Una
revisión de las prioridades de nuestra vida para aprovechar
bien el tiempo.
Redimiendo
el tiempo
Billy
Pinheiro - Brasil
Mirad,
pues, con diligencia cómo andéis, no como necios
sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días
son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos
de cuál sea la voluntad del Señor (Efesios
5:15-17).
Quisiera
enfatizar el versículo 16 de esta cita: «...aprovechando
bien el tiempo, porque los días son malos». He
pasado algunas experiencias en los últimos años
con el Señor, y recientemente él ha puesto este
versículo en mi corazón, como exhortación
a mi corazón, advirtiéndome y al mismo tiempo
animándome.
«Aprovechando
bien el tiempo». La versión portuguesa traduce
«redimiendo el tiempo», comprando el tiempo, aprovechando
aún más el tiempo, porque los días son
malos. Estamos viviendo días muy difíciles. Y
si aún no los estamos viviendo, van a llegar esos días
difíciles; y necesitamos mirar al Señor, para
animarnos y para fortalecernos.
En
estos días, el Señor ha hablado particularmente
a mi corazón, para que yo mismo pueda volverme a él
y redimir el tiempo que él me ha dado. Hemos vivido días
muy trabajosos, y toda clase de cosas han sucedido para robar
nuestro tiempo. Todos nosotros tenemos veinticuatro horas por
día, pero parece que hay tantas cosas que hacer, que
no tenemos tiempo para el Señor. Algo está mal
con nosotros. Tal vez no con ustedes, pero sí conmigo.
En
estos días, el Señor ha tocado mi corazón,
para poner algunas cosas en orden en mi vida, porque por algún
tiempo, en los años recientes, he estado tan ocupado
con otras cosas, que hay algunas cosas muy importantes del Señor
que han sido puestas de lado. Pero gracias al Señor,
él ha hablado con nosotros, y espero y deseo que el Señor
hable con cada uno de ustedes.
Cuando
pensamos en este asunto de redimir el tiempo, hay algunos puntos
importantes. Hoy me gustaría compartir dos puntos relevantes.
Las
prioridades de nuestra vida
Cuando
pensamos en cómo usar nuestro tiempo o cómo usarlo
mejor para el Señor, lo primero que necesitamos ver es
cuáles son las prioridades de nuestro corazón,
cuáles son las cosas más importantes. Y nos podríamos
preguntar: ¿Tendrá el Señor algún
criterio para decirnos cuál es la cosa más importante?
Aunque
seamos familia celestial, pueblo celestial, nosotros estamos
viviendo en la tierra. No somos de este mundo, pero vivimos
aquí. Y necesitamos mirar al Señor y preguntarle
a él cuál es la prioridad de nuestra vida que
él tiene para nosotros.
Yo
creo que cuando el Espíritu Santo llevó a Pablo
a escribir Efesios, el Señor lo condujo a poner las cosas
en un orden de prioridad para nosotros. Y la primera cosa en
esa prioridad es nuestra vida con Dios. Si continuamos leyendo
los versículos siguientes a los que ya leímos,
veremos que hay una secuencia, un orden. La primera de ellas
está en el versículo 18:
«No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución;
antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros
con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando
y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre
gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor
Jesucristo. Someteos unos a otros en el temor de Dios»
(v. 18-21).
Cuando
nosotros pensamos en las prioridades, en qué invertir
nuestro tiempo, entonces necesitamos ver cuál es el primer
lugar que Dios nos pone. Yo entiendo que aquí lo primero
que el Señor pone es nuestra relación directa
con él. La prioridad número uno para nosotros
es nuestra vida con el Señor.
Pero
Pablo continúa escribiendo. La segunda cosa de la cual
habla es la relación entre marido y mujer. (Ef. 5: 22-33).
Esta es una segunda prioridad para nosotros, los que estamos
casados. Y lo tercero que Pablo habla es sobre los hijos, la
familia. (Ef. 6:1-4). La cuarta prioridad en la secuencia, es
con respecto a nuestro trabajo, acerca de los siervos y los
patrones. (Ef. 6:5-9). Y por último, él habla
de nuestro ministerio, de nuestra guerra espiritual, de nuestro
servicio a los santos, de nuestra vida de oración. (Ef.
