Desde el principio de la historia Dios ha mostrado el tipo de personas que desea tener a su lado para compartir su reino y gloria.

Reyes y sacerdotes

Gonzalo Sepúlveda

Lecturas: Génesis 1:26; Éxodo 19:3-6.

El propósito de Dios se revela desde la creación del hombre. "Hagamos... a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree...". Luego Dios llama a Israel, lo saca de Egipto, "…os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí". Qué interesante. No sólo a la tierra prometida, ni al desierto del Sinaí, sino a él, a Dios mismo. Y el Señor le dice a su pueblo que si ellos oyen su voz, si guardan su pacto, entonces serían su especial tesoro.

Pero en el corazón del Señor estaba esto: "Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa" (Ex. 19: 6). Reyes y sacerdotes.

En primera epístola de Pedro capítulo 2, el Espíritu Santo a través del apóstol viene diciendo que la misma Escritura denuncia el fracaso de Israel. Ellos desecharon la piedra escogida y preciosa; les sirvió de tropezadero. No fueron fieles, no se cumplió en ellos lo que Dios les había prometido.

Pero está hablando ahora a los creyentes del Nuevo Pacto; nos está hablando a nosotros. Y la palabra ya no es una promesa; la palabra se convierte en una realidad, en una afirmación. "Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable" (1ª Ped. 2:9).

"Mas vosotros sois...". A Israel se le dijo: "...vosotros seréis...". Hay diferencia entre el Antiguo Pacto y el Nuevo. En el Antiguo todo es promesa de lo que algún día va a ocurrir. Si es que cumplimos, entonces seremos. Pero aquí el Nuevo Pacto usa un lenguaje muy firme. ¡Bendito sea el nombre del Señor!

El Señor creó al hombre para que señoreara... Ya veremos el fracaso del hombre. El Señor llamó a Israel para que fuese un reino de sacerdotes, pero ellos también fracasaron. Pero el propósito del Señor no se detuvo ni fracasó.

Al contrario, Dios se propone levantar un pueblo; lo está levantando, lo está formando, lo ha tenido y lo tiene. Porque nosotros no somos los únicos cristianos sobre la tierra. ¡Cuántas generaciones de creyentes, de siervos de Dios, de reyes y sacerdotes, ha habido desde el primer día que el evangelio fue predicado!

Los reyes y sacerdotes de hoy

Nosotros estamos en la tierra hoy; somos los protagonistas de nuestro tiempo. Somos los reyes que Dios tiene, somos los sacerdotes que Dios tiene en este tiempo, destinados para cosas gloriosas, inmensas, que están por delante.

Vamos al libro de Apocalipsis. Todo lo que vamos a leer allí son proclamaciones de victoria.

"Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén" (Apoc. 1:5-6). Él nos amó, nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y además "nos hizo reyes y sacerdotes". No le bastaba solamente que estuviésemos limpios. Él necesita reyes y sacerdotes para Dios su Padre. ¡Dios quiere tener reyes; Dios quiere tener sacerdotes!

Apocalipsis 5 es el capítulo que nos muestra el trono de Dios y del Cordero, es decir, el lugar más exclusivo del universo, rodeado de millones y millones de ángeles. Es el Lugar Santísimo del cielo. Es allí donde se dicen estas cosas, delante del trono de Dios:

"...y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra" (Apoc. 5:9-10).

Alimentémonos con la palabra del Señor, hermanos; suba fe y esperanza a nuestros corazones por la palabra de Dios. El sólo hecho de leer las Escrituras nos ayuda, nos sana, nos llena de esperanza.

"Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años" (Apoc. 20:6). ¿Qué le parece, hermano? ¿Hay esperanza en la palabra del Señor?

Nosotros no somos simplemente un grupo de personas a quienes les gusta reunirse y cantar algunos cánticos. No somos unos débiles cristianos, para vivir oprimidos; somos hombres y mujeres que tenemos la más grande esperanza, ¡la esperanza de vivir y reinar con Él! Y esto, por los siglos de los siglos.

Apocalipsis 22. Aquí ya está la eternidad; aquí ya no está Satanás, pues fue condenado en el capítulo 20. ¡Se fue al lago de fuego el acusador de los hermanos, condenado y destruido para siempre! Ése es su destino. En Apocalipsis 22 tenemos cielos nuevos y tierra nueva, donde mora la justicia. Ya las bodas del Cordero se consumaron. Aquí se describe una ciudad que cuenta con un río de agua viva que sale del trono de Dios y del Cordero.

"Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos" (Apoc. 22:3-5).

Hemos leído algunos versículos del Antiguo Testamento y algunos del Apocalipsis. ¿Y qué vemos en esto sino una línea recta? Una línea trazada desde el principio, que tiene un final glorioso. Dios comienza creando al hombre, y Su propósito es que el hombre señoree sobre todas las bestias, y aun sobre lo que se arrastra sobre la tierra. Eso es una profecía, porque el que se arrastra sobre la tierra es la serpiente, y en la Biblia la serpiente es Satanás el diablo.

De tal manera que el hombre fue creado con el propósito de señorear. Y al final de las Escrituras vemos el triunfo del Creador, luego que ha transcurrido toda la historia, que no es muy grata, porque la historia humana está llena de fracasos, de derrotas, dolor, angustia y muerte; sin embargo, el propósito de Dios no se desvía a diestra ni a siniestra.

La Biblia no concluye con el Antiguo Testamento, ni en la mitad del Nuevo Testamento. No hay ningún versículo que diga: 'Pero lamentablemente, a causa de la infidelidad del pueblo, no se pudo cumplir el ideal divino'. No se dice eso. ¡Aleluya, hermanos, qué bueno es conocer el final de la historia!

Esta palabra sirva de aliento para los que están padeciendo hoy. Sé que hay hermanos aquí que están mordiendo dolorosos fracasos; les hemos acompañado en sus lágrimas. Pero les tengo una buena noticia: Ese no es el fin de tu historia; eso que estás viviendo es tan sólo un capítulo de ella, porque el final de tu historia es lo que acabamos de leer en este libro. ¡Gloria al Señor!

Al final, el Señor obtiene lo que él quiere. Él tiene reyes a su lado, porque él es Rey de reyes. Así es que los reyes hoy le rendimos honor a nuestro Rey. ¡Gloria a nuestro Rey! ¡Bendito sea nuestro Rey!

Hermanos, Adán, que estaba destinado a reinar, a guardar el huerto, a labrarlo, cedió a la tentación, y junto con su mujer comieron el fruto que no debían comer. Esto es un alejamiento de esta línea recta, y el hombre que debía señorear sobre la serpiente, el hombre que estaba destinado a reinar, se desvió del camino. Luego se sucedieron todas las desgracias de la humanidad, a partir del fracaso de Adán.

Más tarde, cuando llegamos a los versículos leídos en Éxodo 19, el Señor saca a su pueblo y se propone tener un reino de sacerdotes y gente santa. ¿Qué es un sacerdote? Es un hombre o una mujer que tiene acceso a Dios. Cualquiera no puede entrar. Cualquiera no podía entrar en el tabernáculo, sino sólo los sacerdotes; y al Lugar Santísimo sólo podía entrar el sumo sacerdote.

Un sacerdote es uno que puede entrar, uno que tiene acceso a Dios. Y como tales, tenemos el privilegio de tener acceso libre a Su presencia y no ser consumidos por ello. Eso es un sacerdote, alguien que puede entrar en las cámaras secretas de Dios, que puede entrar en Su tabernáculo, venir al Lugar Santísimo y hablar con su Dios, rogarle e interceder. Eso es un sacerdote.

Y un rey es uno que reina. El rey ordena, y lo que él ordena, se cumple. El rey tiene autoridad. Entre todos los pueblos, el Señor quiso tener un pueblo escogido – Israel. Pero bien sabemos que ellos fracasaron. Ellos tenían Dios, y no fueron a su Dios; tenían sacerdocio, y no respetaron ni ejercieron ese sacerdocio. Tenían profetas, y no les oyeron; tenían una palabra, y no obedecieron sus enseñanzas. Ellos tenían una mesa bien servida, y no la comieron.

Hermanos, ¿y qué de nosotros? ¿Tenemos nosotros palabra? Sí, tenemos las Escrituras. Gracias al Señor por cada versículo de este libro. Lo tenemos. Pero me pregunto: ¿Lo leemos? Nos debe dar dolor y pena. Y el Espíritu Santo nos quiere hablar, nos quiere amonestar. No sea que nos pase a nosotros lo mismo que a Israel, pues se nos ha dado mucho.

