Estudio Biblico

Lección 11
JOSÉ

Génesis capítulos 37 al 50

«No conozco tipo de Cristo más hermoso y perfecto que José, ya sea que le consideremos como objeto del amor del padre o de la envidia de «los suyos», o en Su humillación, Sus sufrimientos y Su muerte, Su elevación y Su gloria. En todo lo hallamos notablemente tipificado por José.» (C. H. Mackintosh)


La figura de José al final de Génesis no sólo cierra la lista de patriarcas antes de la constitución del pueblo de Israel, sino que en su sentido tipológico y profético es una figura del más alto interés. Desde el punto de vista tipológico constituye la más acabada síntesis del Hijo de Dios en su rechazamiento y en su gloria, y desde el punto de vista profético nos muestra alguna de las últimas escenas del eterno propósito de Dios, al final de la historia. Asimismo, «nos muestra –como dice Matthew Henry– el destino de los creyentes, que deben entrar en el reino a través de muchas tribulaciones».

Así que, premunidos de esta expectación, nos abocaremos al estudio del último de los personajes del Génesis.

Comienzan las dificultades

José era el undécimo hijo de Jacob, pero era el primero de Raquel, su esposa amada, y su hijo favorito.1 Era un príncipe de Dios, y el verdadero primogénito de Jacob.

La historia de José comienza a desgranarse tempranamente, cuando él tenía sólo 17 años. El escritor inspirado nos introduce rápidamente en dos hechos que van a tener repercusiones en la vida de José: el amor especial de su padre y la envidia de sus hermanos.

El afecto especial de su padre (simbolizado en la túnica de muchos colores que le hizo), y las revelaciones que José recibió de Dios, despertaron la envidia de sus hermanos; no obstante, José mantuvo firme su testimonio, pues en dos ocasiones contó sus sueños proféticos. En los hermanos de José vemos a los judíos en tiempo de Jesús, que le odiaban a muerte. (Juan 1:11; Mateo 26:59), y en el testimonio de José vemos la firmeza del testimonio de Jesús delante de ellos. (Juan 18:37; 1 Tim. 6:13).

Israel envió su hijo a sus hermanos para favorecerles, viendo cómo estaban, pero ellos le maltrataron. Así también el Padre envió a su Hijo amado a su pueblo para salvarlos, pero ellos le mataron. El Padre le dio a su pueblo lo mejor que tenía, pero ellos le devolvieron lo peor que pudieron. ¡Qué distinto es el corazón de Dios del de los hombres! (Vea la parábola de los labradores, Mateo 21:37-38). Tal como los hermanos de José se dividieron por causa de José –porque no concordaban acerca de lo que harían con él– así también los hermanos de Jesús. «La tierra y el cielo estuvieron divididos respecto a Cristo, y aun lo están.» (C. H. M.) Pero en la exaltación de José vemos también la distinta suerte que Dios le dio a Aquél que sus hermanos aborrecieron tanto como para matar.

La profecía de Jacob respecto de su hijo José anuncia los sufrimientos de Cristo y su exaltación por el Padre (Génesis 49:22-26). Los «arqueros» le asaetearon y le aborrecieron, pero el Padre fortaleció sus brazos, y le colmó de bendiciones. Los hombres le llevaron a la cruz, pero el Padre le sentó a la diestra en su propio trono.

Esclavo y reo

José en la cisterna muestra lo mejor que el hombre puede hacer con el Hijo de Dios (lo primero que hacen es despojarle de su túnica –símbolo de sus privilegios de hijo predilecto–, compare Gén. 37:23 y Jn. 19:23), pero lo que sigue en la historia de este patriarca es una sucesión de hechos que le llevarían a la plena exaltación. Nada de lo que intentaron sus enemigos podría hundirle, pues la mano amorosa de Dios estaba a su favor. Todo lo que siguió tenía un único fin: «la elevación del hombre echado en la cisterna». (C. H. M.) «Sus hermanos le habían despojado de la túnica propia de la nobleza, pero no pudieron despojarle de la nobleza del corazón, ni de su prudencia y virtud.» (M. Henry). «La ropa de la primogenitura se la pudieron quitar, mas el oficio de la primogenitura, en la providencia de Dios, jamás se lo quitaron.» (Cliff Truman).

En vano intentó Satanás tentarle a través de la mujer de Potifar; en vano le echó en la cárcel; en vano trató de sumir a ese joven, «apartado de entre sus hermanos» (49:26; Dt. 33:16), a quien amaba su Padre. En vano el copero, en su prosperidad, le arrojó de su memoria, porque había Uno que no le olvidaría. En vano se confabulaba el infierno en su contra, porque «Dios estaba detrás de la escena dirigiendo con su mano los resortes de todo el vasto encadenamiento de circunstancias, y en su día y hora hace salir a la luz al hombre de su consejo, estableciéndole en lugar espacioso. (C. H. M.).

