Estudio Bíblico

El amor resguardado por la verdad
Un comentario a 2ª y 3ª Epístola de Juan

La 1ª epístola de Juan es una epístola general; pero éstas, al igual que la carta de Pablo a Filemón, son personales. Una, dirigida a una mujer (Kiria) y sus hijos, y la otra, a un hombre (Gayo). Como se trata de Juan quien escribe -el apóstol de la restauración- estos representan a los vencedores de la iglesia.

Ambas cartas son muy similares en su estructura, y expresan sencillez, delicadeza pero también firmeza. Ambas son muy breves, porque el autor expresa el deseo de verse "cara a cara" con los destinatarios. En muchos aspectos, estas dos cartas pueden considerarse como una unidad.

Ambas están escritas en el contexto en que vivían las iglesias a fines del primer siglo, un ambiente de apostasía y herejía, que oscilaba entre dos extremos, la de quienes negaban la divinidad del Señor Jesús y la de quienes negaban Su humanidad. (Las mayores herejías se han levantado en torno a la Persona y la obra del Señor Jesús). La mayor herejía de ese tiempo era la de los 'gnósticos' que afirmaban que Cristo no había venido en carne, sino sólo en semejanza de carne. Ellos sostenían que el mundo espiritual y el físico estaban separados y no podían mezclarse. Su explicación era así: Toda carne es pecaminosa. Si Jesús tuviera carne, hubiera tenido que ser pecaminoso. Jesús era de Dios y no era pecaminoso; por eso, él no podía haber tenido cuerpo. Es decir, no tenía humanidad.

Como la iglesia no estaba organizada, y los predicadores viajaban de ciudad en ciudad ministrando a los santos, existía el peligro de la infiltración. (Hoy también existe el peligro de la infiltración, tal vez no tanto no física, pero sí a través de los medios de comunicación). Por lo tanto, en estas cartas hay una clara nota de advertencia acerca de los peligros que se cernían sobre la iglesia, y enseña acerca de la comunión: ¿A quiénes hemos de incluir y a quiénes dejar fuera?

Juan enseña acerca del criterio de la comunión. ¿Cuál es? El criterio es la verdad y el amor. En proporción a su extensión, estas epístolas son en las que más aparece la palabra verdad. La 2ª tiene 5 veces y la 3ª, 6 veces esta palabra; y en ambas epístolas también aparece muy ligada con ella la palabra amor (ágape). ¿Qué relación existe entre ellas? La verdad cumple la función de resguardar al amor. "A quienes yo amo en la verdad", dice el apóstol a Kiria y a sus hijos; "A quien amo en la verdad", dice el apóstol a Gayo. Juan es reconocido como el apóstol de amor; él ha enseñado una y otra vez acerca de amarse unos a otros; sin embargo, aquí, Juan pone un límite: en la comunión de la iglesia, el amor es con los que permanecen en la verdad.

La comunión no puede basarse sólo en el amor, porque nos haría liberales; pero tampoco sólo en la verdad, porque nos haría rígidos y severos.

En días de Pablo, en Efesios 4:15 la verdad era suavizada por el amor ("Siguiendo la verdad en amor"). Aquí es el amor que se resguarda con la verdad. ¿Por qué? Porque los días son difíciles, y hay confusión. Esto significa que no podemos amar sin discernimiento. El amor va equilibrado con la verdad y la verdad con el amor.

Si tomamos las dos epístolas como una unidad, podremos ver en ellas el desarrollo de la verdad, en la vida y experiencia del cristiano.

Lo primero es conocer la verdad. (2ª, v.1). Esto hace la diferencia entre la luz y las tinieblas. Es el comienzo de nuestro caminar con Cristo, nuestro encuentro con la verdad. Esto ha revelado nuestra falsía, nuestras mentiras, nuestro estado de falsedad crónica.

