narran 19 milagros, y varios de ellos, con mayor detalle que en otros evangelios, lo cual es muy decidor en un evangelio tan breve. Los estudiosos ven en este hecho una comprobación de que Marcos escribió su evangelio para los romanos, pues ellos eran un pueblo práctico, más de acciones que de palabras. Pero este hecho confirma también la voluntad de Dios para nosotros, que seamos hacedores de su Palabra. (Stgo. 1:22). 10. Comienza la oposición (2:1-3:6) En
el capítulo 2 de Marcos comienza a manifestarse la oposición
contra el Siervo de Dios. Cuando en el capítulo 1 sanó al
hombre con el espíritu inmundo, hubo asombro solamente (1:27),
pero aquí ya hay franca oposición. Cuando el Siervo perdonaba
los pecados al paralítico, los escribas cavilaban: «¿Por
qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién
puede perdonar pecados, sino sólo Dios» (v. 7). Más
tarde serán los fariseos quienes le juzgarán por comer con
los publicanos en casa de Leví (2:16), y quienes acusarán
a sus discípulos por recoger espigas en el día de reposo
(2:23-28). Incluso los discípulos de Juan se suman a los discípulos
de los fariseos para representarle al Siervo el hecho de que sus discípulos
no ayunen (2:18). 11. Los sentimientos y emociones del Siervo Comenzando el capítulo 3 hay un detalle que describe al Siervo de Dios muy hermosamente en su condición humana: su emotividad, que se describirá en muchos otros pasajes del evangelio. Cuando sana en la sinagoga al hombre de la mano seca, y siente el frío legalismo de los fariseos, dice Marcos: «Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano» (v. 5). He aquí los sentimientos del Siervo de Dios ante el legalismo. En este caso era su enojo mezclado con dolor. En otra ocasión será ese mismo dolor, pero expresado en gemidos. Cuando los fariseos discutían con él, pidiéndoles que les mostrara señales, dice Marcos: «Y gimiendo en su espíritu, dijo: ¿por qué pide señal esta generación?» (8:12). Su gemido también expresará una misericordia profunda por el dolor humano, como cuando sana al sordomudo: «Y levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata, es decir: Sé abierto» (7:34). Tanto el dolor por el pobre sordomudo, como por los endurecidos fariseos, le tocaba profundamente, conmoviendo sus entrañas. También se habría de maravillar por la incredulidad de los nazarenos, sus propios paisanos (6:6). Sus propios discípulos habrían de provocar su enojo, cuando alejaban de él a los niños que querían acercársele: «Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis» (10:14). Más tarde, se habría de entristecer y angustiar profundamente en el Getsemaní: «Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse» (14:33). ¿Qué decir de su dulzura con los niños? En dos ocasiones Marcos registra esta actitud. Cuando les enseña a sus discípulos acerca de la humildad de un siervo, dice: «tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo: » (9:36). Poco después, cuando los niños se acercaban a él, dice Marcos: «Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía». Ningún evangelista menciona que Jesús haya tomado en brazos a los niños, excepto Marcos. 12. El Siervo toma decisiones importantes (3:13-35). En el capítulo 3 hay, al menos, tres hechos muy importantes. 1. Primeramente, está la elección de los doce apóstoles. Con ello, el Siervo estrecha el círculo de sus íntimos, porque luego vendrá una mayor oposición desde afuera. Y aquí hay de nuevo una frase de Marcos que es muy significativa, y que ningún otro evangelista registra: «Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar» (3:14). «Estar con él» es previo a «predicar». ¿Cuántas cosas habrá significado para aquellos apóstoles? No podemos saberlo. Pero hay en esto una señal que nos sugiere, al menos, tres cosas: contemplación, comunión y transformación. «Estar con él» es el inicio de todo, es la fuente y motor de toda obra de Dios. La condición del hombre es demasiado vil como para que él pueda iniciar algo desde sí mismo. Es preciso que entre en el lugar secreto para contemplar a Dios primero. Luego, de esa contemplación surgirá la comunión. Habrá un oír, un aprender, un adorar, y un servir. ¿Cómo podría alguno osar «ir a predicar» sin haber estado primero «con él»? ¿Cómo puede alguno osar hacer la obra sin primero haber sido enviado? El Señor Jesús no envió a sus discípulos a predicar sin haberlos tenido con él algún tiempo. Esto explica por qué se realiza tanta obra que Dios no mandó a hacer; por eso hay tantos obreros que no conocen el modelo de la obra de Dios. «Estar con él» no sólo es una demanda para los que anhelan servirle, sino que es un privilegio, al que muchos hoy todavía son llamados. 2. En segundo lugar, está el abierto rechazo que se le da al Siervo por parte de su familia y de los jerarcas religiosos. Los suyos llegaron hasta él «para prenderle; porque decían: Está fuera de sí» (v. 21). Esta es una de las frases más tristes que se pueden imaginar. No sólo él no tenía un lugar donde recostar la cabeza, sino que tampoco tenía un corazón familiar donde ser acogido. Más aún, en el lugar donde debió hallar acogida, halló la burla y el desdén. ¿Habrá una humillación más grande, una ofensa más cruel? Mateo y Lucas omiten esta frase. Juan lo dice de manera mucho más suave: «porque ni aun sus hermanos creían en él» (7:5). Luego, olvidándose de sí mismo, el Siervo de Dios aprovecha esta ocasión para dejar claramente establecida la disociación que hay entre la carne y el espíritu, entre los lazos familiares y los lazos espirituales. Cuando le mandan llamar su madre y sus hermanos, él dice: «¿Quién es mi madre y mis hermanos? Todo aquel que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, y mi hermana, y mi madre» (3:33, 35). Así, por un lado, el Siervo estrecha el círculo con sus discípulos más íntimos, y por otro corta los vínculos familiares. Estrecha lo que es espiritual y aleja lo que es de la carne y sangre. Por su parte, los escribas llegan al extremo de la descalificación, atribuyendo al Siervo el actuar por el poder de Beelzebú. (3:22). Esto da pie para que el Siervo advierta acerca de la blasfemia contra el Espíritu Santo. Con esto se completa el oscuro panorama opositor que se veía venir en el capítulo 2. 