El día de la exaltación

Y llegó el día en que el hijo amado de su padre, y aborrecido de sus hermanos, llegó a ser «el señor de la tierra» (42:6), a quien el Faraón llenó de gloria (45:13). Fue despojado sucesivamente de sus vestiduras anteriores, para ser vestido finalmente de «lino finísimo» (41:42). Todo cuanto Faraón tenía, era administrado por José. Toda autoridad le fue dada a José en toda la tierra de Egipto. Y aun más, «de toda la tierra venían a Egipto para comprar de José, porque por toda la tierra había crecido el hambre.» (41:57). ¿No es todo esto un anticipo de lo que será el reino de Cristo, con toda la autoridad y la gloria del Padre, en toda la tierra? 2

Dos notables hechos por cumplirse

Estando José en esa posición ocurren dos hechos notables, también de valor tipológico y profético, de ocurrencia aún futura:

El primero es el casamiento de José con una mujer extranjera (cap. 41), hecho que anuncia las bodas del Cordero. Se trataba de Asenat, hija de Potifera, sacerdote de On.3 La mujer extranjera de José es un tipo de la Iglesia, que se une a su esposo el día de su exaltación. «Cristo se presenta a los judíos, y, rechazado por ellos, toma su lugar en los cielos, desde donde envía al Espíritu Santo para reunir una Iglesia escogida, compuesta de judíos y gentiles, destinada a estar unida a él en la gloria celeste.» (C. H. M).

La esposa egipcia de José se unió a él en su gloria. Aunque estuvo con él (más bien «en él») en su vituperio, es en su gloria cuando ella se une a él, para participar de los gozos gloriosos. El cumplimiento de este día se acerca con mucha prisa en lo que respecta al Señor y a su Iglesia. Cuando el Señor esté sentado en su trono de gloria llamará a sí a su amada, se celebrarán los esponsales, y ella participará plenamente de la dicha que le ha sido reservada (Juan 12:32).

El segundo hecho es el encuentro de José con sus hermanos, lo cual anuncia la restauración del pueblo judío. (Cap. 45). La entrevista de José con sus hermanos presenta más de un rasgo de semejanza con la historia de Israel en los últimos días. Mientras José estuvo escondido de sus hermanos, ellos tuvieron serios problemas, especialmente con su conciencia (42:21-22; 44:16). Habían vendido a su hermano y engañado a su padre. Ahora, al cabo de los siete años de abundancia, Dios arroja a los hijos de Jacob en manos de su hermano rechazado. En ese momento, ellos están a disposición de José. La vida de ellos depende de él enteramente. Su conciencia se despierta vivamente cuando José les exige la venida de su hermano. El dolor de su padre Jacob contribuye a afligirles también. Ellos están entrampados, y están en las manos de su hermano.

Pero llega el momento en que José se descubre. Así también llegará el momento en que Jesús se dé a conocer a sus hermanos judíos. Esa será una escena íntima y de gran patetismo. Por un lado se manifestará en ellos el remordimiento y la convicción de pecado, y por otro, en el Señor, la gracia desbordante. «Mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito». (Zacarías 12:10). La convicción de pecado no hace más que poner en evidencia la maravillosa gracia de Dios, de lo cual ya hubo un anticipo el día de Pentecostés (Hechos 2:37-38).

Otros anuncios proféticos

Hay otro aspecto profético que también merece destacarse. Estando José en el pináculo de la gloria, él se esconde, en cierto modo, para ligar al pueblo a su rey (47:23). Esto nos hace mirar el día aquél, grande y maravilloso, cuando el Hijo, teniendo todas las cosas bajo sus pies, entregue el reino al Dios y Padre, para que Él sea el todo y en todos (1 Cor. 15:28).

¿No es precioso encontrar el germen de estas verdades –tan trascendentes y lejanas aun en el tiempo– ya en el libro de Génesis? «¡Oh, profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!» (Romanos 11:33).

Así pues, habiendo revisado lo principal de lo que nos enseña la historia de José, es decir, después de haber visto en figura, la misión del Hijo para con la casa de Israel; su humillación y el desprecio de que fue objeto; la aflicción profunda, el arrepentimiento final y la restauración de Israel; la unión de Cristo con la Iglesia; la elevación y el gobierno universal de nuestro Señor Jesucristo, y, por último, la entrega de todo el gobierno al Dios y Padre, en la eternidad futura; después de haber presenciado –aunque como por un espejo– el cierre del plan de Dios, cerramos también este libro de Génesis con la convicción (y la emoción) de haber comprobado fehacientemente la presciencia de Dios, diseñando las cosas en el pasado eterno, realizándolas ante nuestros ojos, y consumándolas en el otro extremo de la línea de tiempo.

***

1 «José nació en Harán, 75 años después de la muerte de Abraham y 30 años antes de la muerte de Isaac, siendo su padre como de 90 años, y 8 años antes del regreso a Canaán. Fue vendido como esclavo a los 17 años; estuvo 13 años en casa de Potifar y en la cárcel; a los 30 años fue hecho gobernador de Egipto, y murió a los 110 años.» (Halley, op.cit.).