Lo segundo, la verdad permanece en nosotros, y estará para siempre con nosotros. (2ª, v.2). ¡Qué maravillosa realidad! Esta verdad, Cristo, en quien hemos creído, permanece en nosotros. Esa verdad va realizando una obra permanente de transformación, hasta hacernos enteramente libres (Jn.8:32). Nada la echará de nosotros, aunque pase el tiempo y nos vayamos desgastando. Aunque llegue la hora de partir. Cuando no seamos más que un montón de tierra aquí, la verdad se irá con nosotros allá. En nosotros y con nosotros. Esto es, en la experiencia individual y en la experiencia colectiva. "Con nosotros" implica compañerismo, comunión, mutualidad.

Lo tercero, andar en la verdad (2ª, v.4). Cuando uno anda en la verdad provoca el regocijo de otros que también andan en la verdad, como el apóstol. La apostasía provoca muerte en los demás, pero el permanecer en la verdad causa vida y regocijo. La verdad no sólo hay que recibirla para que nos transforme y permanezca en nosotros. Nosotros debemos asumir una actitud activa ante la verdad, nosotros andamos en ella, practicamos la verdad, la ejercitamos, para que día a día vaya desplazando toda irrealidad y mentira en nosotros.

Lo cuarto, otros dan testimonio de tu verdad, de cómo andas en la verdad. (3ª, v.3). Cuando la verdad ha estado mucho tiempo dentro de nosotros, y ha operado con libertad, con nuestra anuencia, se convierte en "nuestra verdad". Para Pablo, el evangelio no era sólo "el evangelio anunciado por mí" (Gál.1:11), era también "nuestro evangelio" (1 Tes.1:5), y, sobre todo, era "mi evangelio" (Rom.2:16). ¡Qué maravillosa la obra de Cristo en nosotros! Él no sólo es la verdad, sino que es "mi verdad". Ahora somos conocidos por la verdad que encarnamos.

Lo quinto es cooperar con la verdad. (3ª v.8). Este es un paso eminentemente práctico. En esta epístola, Gayo es un cooperador de la verdad, pues presta servicio a los hermanos (v.5), acogiéndolos (v.8) y encaminándolos (v.6). Acoger tiene que ver con dar hospitalidad, en tanto que encaminar tiene que ver con suplir las necesidades para el viaje, cuando el huésped prosigue su viaje. Esto último es muy importante puesto que los hermanos no aceptan nada de los gentiles. Estas son las obras de amor, tan necesarias en medio de la Casa. Son las obras que caracterizan a quienes andan en la verdad y están comprometidos con ella.

Por último, es que la verdad da testimonio de nosotros (v3ª, v.12). En este caso, se trata de Demetrio, un cristiano en quien este proceso ha llegado a feliz término. Cuando nosotros andamos en la verdad, somos nosotros los que damos testimonio de ella; aquí, al final de nuestro camino, en la etapa de la madurez y la perfección, es la verdad la que da testimonio de nosotros. En efecto, Cristo, en unas de las últimas palabras, dijo: "El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles" (Ap.3:5).

En ambas cartas también se trata el asunto de la hospitalidad, pero con énfasis muy diferentes. Mientras a Kiria se le advierte acerca del peligro de hospedar a los maestros del error; a Gayo se le alienta a hospedar a los propagadores de la verdad.

2ª Epístola de Juan

Según A.T. Pierson, el hecho de estar dirigida a una mujer, esta carta le confiere un alto valor a la piedad de una madre y su casa; es un tributo a la dignidad del estado de la mujer, esposa y madre.

Aquí el hogar y la familia son honrados como esfera de servicio. La mujer es tentada a envidiar la amplia esfera pública del hombre. Mas su mano está en la rueda del alfarero, donde los vasos son moldeados por el maestro. Los hijos tendrán toda una vida para dar cuenta del ministerio silencioso de su madre. Aun cuando ellos ya están fuera de casa, permanecen en las cosas en que fueron instruidos por su madre (v.4).