Hermanos, Israel podría tener una excusa frente a nosotros. Ellos tenían el libro de la ley; pero no tenían lo que tú y yo tenemos. Nosotros tenemos al Espíritu Santo morando en nuestros corazones. Tenemos la palabra y tenemos el Espíritu. ¿Quién nos reveló que la sangre de Cristo nos limpia de todo pecado? La Biblia lo dice. Pero la Biblia sólo podría ser letra. Pero más allá de la letra, el Espíritu de Dios nos ha confirmado su veracidad. Y lo disfrutamos, porque el Espíritu Santo está en nosotros administrando todos los tesoros, la sabiduría y la gracia, a nuestro favor.

Además de eso, podemos imaginarnos a un cristiano lleno del Espíritu, pero solitario, lo cual es una contradicción. Pero hermanos, existe la iglesia, el cuerpo de Cristo, la comunión de los santos. Yo considero que esta reunión es un privilegio. Escuchar a una hermana leer las Escrituras, a otra hermana orar y a otro hermano proclamar, y a los hermanos cantar juntos alabando al Señor, es un privilegio. Hay muchos hermanos nuestros que no tienen esta posibilidad.

Los reyes esclavizados

Somos de Cristo, hermanos. Hermano, hermana, usted tiene una mesa servida. ¿Y por qué vive como un hambriento? ¿Y por qué fracasa el rey? "¿Es Israel siervo?, ¿es esclavo? ¿Por qué ha venido a ser presa?", dijo el profeta Jeremías (2:14). Siendo libre, ¿por qué ha venido a ser esclavo?

Amado hermano, usted es libre. No se esclavice. ¿Qué apetitos, qué seducciones, batallan contra la vida del Señor, contra la obra del Señor? Fíjense que en cuanto a la tentación de Eva y de Adán, las Escrituras dicen que el fruto era agradable. Era algo atractivo; no era algo malo.

"Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría" (Gén. 3: 6). Bueno... agradable... codiciable. ¿Cuántas cosas de este mundo están compitiendo con el trono del Señor en tu corazón y en mi corazón? ¿Cuántas cosas codiciables, cuántas cosas agradables, cuántas cosas 'buenas'? 'No, si esto no es malo...' se oye decir. Pero, no sea que 'lo bueno' venga a desplazar al Señor en el corazón, pues entonces, los que deberían estar reinando se tornan en esclavos.

Hermano, esta es una responsabilidad individual de cada uno de nosotros. Hoy, usted puede ser un rey o puede ser un esclavo; pero la responsabilidad será suya, porque Dios tiene para usted y para mí una línea recta que comienza en Génesis y termina en Apocalipsis. Porque en el propósito de crear al hombre, ¡ese hombre eres tú! Fuimos creados para señorear. Tú y yo. Cada uno.

¿Qué reacción le provoca a usted ver a un hombre borracho en la calle, durmiendo? ¡Qué tremendo, hermano! Pensar que ese hombre fue creado para reinar, y ahí yace, cual esclavo miserable. Cuando vemos la condición del hombre en el mundo hoy, la violencia, los crímenes, la corrupción en todas sus formas, ¡qué esclavitud, hermanos! Un enemigo ha hecho esto.

Pero más triste todavía puede ser que cristianos, creyentes, hermanos en Cristo, estén esclavizados. ¿Qué te esclaviza, qué te ata, qué te impide servir y glorificar al Señor? ¿Será que, andando por esta línea recta, en algún punto de ella, al igual que Adán o que Israel, tú estás descuidando tu caminar y algo te esta apartando de esta línea recta gloriosa?

Pero, hermanos, ¿qué está hablando el Espíritu Santo al corazón mientras compartimos esta palabra? ¿No vemos una intención de amor en el corazón del Señor? ¿No busca Él cautivarnos y recuperar terreno en nuestros corazones? Porque el Señor te está diciendo a ti y a mí que él nos quiere para los propósitos más elevados. ¡El Señor quiere que reinemos en vida! "Reinarán en vida…los que reciben la abundancia de la gracia…" ( Rom. 5:17). Porque el Dios que tenemos, hermanos, es un Dios abundante, es un Dios poderoso y santo.

Pero de alguna manera el enemigo nos confunde, como dijo también el apóstol: "Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo. Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo" (2ª Cor. 11: 2-3).

Amado hermano, conocemos en las Escrituras que las cosas no son instantáneas. Conocemos que hay un camino, un trato, una disciplina, un crecimiento hacia la madurez cristiana. Tú estás pasando por un trato del Señor, otro está pasando por una disciplina. Otro por un desgaste espiritual; ya no tiene ánimo, el corazón no está encendido. Todos estamos en un punto distinto en nuestra vida en Cristo. Pero hermanos amados, nada justifica la negligencia en el orar. Como sacerdotes tenemos siempre mucho trabajo.