6:10-20).
Entonces,
si hoy deseamos ordenar nuestro tiempo según la voluntad
de Dios, es importante que veamos estas prioridades. Por eso
el Señor está diciendo que debemos vivir prudentemente,
como sabios, y no como necios. Necesitamos procurar conocer
la voluntad del Señor.
¿Cuál
es la voluntad del Señor para nosotros? Hace mucho tiempo
atrás, cuando comencé a seguir al Señor,
yo no tenía claridad respecto de estas prioridades. Entonces,
por algún tiempo, las prioridades de mi vida estaban
invertidas, y siempre hay pérdida cuando eso sucede.
En este asunto de redimir nuestro tiempo, necesitamos en primer
lugar ver las prioridades del Señor. Muchas veces hemos
percibido en medio del pueblo de Dios mucha pérdida,
muchos desastres, muchas personas heridas, porque esas prioridades
están invertidas.
Es
muy natural que en el primer lugar nosotros tengamos al Señor.
Está claro en la Palabra. Necesitamos buscar en primer
lugar el reino de Dios y su justicia, y todas las demás
cosas nos serán añadidas. Pero muy a menudo, invertimos
ese orden, buscamos las otras cosas y no buscamos el reino de
Dios; o buscamos el reino de Dios y también las otras
cosas. Si buscamos las otras cosas y no el reino de Dios, no
recibimos ni las otras cosas ni el reino de Dios.
Es
un gran daño cuando no percibimos las prioridades de
acuerdo a la voluntad del Señor. A veces, tenemos muchas
disculpas para no hacer Su voluntad. Cuando el Señor
Jesús les habló a los escribas y fariseos, él
estaba llamando su atención porque ellos decían
que si ofrecían alguna cosa al Señor y descuidaban
a sus padres, eso estaba bien. Y el Señor les dijo: «No,
ustedes están invalidando la Palabra de Dios».
Muchas
veces decimos que queremos servir al Señor, y dejamos
de lado a nuestros padres o a nuestra familia, y estamos invirtiendo
las prioridades de Dios. A veces, los que somos casados, queremos
servir al Señor, y ponemos la obra en primer lugar. Pero
Dios nos dice que debemos ser fieles en lo poco, y él
nos pondrá sobre lo mucho. Muchas veces ser fieles en
lo poco representa prestar atención a nuestras familias,
a nuestras esposas. Esto es muy importante.
He
conocido algunos siervos del Señor, quienes después
de muchos años de laborar en la obra de Dios nos han
dicho que si comenzasen nuevamente, no harían como hicieron,
porque ellos habían invertido el orden, dejaron a su
familia en un gran daño por causa de la obra de Dios.
No
me entiendan mal; no estoy queriendo decir que no tenemos que
estar en la obra del Señor. Pero es necesario tener un
equilibrio. Para que seamos edificados, para que haya armonía
en nuestras vidas, para que nuestro tiempo sea bien invertido,
necesitamos tener ese orden de Dios muy claro en nuestros corazones.
A
veces, hemos puesto nuestro trabajo en primer lugar. Y decimos:
Yo necesito trabajar para sustentar a mi familia,
y nos afanamos mucho. Muchas veces eso es un engaño de
Satanás. Recuerden al pueblo de Dios en Egipto. Una de
las estrategias de Satanás, la estrategia de faraón,
fue poner más trabajo sobre el pueblo. Faraón
dijo: Ustedes están mucho tiempo ociosos, por eso
quieren ofrecer sacrificios a su Dios. Entonces, yo les voy
a quitar la paja, y tendrán que producir más ladrillos.
Ese
es un sistema que impera hoy también. Se nos quita la
paja y tenemos que producir más. Necesitamos poner las
cosas en orden. Las prioridades de Dios deben estar en su lugar;
tenemos que hacer todas las cosas de acuerdo a Su voluntad.
Por eso, esta palabra de Pablo es muy importante.