3. Por último, un asunto de carácter formal, pero que también apunta al propósito que el Espíritu Santo tiene en este evangelio. En este capítulo 3 se usa mucho la conjunción griega «kai» («y» en español). En el capítulo 3, en griego, de los 35 versículos, 29 comienzan con «y». En griego, este evangelio puede ser dividido en 100 secciones; de ellas, 91 comienzan con la palabra «y». Barclay dice que «es el modo como nos contaría algún episodio un niño ansioso por decir lo que le ha pasado». Es el estilo de Marcos, como el de un niño, con frases cortas, con palabras muy sencillas. Es el estilo sencillo que el Espíritu Santo utiliza para hablarnos de la sencillez del Siervo de Dios. 13. El Siervo enseña por medio de parábolas (4:1-34) En el capítulo cuatro el Siervo dice cuatro parábolas, tres de ellas relacionadas con la semilla. La primera (3-20) trata sobre la semilla del reino, que es recibida por cuatro tipos de terrenos diferentes. La semilla es la palabra y la tierra es el corazón de los hombres. Sólo los que tienen un corazón limpio dan fruto abundante para Dios. La segunda (21-25) habla de la luz, e indica el lugar en que debe ponerse el testimonio de Dios para que pueda bendecir a todos. La tercera (26-29), puede considerarse como una continuación de la primera, específicamente, del crecimiento de la semilla en el cuarto corazón, el corazón puro. La semilla tiene suficiente poder como para asegurar su crecimiento. La palabra de la gracia, cuando cae en un corazón sincero, no necesita, en este sentido, de la ayuda del hombre para que llegue a dar el fruto deseado.10 La cuarta (30-32), de la semilla de mostaza, muestra la anormalidad del crecimiento exterior de la iglesia. La planta de mostaza es un arbusto y no un árbol. Su crecimiento anormal nos habla de la distorsión de la cristiandad a partir de Constantino, en el siglo IV. Y también nos muestra cómo la iglesia podría crecer por medios carnales hasta convertirse en una mera institución humana. Las aves del cielo que crecen bajo su sombra representan la corrupción de toda institución humana. Las tres primeras parábolas nos muestran, así, la genuina realidad interior de la obra de Dios, en tanto, la última nos muestra la apariencia e irrealidad que existe en medio de la cristiandad. 14. El poder y la humildad del Siervo (4:35-5:43) La tempestad en el Mar de Galilea (4:35-41) y la liberación del endemoniado gadareno (5:1-20) deben leerse como una sola cosa. Es debido a que Satanás sabía que el Siervo iba al otro lado del Mar para liberar al endemoniado, que trata de evitarlo. Las aguas del mar están pobladas de demonios, en tanto las potestades habitan en las regiones celestes. Satanás sabía el duro revés que tendría en Gadara y trata a toda costa de impedirlo. Sin embargo, el Siervo muestra todo su poder y autoridad, reprendiendo el viento y el mar, y sanando al hombre. Luego de sanar al hombre, los hombres del lugar, los gadarenos, ruegan al Siervo de Dios que se aleje de allí. Ellos no valoran el milagro realizado, ni menos al Hacedor de aquel milagro, sino sólo lamentan la pérdida de los cerdos. El Siervo accede al ruego de los gadarenos, como también accedió al de los demonios (5:12-13). Más tarde habría de acceder de la misma manera al ruego de Jairo en favor de su hija (5:23-24). ¡Maravilloso es Jesús en su humildad! 15. Relatos ricos en matices Tanto el relato del endemoniado gadareno como el de la hija de Jairo y la mujer que tocó el manto de Jesús son más extensos que los que hace Mateo sobre los mismos hechos. ¿Cómo así, si Marcos es un evangelio más breve que Mateo? En los relatos de milagros, en los cuales seguramente Pedro estuvo presente, hay más detalles, más colorido en Marcos que en Mateo. Por ejemplo, Marcos es el único que registra la cantidad de cerdos que se precipitaron al mar («los cuales eran como dos mil», 5:13), y que agrega el sentir de la mujer al ser sanada: «Y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote» (5:29). Los relatos de Marcos están llenos de matices de alto valor narrativo. Por ejemplo, al relatar la muerte de Juan el Bautista Marcos agrega una interesante observación sobre la actitud de Herodes hacia Juan el Bautista: «Porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le guardaba a salvo; y oyéndole, se quedaba muy perplejo, pero le escuchaba de buena gana» (6:20); al describir las tradiciones de los fariseos Marcos dice: «Y volviendo de la plaza, si no se lavan, no comen. Y otras muchas cosas hay que tomaron para guardar, como los lavamientos de los vasos de beber, y de los jarros, y de los utensilios de metal, y de los lechos», 7:4); al relatar la sanidad del muchacho endemoniado, es el único evangelista que registra el interesante diálogo entre Jesús y el padre del muchacho: «Jesús preguntó al padre: ¿cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo lo es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad» (9:21-24), lo mismo ocurre en el relato sobre del joven rico. Marcos agrega la frase: «Entonces Jesús, mirándole, le amó» 10:21. El diálogo de Jesús y sus discípulos sobre los que tienen riquezas, es más amplio en Marcos que en Mateo y Lucas (Mr. 10:23-24). Marcos es también el único que menciona otros interesantes elementos en diversos episodios de su evangelio. En el episodio del ungimiento de Jesús en Betania, agrega el detalle que el vaso fue quebrado: «Y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza» (14:3), lo cual tiene una gran importancia simbólica. Poco antes de ser entregado el Siervo, Marcos muestra la pérfida alegría de los sacerdotes judíos cuando llegaron a acuerdo con Judas (14:11). Cuando Jesús comparece ante el concilio, refiere cuál era el testimonio de los acusadores de Jesús (14:58), y cuál fue la directa respuesta del Siervo ante la consulta sobre su Persona (14:62). Nos cuenta quién era Simón de Cirene («padre de Alejandro y de Rufo», 15:21, dos hermanos de la iglesia en Roma, a quien Marcos habría dirigido su evangelio, Ver Romanos 16:13). Nos da detalles de las burlas que recibió el Señor en la cruz (15:29-30, 32); nos informa quién era José de Arimatea (15:43); y cómo estaban los discípulos aquella mañana del domingo de resurrección (16:10). Finalmente nos da más detalles sobre la gran comisión del Señor a sus discípulos (16:16-19). 16. Las emociones y sentimientos de otros protagonistas Otro atractivo del evangelio de Marcos radica en la forma cómo él describe las reacciones de quienes son testigos de los milagros de Jesús. Por ejemplo, las gentes de Decápolis «todos se maravillaban» por el milagro hecho por Jesús en el hombre endemoniado (5:20); asimismo, los que vieron el milagro en la hija de Jairo «se espantaron grandemente» (5:42). Cuando el Señor acalló el mar y el viento, los discípulos «temieron con gran temor» (4:41). Marcos describe también de manera muy real cómo los discípulos reaccionaron cuando el Señor iba hacia Jerusalén y les habla de su próxima muerte: «Y Jesús iba delante, y ellos se asombraron, y le seguían con miedo» (10:32). 