Aquí el hogar y la casa son guardados. Juan nos alerta contra aquellos que no solamente yerran en la doctrina, sino también siembran la semilla de la herejía y la iniquidad. No se prohíben la hospitalidad y cortesía, pero se recomienda cuidados especiales con los malos maestros que pueden causar gran daño. (v.10-11).

En aquellos tiempos, las iglesias llegaron a estar muy alertas a la acción de los herejes. Ireneo, un escritor cristiano del siglo II, escribió que una vez el apóstol Juan abandonó el baño público en Éfeso cuando Cerinto, un hereje, entró, "no sea que el baño se derrumbe mientras que Cerinto, ese enemigo de la verdad, está dentro". Policarpo se refería al hereje Marción como el "primogénito de Satán". En la Didaché, un documento del siglo II, se advierte: "Si un maestro se pervierte y enseña otra doctrina para destruir estas cosas, no lo escuches". Ireneo afirmaba que los apóstoles y sus discípulos tenían tal horror de la herejía que rehusaban hablar con los herejes.

Alguien ha dicho que debemos tratar con las diferencias "sin romper con el amor y sin ser desleal a la verdad"

Algunas notas características de esta epístola son:

1. En esta epístola, el andar en la verdad se refleja en el guardar los mandamientos, que también son resguardos que el Espíritu Santo pone para la comunión de los hijos de Dios. (v.4-6)

2. De nuevo, al igual que en la Primera epístola, se advierte acerca del espíritu del anticristo, que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne. Tener parte con los engañadores puede provocar el perder el fruto de nuestro trabajo. (v.7-8). Nuestra comunión debe estar cerrada para quienes son herejes que profesan ser cristianos, así como a hermanos notoriamente pecadores (1ª Cor.5:11). Debemos, eso sí, tener misericordia de quienes han sido esclavizados por esas herejías, e intentar rescatarlos.

3. Otro peligro latente es el de extraviarse, es decir, pasar adelante, de la doctrina de Cristo. Esto es, agregar a la revelación dada. La enseñanza de los gnósticos presumía de haber profundizado, 'mejorado' el cristianismo. Pensaban que con su 'gnosis', es decir, con su conocimiento superior al de los simples hermanos, iban muy por delante de ellos. (Un autor dice, irónicamente: "Sí, avanzaron tanto que dejaron a Dios atrás").

Por eso es conveniente perseverar en la doctrina de Cristo. (v.9) Así, recibiremos a los que permanecen en la verdad, es decir, creyendo que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios.

3ª Epístola de Juan

Ya dijimos acerca de la recurrencia especial del vocablo 'verdad' en estas epístolas, que hemos desarrollado más arriba.

Pero hay también otras notas características de esta epístola:

1. La verdadera prosperidad del creyente incluye la de su alma, no sólo la de sus bienes y su salud. Una alma próspera es aquella que ha aprendido a negarse a sí misma, porque negándola es como se la gana. Una persona que ha 'ganado' así su alma puede ser próspera en todo y no perderse.

2. Gayo es felicitado por su servicio como cooperador de la verdad. ¿Cómo? Él es hospedador. Esta es una esfera de servicio que tiene gran importancia y que no tiene mucha figuración pública. El hospeda a los evangelistas, pero además, los encamina. Mientras ellos están en casa, los atiende; y cuando se van, los encamina. Este doble servicio convierte a Gayo en un cooperador de la verdad.

3. La hospitalidad es una característica de Dios, por tanto, los que son de Dios la practican también.

4. En esta epístola se mencionan otros dos personajes, uno reprobado y el otro aprobado. El reprobado es Diótrefes (que significa 'nutrido por Zeus'), no por causa de alguna herejía, sino por su ambición y egoísmo, por su afán de liderazgo. Sus palabras eran dañinas. "Las pintorescas palabras del versículo sugieren que sus palabras malignas eran como una caldera hirviente cuando el agua hierve y bulle" (Hendricks). El aprobado es Demetrio, de quien tres dan testimonio: "todos", "la verdad misma", y "nosotros", es decir, Juan.

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