Debemos
vivir, no como necios, sino como sabios; debemos buscar la voluntad
de Dios. Entonces el Señor nos puede mostrar cuál
es su voluntad, cómo vamos a tener una vida equilibrada,
para redimir nuestro tiempo. Ese es el primer punto. Es muy
importante. Que el Señor nos bendiga y nos dé
claridad acerca de sus prioridades; que no invirtamos esas prioridades,
y que tampoco enfaticemos más una de ellas con respecto
a las otras.
Cuando
tenemos las prioridades en su orden correcto en nuestra vida
con Dios, en nuestra búsqueda del Señor, él
nos va a dar sabiduría para tener las otras prioridades
en orden. Que el Señor nos bendiga en esto.
Contando
nuestros días delante del Señor
El
segundo punto importante cuando nosotros pensamos en redimir
nuestro tiempo, en ganar nuestro tiempo, es el hecho de saber
contar bien nuestros días delante de Dios. Cuando Moisés
estaba en el final de su vida, él hizo una oración
muy importante: «Enséñanos de tal modo a
contar nuestros días, que traigamos al corazón
sabiduría» (Sal. 90:12).
Esa
es una oración importante para nosotros. Moisés
era alguien que tenía mucha intimidad con el Señor.
La Escritura dice que el Señor hablaba con Moisés
como con un amigo, cara a cara. Aun así, Moisés
estaba pidiendo sabiduría. ¿Cuánto más
nosotros necesitamos pedir sabiduría para contar nuestros
días?
La
Palabra de Dios, principalmente en el Antiguo Testamento, tiene
muchos ejemplos de Dios contando los días del pueblo
de Israel, y también hay ejemplos de días y años
perdidos, cuando Dios no contó el tiempo de Israel.
Puede
ser que muchas veces nuestros días, nuestros años,
no estén siendo contados por el Señor. Si alguien
aquí aún no ha tenido un encuentro con el Señor
Jesús, queremos decirle que, espiritualmente, usted no
tiene ningún día en la presencia del Señor.
Es necesario arrepentirse, creer en el Señor Jesús
y confesarle como Señor, y entonces él le va a
salvar, y algo espiritual, algo maravilloso, sucederá
con usted Usted va a nacer de nuevo, y va a tener su
primer día de vida delante de Dios.
A
veces nosotros hemos pasado muchos años caminando con
el Señor. Algunos de nosotros nacimos de nuevo hace veinte,
treinta o cincuenta años. Pero eso no significa que todos
esos años fueron contados delante del Señor. A
veces, nuestros días, nuestros años, han sido
consumidos por cosas que no agradan al Señor y no han
sido vividos en la presencia del Señor, no han sido vividos
en el orden que Dios ha puesto. Y necesitamos volvernos al Señor,
y hacer esta oración que hizo Moisés: «Señor,
enséñanos a contar nuestros días, y danos
un corazón sabio para contar estos días».
La
alegoría de la langosta
Quiero
leer un versículo en el libro de Joel. Hay una promesa
de Dios aquí. Tal vez Dios pueda hablar a tu corazón
de la misma manera en que habló conmigo a través
de este versículo. Como dije al comienzo, a menudo el
Señor ha hablado conmigo exhortándome o animándome,
y también advirtiéndome. Y este es un caso; es
una promesa del Señor al pueblo de Dios: «Y os
restituiré los años que comió la oruga,
el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran
ejército que envié contra vosotros» (Joel
2:25).
Esta
es una promesa del Señor. El pueblo de Dios había
vivido lejos de la voluntad del Señor, y por esa razón
esos años habían sido consumidos, habían
sido perdidos. Mas ahora el Señor les está prometiendo
que les restituiría los años que habían
sido consumidos.
A
veces nosotros miramos hacia atrás, después de
algún tiempo siguiendo al Señor, y nos sentimos
frustrados, porque parece que muchas cosas no valieron la pena;
parece que perdimos mucho tiempo con tantas cosas, y no tuvimos
las prioridades de Dios bien fuertes en nuestro corazón;
parece que aquel tiempo fue consumido, que no tiene ningún
valor.
El
Señor nos promete que él va a restituir esos años.