17. La nostalgia de Pedro Hay un detalle en el relato de la resurrección de la hija de Jairo que puede ser interpretado en relación con Pedro. Cuando el Siervo sana a la muchacha utiliza la expresión aramea «Talita cumi», que significa «Niña, a ti te digo, levántate» (5:41). Sólo Marcos registra expresiones en este idioma que fueron dichas por Jesús. Referente al uso de esta expresión, William Barclay da una hermosa explicación, que transcribimos: «¿Cómo logró entrar esta breve expresión aramea en el griego del Nuevo Testamento? Sólo puede deberse a una razón: Marcos obtuvo la información de Pedro. La mayor parte del tiempo, al menos fuera de Palestina, también Pedro habrá tenido que hablar en griego. Pero él había estado allí; él era uno de los tres que formaban el círculo íntimo, que habían visto suceder esto. Y no habría podido olvidar la voz de Jesús. En su mente y su memoria podría escuchar toda su vida aquel «Talita cumi». El amor, la gentileza, el cariño de esa expresión lo acompañarían para siempre, de tal manera que ni siquiera podía pensarla en griego, porque sólo podía recordarla en la voz de Jesús, en las mismas palabras que él había pronunciado». A la expresión «Talita cumi» tenemos que agregar la palabra «Efata», (7:34), que el Siervo dice cuando sana al sordomudo de Decápolis (valga también para esta ocasión la explicación que hemos transcrito de Barclay, pues ambas ocurren en contextos bastante similares), además está «Boanerges» (3:17) y «Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?». 18. La delicadeza del Siervo en medio de la oposición (6:1-52) El capítulo 6 de Marcos es bastante extenso, y está lleno de incidentes muy variados. En ellos sobresale, por un lado, la delicadeza y ternura del Siervo, y por otro, la incredulidad de sus paisanos y la desconfianza de los gobernantes, en este caso, Herodes. Cuando el Siervo va a Nazaret, es presentado por Marcos como «el carpintero, hijo de María» (6:3). Mateo y Lucas nos dicen, en cambio, que era el «hijo del carpintero». Ambas cosas son correctas, pero evidentemente es distinto decir una cosa que otra. Usted puede ser hijo de un labrador, pero ahora puede haber llegado a ser una persona muy importante. Sin embargo, Jesús no era sólo el hijo del carpintero, sino él mismo era un carpintero. Él mismo había tomado las herramientas, y había construido con sus manos casas para que habitaran los hombres. ¡Este detalle es maravilloso! En Nazaret se encuentra con el menosprecio y la incredulidad de sus paisanos. «Se admiraban» por su sabiduría y sus milagros, pero, al mismo tiempo «se escandalizaban de él» y no creían. (6:2, 3). ¿Dónde estaba más expuesto el Siervo de Dios a ser juzgado en la carne, sino en su casa y su ciudad? Al no haber fe, su poder se vio restringido. «Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos» (6:5-6). Estas dos expresiones subrayadas dan cuenta de dos rasgos que son características del Siervo de Dios. ¿Cuáles? Por un lado, lo que parece ser la limitación que la condición humana imponía al Siervo, y también la falta de cooperación del hombre que restringe la obra de Dios. Si el hombre no está dispuesto a creer, si no quiere recibir la intervención de Dios en su vida, Dios se verá limitado, porque ha dotado de libre albedrío al hombre. Pero respecto a lo que parece ser la limitación del Siervo, en cuanto hombre, hay otros asombrosos ejemplos en Marcos. En cierta ocasión, el Señor dijo: «¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!» (10:23). Los discípulos se desconcertaron por su palabras. Entonces él les volvió a decir: «¡Cuán difícilmente les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas!» (v. 24). Esta segunda frase aclara el sentido de la primera, casi como corrigiéndose un poco. ¡Qué débil parece ser, casi como expuesto a equivocarse! (Otros casos los veremos más adelante cuando revisemos cómo realizó ciertos milagros). Ahora bien, ¿qué diremos del asombro que sintió el Siervo por la incredulidad de ellos? Se da a entender que ni él mismo se esperaba una cosa así. ¡He aquí otra muestra maravillosa de su perfecta humanidad! Sin embargo, nunca encontramos en los evangelios una palabra de recriminación hacia Nazaret, aquella ciudad incrédula, que incluso quiso matarle. (Lc. 4:28-30). 19. Los tiernos cuidados del Siervo Un hecho que Marcos trata sucintamente es la misión de los Doce, a quienes el Señor envía a predicar. (6:7-13). Mateo dedicará todo un capítulo (10) a registrar in extenso las instrucciones del Señor. En este mismo capítulo se registra su regreso, y se hace mención del informe que le rindieron al Señor: «Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado» (v. 30). Y luego tenemos otras vez una particularidad de Marcos: «Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer» (v. 31). Él, como hombre, comprendía el cansancio de ellos, porque él mismo se cansaba; él conocía perfectamente nuestra humana fragilidad, porque él también era un hombre. Este
tierno cuidado del Siervo por sus discípulos se expresa de nuevo
aquella vez que ellos atravesaban en la barca el Mar de Galilea. Él
estaba en tierra, pero seguía, atento, el itinerario de ellos:
«Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les
era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche, vino a ellos andando
sobre el mar» (6:48). Desde lejos, él vio su cansancio y