Hay un mundo que se muere. ¿Habrá un sacerdote que pueda descansar? Hermanos, se necesitan muchos intercesores. ¿Habrá alguien que tiene acceso a Dios, que ore, que clame, que pida misericordia por esta ciudad, por este país, por este mundo?

Pero los sacerdotes están entretenidos o de brazos cruzados. Y, ¿sabe, hermano?, le voy a decir: Usted no está contento. El sacerdote que está de brazos cruzados, que no está cumpliendo su función sacerdotal, no está feliz.

Así como el Señor tiene una mesa maravillosa servida, el mundo también tiene su mesa servida. Cada vez que tomas cosas del mundo, no te sacias. Las cosas del mundo terminan enfermándonos. Hay sacerdotes enfermos y hay reyes que no reinan. Hay reyes engrillados, como aquellos reyes derrotados del Antiguo Testamento.

Tú eres un rey, una reina; tú eres un sacerdote, una sacerdotisa. Hermano, hermana, ¡recuperemos la línea!, volvamos al camino, porque al final habrá una gloria inmensa, y parte de aquella gloria se puede comenzar a vivir desde ahora. Porque el Señor necesita hoy hombres y mujeres que entren, que tengan acceso a su presencia, que vayan y vuelvan glorificando el nombre de su Dios.

El ejemplo de nuestro Rey

El Rey de reyes dice esto: "Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa, pero que no sea como yo quiero, sino como tú" (Mat. 26:39). Recordemos lo acontecido en el huerto de Edén. Ellos tenían el fruto, y no se molestaron en preguntar: '¿Comemos o no comemos?'. Simplemente estiraron la mano, y comieron.

El Señor está frente a una copa... Con lágrimas, con dolor, pero finalmente escoge la voluntad del Padre. Beber esa copa le significó la cruz, la muerte, pero, más aun, le significó la resurrección, la ascensión, y estar hoy glorificado en el trono de Dios en las alturas. ¡Bendito sea nuestro Rey!

¿Vas a escoger algo agradable, pasajero, y vas a perder reinar? Pero, hermanos, escojamos hoy lo que es del Señor, y tendremos el gozo de servirle y la alegría de reinar con Cristo en esta vida. Vas a tener la alegría de atar lo que tu Señor quiere atar, de desatar lo que tu Dios quiere desatar, de bendecir lo que Dios quiere bendecir. Vas a tener el gozo de entrar a su presencia, y la oración no será una rutina de unas cuantas frases, sino un corazón derramado en la presencia del Señor.

Una mesa abundante

Hermano, Dios nos ha preparado una mesa abundante, nos ha dado una palabra llena de riqueza; ha puesto su Espíritu dentro de ti y dentro de mí, para que le busquemos y le adoremos, y le sirvamos no en nuestras fuerzas, sino en virtud de la presencia gloriosa de Su Espíritu en nosotros.

El Espíritu Santo, que está contristado en el corazón de muchos, anhela expresarse con libertad, porque tú estás destinado a reinar, a ser un rey y un sacerdote. Así está escrito en este Libro bendito. Este es tu destino y el mío. Hermana, ¡tú eres una reina! Hermano, ¡tú eres un rey! ¡No aceptes ser esclavo, porque eres rey! Tú eres sacerdote; no te quedes sin trabajo, no te quedes sin función.

¡Qué linda es una reunión de reyes! ¡Qué hermosa es una reunión de sacerdotes! ¡Señor, venga tu reino! Alguien escribió una vez que un día se hará por última vez esa oración. Cuando los escogidos del Señor en toda la tierra, unánimes, se levanten y le digan: 'Señor, ¡venga tu reino!'. Y desde el cielo se responderá: '¡Llegó la hora! ¡Bendito sea el Señor! ¡Llegó la hora de atar a Satanás, llegó la hora de recoger a los escogidos!'.

Hermanos, ¿han oído ustedes hablar del 'calentamiento global'? El mundo está asustado. De aquí a treinta años, el planeta puede ser inhabitable. Léalo en la Biblia (2ª Ped. 3:10). Hermano, ¡el Señor viene! Por tanto, permanezcamos en la línea recta. ¡Aleluya, ven, Señor! ¡Pero antes de tu venida, que se salven los escogidos, que se salven los que están en tu corazón!

Síntesis del mensaje compartido a la iglesia en Temuco el 14/10/07.

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