2 El nombre dado por faraón a José es Safnat- Panea. «Safnat», que significa «hombre-alimento», y Panéaj», que significa «de la vida». Así, José era tipo, también en esto, de Cristo, quien pudo llamarse a sí mismo «pan de la vida» (Juan 6:35, 48, 51) (Henry, op.cit.).

3 En 1912, Sir Flinders Petrie descubrió ruinas de un palacio, en la ciudad de On, que se cree haya sido el de José. Según la tradición, fue en On (también llamada Heliópolis) donde vivieron José y María con Jesús mientras estuvieron en Egipto. (Halley, op.cit.).

Cuestionario

1. Cuál es el significado tipológico y profético de la figura de José?
2. ¿Qué hechos marcan la vida de José desde su juventud?
3. ¿Qué hechos relevantes respecto de Cristo contiene la profecía de Jacob respecto de José?
4. ¿Qué dos hechos de carácter profético ocurren a José cuando ya era gobernador? ¿Qué anuncian?
5. ¿Qué último hecho en la vida de José anuncia el hecho postrero de la profecía bíblica?

 


ANEXO: José, tipo de Cristo

 

 

1. Ambos fueron amados por sus padres (37:3; Mt. 3:17)
2. Ambos se consideraron a sí mismos (37:2; Jn. 10:11-14).
3. Ambos fueron enviados a sus hermanos por sus padres (37:13,14; Lc. 20:13; Jn. 3:17; He. 10:7)
4. Ambos fueron odiados por sus hermanos sin razón (37:4, 5, 8; Jn. 1:11;7:5; 15:25).
5. En ambos casos, los hermanos tramaron contra ellos (37:20; Jn. 11:53).
6. Los dos fueron severamente tentados (39:7; Mt. 4:1).
7. Los dos fueron llevados a Egipto (37:36; Mt. 2:14,15).
8. Ambos fueron despojados de sus túnicas (37:23; Jn. 19:23, 24).
9. Ambos fueron vendidos por el precio de un esclavo (37:28; Mt. 26:15).
10. Los dos fueron tenidos como reos (39:20; Mt. 27:2).
11. Ambos permanecieron en silencio y no se defendieron (39:20; Is. 53:7).
12. Ambos fueron falsamente acusados (39:16-18; Mt. 26:59,60).
13. Ambos experimentaron la presencia de Dios en medio de toda circunstancia (39:2, 21, 23; Jn. 16:32).
14. Los dos fueron respetados por sus carceleros (39:21; Lc. 23:47).
15. Ambos fueron retenidos entre dos prisioneros, uno de los cuales después se perdió, pero el otro se salvó (40:2, 3, 21, 22; Lc. 23:32, 39-43).
16. Los dos tenían alrededor de treinta años cuando comenzaron su ministerio (41:46; Lc. 3:23).
17. Los dos fueron muy exaltados después de sus sufrimientos (41:41; Fil. 2:9-11).
18. Los dos tomaron para sí esposas gentiles (41:45; Ef. 3:1-12).
19. Los dos estuvieron perdidos para sus hermanos por un tiempo (42:7,8; Ro. 10:1-3; 11:7-8).
20. Ambos perdonaron y restauraron a sus arrepentidos hermanos (45:1-15; Mi. 7:18,19; Zac. 12:10-12; Ap. 1:7).
21. Ambos fueron visitados y honrados por todas las naciones de la tierra (41:57; Is. 2:2,3; 49:6).
(Willmington, op.cit.).

 

CONCLUSION AL LIBRO DE GENESIS

Así que, el primer libro de la Biblia no sólo nos muestra con cierto detalle los orígenes, el principio de todas las cosas, sino que también, en forma velada, el fin de todas las cosas. Porque para Él nada ha sido una sorpresa, ni la caída del hombre, ni el rechazamiento de su Hijo en el mundo –nada de lo que pudiera pensarse que fue un traspié en el propósito de Dios–, antes bien todo ha colaborado para que en todo el Dios de toda gracia sea magnificado por medio de Jesucristo.

No podía terminar este primer y gran libro de las Escrituras sin trazarnos aunque sea someramente el curso de los hechos que habrán de ser hasta el fin. Al concluir este estudio, podemos decir que el Génesis no es sólo «la sementera de la Biblia», sino que es también su compendio.

Agradecemos a Dios nuestro Padre por abrirnos el entendimiento para entender estas verdades, y para ver en ellas, a cada paso, la figura de su amado Hijo Jesucristo, por quien y para quien existen todas las cosas, y al cual sea el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

BIBLIOGRAFÍA

CHEN, CHRISTIAN Los números en la Biblia
COMENTARIO BÍBLICO MOODY Antiguo Testamento.
Redactado por Charles F. Pfeiffer
HALLEY, HENRY Compendio manual de la Biblia
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Doce cestas llenas, Tomo 2
La Iglesia gloriosa
El hombre espiritual
Escudriñad las Escrituras
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SIMPSON, A. B. Cristo en la Biblia. Génesis y Éxodo.
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Génesis. Primera Parte
WILLMINGTON, HAROLD L. Auxiliar Bíblico Portavoz
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Revista «Aguas Vivas» Nos. 2, 4 y 10