fue a ellos para ayudarles. 20. La humildad de Pedro En este relato de la tempestad hay otro interesante asunto que conviene destacar. (6:45-52). Si comparamos este relato con el que Mateo hace sobre el mismo hecho, notamos algunas importantes diferencias. Por supuesto, no diferencias de fondo contradicciones, sino en cuanto a la amplitud del relato. Hay un hecho aquí que Marcos omite, pero que no es el único que omite en su evangelio, y que los otros evangelistas registran. Muchos de estos episodios omitidos por Marcos tienen un común denominador: todos ellos, de ser contados, habrían traído honra a Pedro. Si aceptamos que detrás de Marcos está la sombra de Pedro, entonces estas omisiones nos revelan algo de la humildad de Pedro. El caso que tenemos aquí es el de Pedro caminando sobre las aguas. Aunque no es del todo honroso para Pedro (porque se hundía), pero es una muestra de su carácter abierto e impulsivo, de su fe inquebrantable en su Maestro. Pedro podía gloriarse de haber sido el único que se atrevió a dar ese paso de fe, pero, a juzgar por esta omisión de Marcos, Pedro no se gloriaba de ello. Caso similar es el de la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo, y la honra que el Señor le confirió a continuación. El registro de Marcos es muy lacónico. Ocupa sólo cuatro versículos (8:27-30). Marcos no dice que el Señor le haya prometido darle las llaves del reino de los cielos, o que sí registra Mateo (16:19). ¡Al omitir este detalle, Pedro se exponía a que pasara al olvido este hecho, porque cuando Marcos escribió su evangelio ninguno de los otros tres estaba escrito! Tampoco cuenta Marcos acerca del hallazgo del estatero en la boca del pez, que sólo Mateo registra (Mt. 17:24-27). Pedro podía ufanarse que el Señor proveyó el dinero para el pago de su impuesto, pero no lo hace. Cuando llegó el día de preparar la Pascua, Marcos dice que el Señor «envió a sus de sus discípulos» a hacerlo (14:13), pero no dice quiénes. Lucas nos informa que esos dos discípulos fueron Pedro y Juan (Lc. 22:8). El episodio del sepulcro en la mañana de resurrección, que Juan registra con tanto detalle (Jn. 20:1-8), Marcos ni lo menciona. Juan debía de recordar muy bien esa carrera ansiosa aquella mañana, su ventaja sobre Pedro, pero luego, la decisión de Pedro de entrar en el sepulcro primero que él. Juan lo recuerda, pese a los años que habían pasado, pero no Pedro. Era un episodio honroso para él que Pedro prefería olvidar. Lo mismo ocurre con la reacción valiente de Pedro en Getsemaní, al intentar defender a su Maestro. Aquella noche, Pedro expone su vida al sacar la espada, y atacar a Malco. Los otros tres evangelistas lo relatan; dos de ellos mencionando a Pedro. (Mt. 26:51; Jn. 18:10-11). Aparentemente, la intención de Pedro no era sólo arrancarle la oreja. Conforme a la luz que él tenía, consideraba legítimo recurrir a esas armas para defender a su Maestro, y lo hizo. Pero Pedro prefería recordar cómo él negó a su Maestro, en vez que cómo intentó defenderlo aquella noche. He aquí algunas pruebas de la humildad de Pedro, la humildad del siervo que, con los años, llegó a parecerse mucho a su Señor. 21. El Siervo incursiona por tierra gentil (7:1-37) El
capítulo 7 comienza con un episodio doloroso. De nuevo los fariseos
y escribas, venidos de Jerusalén, atacan al Siervo de Dios. Esta
vez es por no guardar sus discípulos la tradición de los
ancianos sobre los lavamientos, que Marcos describe con bastante detalle
(ver especialmente los versículos 3, 4 y 8). El lamentable episodio
concluye con una frase tajante, que sólo Marcos registra: «Esto
decía, haciendo limpios todos los alimentos» (v. 19 b). Este episodio se encuentra también en Mateo con más detalle. Pero aquí quisiéramos observar algo específico. En el versículo 28, la mujer dice: «Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos». El uso de la palabra «Señor» aquí es el único que utiliza alguien al dirigirse al Siervo de Dios. Nunca en Marcos se vuelve a utilizar, excepto en 16:19, 20, pero en boca del evangelista, no de alguien que se haya dirigido a él. Esto es muy singular, porque en los demás evangelios se le llama 73 «Señor». Pero según el contexto, aquí en Marcos ni siquiera la palabra «Señor» tiene el sentido de reconocimiento de la divinidad del Siervo, sino que es más bien una expresión de cortesía. El evangelio de Marcos omite del todo esta palabra, porque Jesús es mostrado en su humildad de Siervo y no en su exaltación como Dios y Rey. 22. Un doble milagro de amor En los versículos finales de este capítulo 7 (versículos 31 al 37) aparece la historia del sordomudo, uno de los dos milagros que sólo Marcos registra. El otro está en el capítulo siguiente y es el del ciego sanado en Betsaida (8:22-26). Ambos presentan rasgos tan similares que los revisaremos juntos. En ambos, el Señor muestra maravillosamente la delicadeza de su carácter, la consideración al hombre más necesitado, su ternura. Tal vez sean estos dos milagros los que resumen mejor la maravillosa visión de Jesús como el Siervo de Dios. Más atrás hemos dicho que la centralidad de Marcos está en 10:45: «Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos». Pues bien, estos dos episodios, exclusivos de este evangelio, plasman de la mejor manera esa verdad. Aquí está, resumido y graficado, todo aquello que el Espíritu Santo nos quiere mostrar de Jesús a través de Marcos. En ambos milagros, el Siervo utiliza métodos bastante peculiares. Ambos los realiza de forma muy discreta. En ambos, el Siervo utiliza sus propias manos. En el caso del sordomudo, el Señor metió los dedos en las orejas de él, escupió su dedo y tocó la lengua enferma (7:31-35). Con el ciego, el Señor escupió en sus ojos y le puso las manos encima. Luego le vuelve a poner las manos sobre los ojos (8:22-26). En ambos escupe, y pone la saliva sobre el miembro enfermo. Sólo Juan registra un caso con semejante procedimiento (9:6-7), pero ninguno de los otros evangelistas.11 El Señor pudo haber sanado a ambos hombres con la sola palabra, pero la atención personal a cada uno indica la extraordinaria preocupación del Señor por cada persona, no importa cuál sea su condición. En ambos milagros usa sus propias manos y su saliva. ¿Qué más íntimo y cercano que eso? Él mismo se dio por ellos el gemido con que ora por el sordomudo así lo proclama. En ambos casos el Siervo de Dios muestra la más tierna consideración hacia los hombres llevándolos aparte de la multitud para sanarlos. Personas como ellos son muy tímidos, y se habrían sentido turbados en medio de una multitud tan curiosa. Durante todo el milagro, el Siervo actuó sin hablar. William Barclay dice, referente a la sanidad del sordomudo: «Todo el relato muestra que Jesús no consideró al hombre meramente como un caso; lo consideró como un individuo». La expresión final de Marcos: «Y en gran manera se maravillaban, diciendo: Bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar» (7:37), nos hace recordar la expresión usada por Moisés en Génesis, referida a Dios, después de concluir la creación: «Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera» (1:31). Esto no es de extrañar, porque se trata del mismo Verbo de Dios quien realizó aquella obra perfecta allí y aquí. La sanidad del ciego de Betsaida tiene otras dos particularidades que quisiéramos destacar. Allí, en la ciudad de Betsaida, ocurrió uno de los hechos más memorables en la historia humana. El gesto de Jesús es notable. Dice Marcos que tomándolo (al ciego) de la mano, lo llevó por toda la aldea y lo sacó fuera para sanarlo. Jesús no sintió ningún recelo en ser lazarillo de un pobre ciego necesitado. Las calles de Jericó fueron testigos de esa escena inolvidable. El Siervo de Dios, de la mano de una débil expresión de hombre. No les encargó a otros que lo llevaran; lo hizo él mismo. El mismo Dios encarnado, solícito por el hombre, camina de la mano con la fragilidad encarnada, uniendo los dos extremos más distantes del universo. ¡Sencillamente maravilloso! La otra particularidad de este milagro es que es el único que el Señor realizó gradualmente. Generalmente, los milagros de Jesús se producían súbita y completamente, pero en este milagro el ciego recobró la vista por etapas. Por supuesto, no se debe a que el poder o la fe de Jesús fuesen insuficientes. Es el Siervo de Dios, el más grande de todos, pero al mismo tiempo el más sencillo y humilde. Tan humano como si no fuese Dios. Algunos ven en la forma como Jesús hizo este milagro, la representación de una verdad simbólica. Barclay lo dice así: «Nadie ve toda la verdad de Dios en forma inmediata». 23. Con el Siervo en la cima y en el valle (8:27-9:29) Omitiremos los primeros 26 versículos de Marcos 8, para adentrarnos en lo que podemos titular como «Con el Siervo de Dios en la cima de las revelaciones y en el valle de la aflicción». En efecto, este pasaje presenta dos cimas y dos valles, alternados unos con otros. La primera cima y el primer valle están protagonizados por Pedro. La respuesta de Pedro respecto del mesiazgo de Jesús es la primera cima (8:27-30), un verdadero acierto de inspiración por intervención de Dios (Mt. 16:17), pero la reconvención de Pedro al Siervo cuando éste anuncia su muerte es el valle (8:31-38), porque no logra interpretar la voluntad de Dios. Pedro en las alturas y Pedro en lo más bajo, junto a Satanás mismo. Sin duda, hay gloria en la revelación que Pedro recibió acerca de Jesús. Pero también hay vergüenza en la intervención tan torpe de Pedro a continuación. La otra dualidad cima-valle está en el capítulo 9: la transfiguración del Siervo antes tres de sus discípulos (la cima) y la impotencia de los restantes discípulos para sanar al muchacho endemoniado (el valle). Pedro de nuevo interviene en lo alto del monte Hermón para proponer la edificación de tres enramadas, pero de nuevo Dios interviene para interrumpir su locura. Los discípulos necesitaban aprender (y nosotros también), algunas cosas de estas cuatro experiencias:
24. El Siervo enseña una lección de humildad (9:30-50) En este último lapso transcurrido antes de dejar Galilea, el Siervo de Dios se ocupa de dejar en el corazón de sus discípulos una importante lección de humildad. En realidad, es la más importante lección, el centro mismo de este evangelio, que volverá a ampliar más adelante en el capítulo 10. Comienza este fragmento que hemos señalado, con una nueva anunciación de su muerte por parte del Siervo. Los discípulos aún no entienden la palabra acerca de su muerte, y tienen miedo de preguntarle (v. 32). En el trayecto hacia Capernaum surge entre los discípulos un tema de conversación muy particular: quién de ellos había de ser el mayor. El Siervo les ha hablado dos veces que él tiene que descender hasta morir, y ellos están preocupados de cómo encumbrarse sobre los demás. Es un asunto de principal importancia que el Siervo no podía dejar pasar. Entonces les dice: «Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos.» (v. 35). Luego toma a un niño en sus brazos y lo pone como ejemplo. En
seguida responde a la observación de Juan derribando, por un lado,
su celo exclusivista, y por otro, enseñando la tolerancia y la
humildad. (9:38-41). Concluida esta importante lección, ellos están en condiciones de dejar Galilea en dirección a Jerusalén. Habrán de necesitarla. Lo que les espera allí habrá de dejarles espantados. ***
Cuestionario de Estudio
3 III. MINISTERIO DEL SIERVO DE DIOS EN PEREA 25. Bajo el signo de la cruz El Ministerio del Señor en Perea es la transición desde Galilea a Judea, por «el otro lado del Jordán». El capítulo 10 relata algunos interesantes episodios de este trayecto. El versículo que caracteriza esta etapa, según el relato de Marcos, es 10:32: «Iban por el camino subiendo a Jerusalén; y Jesús iba adelante, y ellos se asombraron, y le seguían con miedo». Esta frase nos ilustra muy claramente cuál era la disposición del Siervo, y cuál la de los apóstoles. Luego, los hechos narrados muestran cómo el Señor aplicó la cruz en su enseñanza. El Señor iba adelante, nos imaginamos que con paso rápido. Atrás, los discípulos le seguían con miedo. Ellos no sabían qué cosa tan terrible sería la cruz. De hecho, cuando el Señor les anunciaba su muerte, ellos no entendían. Quien había vivido toda su vida con la perspectiva de la cruz, ahora sabía que su hora había llegado. Tenía un solo pensamiento, y eso guiaba sus pasos. No permitiría que nada ni nadie le apartase de él. Tal era la fuerza de su resolución; tal la determinación en su gesto y su mirada, que los que le conocían más de cerca, temblaban. Aunque ellos no sabían exactamente de qué se trataba, intuían al menos que se trataba de algo grande. Por eso, todas las enseñanzas de este capítulo están impregnadas del espíritu de la cruz. La enseñanza acerca del divorcio muestra cómo el Señor exige de los cónyuges un corazón blando, tratado por la cruz (v. 5, 11-12). En el episodio de los niños, el Señor exige a los mayores endurecidos por la vida un corazón tierno. En el episodio del joven rico, el Señor le insta a seguirle, «tomando tu cruz» (v. 21). Luego, ante Juan y Jacobo, a cambio de la ambición de ellos, él les ofrece la cruz como lo único que tiene para ofrecer a sus seguidores. Más tarde, cuando sana al ciego Bartimeo, ¿no es una muestra de cómo la cruz operaba en su propia alma? Él podía excusarse de sanar, aduciendo el dolor anticipado por la cruz que iba a cargar en Jerusalén. No era tiempo de pensar en otros, sino en el dolor de su propia alma. Sin embargo, él se olvida de sí mismo, y atiende al necesitado concediéndole sanidad. IV. MINISTERIO DEL SIERVO DE DIOS EN JUDEA 26. El Siervo constata la apostasía de Israel y decreta su castigo (11:1-26) Para cumplir las profecías tocante a su persona, el Siervo de Dios debía entrar a Jerusalén, anunciando con ello que era el legítimo Rey de Israel. Pero nada impediría que la humildad del Siervo se expresase en el pollino sobre el cual se sentaría. No sobre un brioso caballo, sino sobre un pollino de asno. Luego, al entrar en el templo, no encuentra nada que corresponda a la santidad de esa casa, Su casa. No hay nada acogedor allí, por lo cual abandona el templo y se va a Betania. Allí sí encontraría abrigo. Al día siguiente, en su celo por la Casa de Dios, purifica el templo. Pero la suerte de ese lugar no cambiaría ya. Por eso, debe abandonarlo de nuevo por la tarde. La suerte de Israel está echada, y de eso habla precisamente la maldición de la higuera, que se seca de inmediato. Israel es la higuera que es maldecida. Nadie sino el Hijo de Dios podía decretar sobre ella casi 2000 años de muerte. La ciudad santa se ha convertido en escoria, y el Siervo e Dios, investido de la autoridad del Rey, ordena que quede desolada. Habrían de pasar unos cuarenta años antes de que esta profecía se cumpliera. 27. El Siervo es acosado por los jerarcas religiosos (11:27-12:40) Los jerarcas religiosos le tienden trampas para hacerle caer. La primera es la pregunta sobre la autoridad de Jesús, la segunda es sobre el tributo, la tercera es sobre la resurrección, la cuarta es sobre el gran mandamiento. En todas ellas queda de manifiesto la sabiduría superior del Siervo de Dios. Si los acosadores hubiesen sido gentes sinceras y honestas, libre de prejuicios, habrían caído rendidos a sus pies al ver el milagro que se desplegaba ante su vista. Se cierra este asombroso capítulo con la pregunta del Señor acerca del Cristo, que ellos son incapaces de responder. 28. El Siervo de Dios profetiza eventos futuros Marcos nos descorre un velo que los otros evangelistas omiten: Ante una pregunta de Pedro, Jacobo, Juan y Andrés, él les habla acerca de los eventos del fin. Por única vez en los evangelios aparecen aquí juntos los dos pares de hermanos formando un círculo más estrecho en torno al Señor. En diversas otras ocasiones aparecían sólo tres formando ese círculo. Aquí aparecen cuatro. Este es uno de los pocos discursos del Señor que Marcos contiene. Casi al final, aparece de nuevo una nota característica de Marcos: Muy afín a su estilo agrega una nota muy pintoresca en 13:35: «Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el Señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana». 29. Dos episodios contrastantes Después de una semana de recibir el rechazo en Jerusalén, y la hospitalidad de Marta, María y Lázaro en Betania, Marcos registra una escena final, profundamente significativa: Jesús es ungido por María en Betania. La escena descrita por Marcos tiene, de nuevo, un valor especial, porque hay un detalle que ningún otro evangelista registra: «y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza» (14:3). Esta escena no tendría el mismo valor si no mencionara el hecho de que el vaso fue quebrado. El mero derramamiento del perfume no era suficiente. Para que el cuadro fuera completo debía ocurrir aquello. ¿Por qué? El simbolismo es perfecto. El vaso es el alma, el perfume es el espíritu del hombre que sólo puede ser liberado si el alma es quebrantada. Watchman Nee, en varios de sus libros, como La cruz en la Vida cristiana normal, y en La liberación del Espíritu trata este asunto con profundidad. Este último episodio en Betania tiene un notable contraste con el hecho que se menciona a continuación: Judas hace acuerdos con los principales sacerdotes para entregar al Maestro. El primero está a cargo de una mujer transida de amor por el Señor, y el otro por Judas, uno de sus propios discípulos (14:10-11). *** Cuestionario de Estudio
4 V. PASIÓN Y MUERTE DEL SIERVO DE DIOS 30. Marcos entrega detalles inéditos del día en que el Siervo fue entregado No entraremos aquí en el desglose de los eventos que ocurrieron en torno a la cruz. Sólo revisaremos algunos elementos que Marcos muestra como detalles inéditos acerca de estos momentos dramáticos. Por ejemplo, el hecho que omita los nombres de los dos discípulos a quienes el Señor encomendó la tarea de preparar el lugar para la Pascua, la significativa frase: «Y cuando llegó la noche, vino él con los doce», que nos sugiere que el aposento utilizado era el de la casa de Marcos, y que Marcos mismo estuvo allí como testigo seguramente oculto de esa escena, la frase en el Getsemaní: «Y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora»; más tarde, al momento de venir la turba para prenderle, la frase referida a Judas: «Y cuando vino» (14:45), que de nuevo sugiere la calidad de testigo de Marcos, tal vez oculto detrás de algún árbol; el episodio del joven que huyó desnudo (14:51-52), una alusión indirecta al mismo autor del evangelio, lo que hace pensar en que Marcos fue testigo de la serie de hechos que comienzan con la última cena hasta este momento en que huye. Marcos sigue entregándonos otros detalles inéditos: Cuando el sumo sacerdote pregunta a Jesús si él era el Cristo, él contesta: «Yo soy». Los otros evangelistas registran una respuesta indirecta a la misma pregunta. Mateo: «Tú lo has dicho» (26:64). Lucas hace decir al Señor, ante la pregunta de si es el Cristo: «Si os lo dijere, no creeréis» (22:67), y ante la pregunta de si es el Hijo de Dios, el Señor dice: «Vosotros decís que lo soy» (22:70). Juan, en tanto, no registra el hecho. Como vemos, Marcos es muy directo al registrar la respuesta del Señor. Marcos también nos muestra que el patio donde Pedro estaba con las criadas, al momento de negar al Señor, estaba «abajo» (14:66). Cuando al Siervo va a la cruz, Marcos nos da un dato importante de Simón de Cirene: era el padre de Alejandro y de Rufo (15:21). Rufo es mencionado en las salutaciones finales de la epístola de Pablo a los romanos, lo que da a entender que él vivía allí con su madre (16:13). Cuando el Siervo está en la cruz, Marcos registra con más detalle que los otros evangelistas las injurias que le dirigían al Siervo: «Y los que pasaban le injuriaban meneando la cabeza y diciendo: ¡Bah! Tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos » (15:29, 32). Finalmente, Marcos nos entrega una información relevante acerca de José de Arimatea: «Miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios » (15:43). VI. RESURRECCION E INSTRUCCIONES DADAS POR EL SIERVO DE DIOS 31. La resurrección, comisión y ascensión Elementos para la polémica La
comisión que da el ángel a las mujeres, de avisar a los
discípulos acerca de la resurrección y de próxima
reunión del Señor con sus discípulos en Galilea,
tiene una pequeña frase que sólo Marcos registra, y es la
alusión a Pedro (16:7). Esta pequeña frase resalta como
testimonio del mismo Pedro, quien debe haberla recordado con mucha emoción.
Luego de negar al Señor, Pedro debió de sumirse en una profunda
depresión. Esos días del Señor en la tumba seguramente
fueron algo muy terrible para Pedro. Pero ahora, esa pequeña frase
le devolvía la esperanza. ¡El Señor no le había
rechazado! La comisión del Señor a sus discípulos luego de la resurrección tiene, en Marcos, elementos no consignados en otros evangelios: «El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas que el no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; y tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán». (16:16-18). Aquí encontramos varios elementos que debemos considerar. Primero, uno que ha sido motivo de mucha polémica: la referencia al bautismo como requisito para la salvación. En realidad, no se trata de un requisito para la salvación eterna sino para la salvación del mundo como sistema, que está bajo condenación. (Ver Watchman Nee, lección sobre «El bautismo») Otro tema también polémico se refiere a las señales que el Señor menciona en los versículos siguientes, señales que «seguirán a los que creen». Si esas señales no se cumplen en todos los cristianos, no significa que éstos no sean cristianos, sino más bien significa, simplemente, que no han llegado a tomar para sí aquellas cosas que ahí se mencionan. No creen que esas señales están disponibles para todos, también para ellos. El
Señor le dijo al padre del muchacho endemoniado: «Al que
cree todo le es posible» (Marcos 9:23). Por lo tanto, el creer en
que esas señales se cumplirán en el creyente, eso es la
piedra de toque para recibirlas. El que no cree no las recibe, el que
cree las recibe. ¡Verdaderamente es muy simple! Finalmente, la confirmación del asunto anterior de las señales: «Predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que le seguían». Aquí están de nuevo las señales, seguramente las mismas que se mencionan en los versículos anteriores. Por el relato de Hechos comprobamos que esas señales siguieron a los apóstoles, y confirmaban la Palabra del Señor. ¡Preciosa normalidad de la Palabra de Dios y de sus promesas! *** Cuestionario de Estudio
APÉNDICE Finalmente, y aunque parezca una reiteración, agregamos dos apéndices que resumen lo tratado sobre el Señor Jesús como Siervo de Dios, y otro sobre Jesús como Hombre. Jesús como el Siervo de Dios 1. Marcos comienza su evangelio sin genealogía. Mientras Mateo y Lucas trazan la genealogía humana del Señor, Juan traza, por decirlo así, su genealogía divina. Una genealogía es como un currículum, una relación de antecedentes, algo propio de gente meritoria. Pero, ¿cómo podría tenerla un siervo? Un esclavo no tiene pasados ilustres que exhibir. Así que no hay currículum, ni historia. 2. Nunca es llamado «Señor» por otra persona. A diferencia de los otros evangelios, en que a Jesús se le llama 73 veces Señor en éste nunca es tratado así por una persona (excepto en 7:28, que tiene una acepción común de respeto). Sólo al final del evangelio, después de la resurrección, el Espíritu Santo usa la palabra «Señor», porque el que era Siervo ahora ha sido exaltado (16:19, 20). En su ministerio terrenal él es, simplemente, Jesús, el siervo. 3. En todo este evangelio hay un énfasis en lo que Jesús hace, no en lo que dice. Y eso es, precisamente, lo que se espera que haga un siervo. Este es el más breve de los evangelios, y está lleno de acciones más que palabras. Y un día para el Señor es como mil años para nosotros. Él hacía en un día lo que a nosotros nos tomaría mil años. Su tiempo fue bien aprovechado, y sus acciones fueron significativas. En Marcos se narran 19 milagros, y sólo 4 parábolas. Esto corrobora también el por qué Marcos escribió su evangelio para los romanos, pues ellos eran un pueblo práctico, más de acciones que de palabras. Esto muestra no sólo como era Jesús como siervo, sino también cómo hemos de serlo nosotros. 4. Marcos pone énfasis en el trabajo silencioso. En varias ocasiones, Jesús pedía que no se publicasen sus curaciones, tanto a los demonios (1:34; 3:12) como a los hombres que eran beneficiados con ellas (1:44; 5:43; 7:36; 8:26), o su carácter mesiánico (8:30), o la transfiguración en el monte (9:9). Intenta bajarle el perfil a sus portentosas obras, como conviene a un Siervo humilde. 5. El estilo de Juan Marcos es sencillo e infantil. Juan Marcos es siempre mencionado en la Escritura como un joven, o como uno que ayuda; nunca como un anciano sabio y experimentado. (Mr. 14:51-52; Hech. 13:5; 2 Tim. 4:11). Consecuentemente, el estilo de su escritura es como el de un niño, con frases cortas, con palabras muy sencillas. Por ejemplo, Marcos utiliza mucho la conjunción «y». En el capítulo 3, en griego, de los 35 versículos, 29 comienzan con «y». Barclay dice que «es el modo como nos contaría algún episodio un niño ansioso por decir lo que le ha pasado». En griego, este evangelio puede ser dividido en 100 secciones; de ellas, 91 comienzan con la palabra «y». 6. Marcos muestra milagros con intervención directa del Señor. Hay dos milagros en Marcos que ningún otro evangelista registra, y en ambos, el Señor utiliza métodos bastante peculiares. Ambos los realiza de forma muy discreta, en un lugar apartado. El primero es la sanidad del sordomudo. El Señor metió los dedos en las orejas de él, escupió su dedo y tocó la lengua enferma (7:31-35). El otro es la sanidad del ciego de Betsaida. El Señor escupió en los ojos del ciego y le puso las manos encima. Luego le vuelve a poner las manos sobre los ojos (8:22-26). En ambos escupe, y pone la saliva sobre el miembro enfermo. Sólo Juan registra un caso con semejante procedimiento (9:6-7), pero ninguno de los otros evangelistas. El Señor pudo haber sanado a ambos hombres con la sola palabra, pero la atención personal a cada uno indica la extraordinaria preocupación del Señor por cada persona, no importa cuál sea su condición. En ambas manos usa sus propias manos y su saliva. ¿Qué más íntimo y cercano que eso? Él mismo se dio por ellos el gemido con que ora por el sordomudo lo confirma. El Siervo de Dios como Hombre a) La comida de este Siervo era el pan. El pan es el alimento más sencillo, el único que está en todas las casas, y también estaba en la casa de Pedro, el pescador, en Capernaum, donde estaba Jesús con sus discípulos (Marcos 3:20). Esa expresión «ni aun podían comer pan» brilla por su modestia y sencillez. b) Jesús, el carpintero. Marcos nos dice que Jesús es «el carpintero» (6:3). Mateo y Lucas nos dicen, en cambio, que era el «hijo del carpintero». Ambas cosas son correctas, pero evidentemente es distinto decir una cosa que otra. Usted puede ser hijo de un labrador, pero ahora puede haber llegado a ser una persona muy importante. Jesús no era sólo el hijo del carpintero, sino él mismo era un carpintero. Él mismo había tomado las herramientas, y había construido con sus manos casas para que habitaran los hombres. c) La necesidad del descanso. Guillermo A. Ross señala que en diez diferentes ocasiones, Cristo se retiró de las multitudes para estar solo con sus discípulos o con su Padre. Después de una larga jornada, los discípulos estaban cansados. Entonces, el Señor les dice: «Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco» (6:31). Él, como hombre, comprendía el cansancio de ellos, porque él mismo se cansaba; él conocía perfectamente nuestra humana fragilidad, porque él también era un hombre. Este precioso rasgo del Señor se expresa también en la siguiente frase: «Y viéndoles remar con gran fatiga ... vino a ellos andando sobre el mar». (6:48). Desde lejos, vio de nuevo su cansancio y fue a ellos para ayudarles. d) Ninguno habla tanto de las emociones del Señor. En 7:34 y 8:12 se nos dice que el Señor Jesús gimió en su espíritu. Esos gemidos, más que las palabras, expresaban el profundo dolor indecible dolor de Siervo por las miserias del hombre (También 14:33-34). Tanto el dolor por el pobre sordomudo como por los endurecidos fariseos le tocaba profundamente, conmoviendo sus entrañas. Se maravilló de la incredulidad (6:6), fue movido por la ira ante la dureza de los hombres (3:5; 10:14). e) Precisa sus palabras para que le entiendan. En cierta ocasión, el Señor dijo: «¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!» (10:23). Los discípulos se desconcertaron por su palabras. Entonces él les volvió a decir: «¡Cuán difícilmente les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas!» (v. 24). Esta segunda frase aclara el sentido de la primera, casi como corrigiéndose un poco. ¡Qué débil parece ser, casi como expuesto a equivocarse! f) Curaciones en dos etapas. En Marcos se relatan dos curaciones que el Señor realizó en dos etapas. Una de ellas es exclusiva de Marcos. Cuando atiende al endemoniado gadareno, vemos que primero le ordena salir, pero al no salir, le pregunta por su nombre. Luego, los demonios le hacen una petición, y él accede a ella. (5:1-20). Cuando sana el ciego de Betsaida, primero el hombre ve parcialmente, y después de poner las manos sobre él la segunda vez, ve bien (8:22-26). El Señor es mostrado aquí tan humano como cualquiera. Casi como si su fe no hubiera sido perfecta para sanar de una vez. El Espíritu Santo nos muestra aquí al Siervo muy parecido a los siervos. Algo similar vemos en el comentario que hace Marcos de la visita del Señor a Nazaret. «Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos» (6:5, 6). g) Se muestra accesible y confiado. En el episodio del joven rico, Marcos dice que Jesús, «mirándole, le amó» (10:21). ¿Cómo no amar a quien se había esforzado por ser justo? ¡Se muestra muy confiado en las palabras del joven, casi como si no pudiera sospechar que después él iba a desistir! h) Contiene escenas de la máxima humildad. En la ciudad de Betsaida ocurrió en hecho memorable en la historia humana (8:22-26). Le trajeron un ciego para que lo sanara. Él, tomándolo de la mano lo llevó por toda la aldea y lo sacó fuera para sanarlo. Jesús no sintió ningún recelo en ser lazarillo de un pobre ciego necesitado. No les encargó a otros que lo llevaran; él mismo lo hizo. El mismo Dios encarnado, solícito por el hombre, camina de la mano con la fragilidad encarnada, uniendo los dos extremos más distantes del Universo. Marcos es también el único evangelista que nos dice que Jesús tomaba en los brazos a los niños, y los bendecía. (10:16). i) Contiene escenas de la máxima humillación. Sus familiares le buscaban porque decían que estaba loco. Los hermanos y familiares de Jesús lo buscaban para llevarle a Nazaret, porque decían: «Está fuera de sí» (Marcos 3:21). Juan en su evangelio muestra la hostilidad familiar de modo más suave: «Porque ni aun sus hermanos creían en él». Pero no era sólo que no creían en él: era considerado un loco para su propia familia. ¿Habrá una humillación más grande, una ofensa más cruel? *** BIBLIOGRAFÍA BARCLAY,
WILLIAM: El Nuevo Testamento Comentado, Vol.3 Marcos Este
material ha sido concebido como un cuaderno de estudio, |