Tal vez hemos perdido mucho tiempo hasta aquí, pero el
Señor nos está prometiendo que él va a
restituir esos años. Él puede hacer todo nuevo
para nosotros otra vez. Esta palabra es maravillosa, y quisiera
dejarles esta palabra de ánimo.
El
Señor va a restituir los años perdidos. No importa
cuántos años fueron perdidos, ¡hay esperanza
para todos nosotros! El Señor es maravilloso. Él
es un Padre bondadoso, y puede darnos nuevamente ese tiempo,
puede restaurar ese tiempo perdido. Nuestro Dios es un Dios
de oportunidades. Tal vez ahora podamos mirar al Señor,
y él nos dará una nueva oportunidad y restituirá
los años que fueron consumidos.
Aquí
en Joel está diciendo que los años del pueblo
de Dios fueron consumidos por la langosta. Esa fue una disciplina
de Dios. En el Antiguo Testamento, en el libro de Deuteronomio,
el Señor dice que cuando el pueblo no estuviere viviendo
de acuerdo con su voluntad, cuando el pueblo dejare al Señor
de lado, y no hiciere de acuerdo con aquello que Dios había
ordenado, Dios iba a permitir que la langosta consumiese todo
su trabajo.
En
este caso, el Señor está diciendo ahora que si
nos volvemos a él, él va a restituir los años
que fueron consumidos por la langosta. Tal vez en esta mañana,
cada uno de nosotros delante del Señor necesita preguntar
cuál ha sido la langosta en nuestra vida. El Señor,
por su Espíritu, puede dar luz a nuestros corazones y
mostrarnos cuál ha sido esa langosta. Tal vez sea una
vida muy ocupada, que no tiene tiempo para buscar al Señor,
o el enfriamiento de nuestro corazón, o la desobediencia
de nuestro corazón. El Espíritu de Dios puede
hablar con cada uno de nosotros, puede iluminar nuestros corazones
y mostrarnos cuál es la langosta.
La
langosta puede consumir nuestros años delante de Dios,
y puede devorar todo el fruto de nuestro trabajo. Entonces,
es importante que vengamos delante de Dios y que el Señor
nos muestre, que abra nuestro entendimiento y nos haga ver qué
es aquello que ha sido la langosta en nuestras vidas, para que
nuestros días sean contados en la presencia del Señor,
para que podamos decir como Pablo al final de su vida: «He
peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado
la fe» (2ª Tim. 4:7).
Pablo
completó su carrera, porque ciertamente sus años
fueron contados delante de Dios. Si no fuese así, su
carrera no habría sido acabada. Mas, gracias a Dios,
él puede dar ese testimonio de que completó su
carrera. Nosotros tenemos el testimonio de Pablo de que Dios
es fiel, y Dios puede hacernos completar también la nuestra.
Pero
si nuestros años fueron consumidos por la langosta, no
será fácil acabar nuestra carrera. Por el contrario,
puede ser que no la acabemos, y esa sería una cosa terrible
delante del Señor. Mas, gracias a Dios por la bondad
de Dios; una y otra vez él habla con nosotros por su
amor para con nosotros. Él nos llama la atención
como un Padre bondadoso y nos muestra cuál es el camino
que debemos seguir. El Señor me ha mostrado muchas langostas
en mi vida. Gracias a Dios, él es poderoso y bondadoso
para restituir los años que fueron consumidos.
Alimentándonos
de langostas
Hay
una persona muy importante en el Nuevo Testamento que vivió
en la victoria de Dios. Es Juan el Bautista. ¿Ustedes
recuerdan cuál era la comida de Juan el Bautista? ¡Langostas!
Hermanos, este es un testimonio maravilloso del Espíritu
Santo en su Palabra. Aquellas cosas que pueden hacer consumirse
nuestros años, son las mismas cosas que pueden también
llevarnos a contar nuestros días delante de Dios y nos
pueden fortalecer en el Señor. Juan el Bautista se alimentaba
de langostas. Las langostas no lo consumieron a él, sino
que él se alimentaba de ellas.
Muchas
veces las tribulaciones, las aflicciones de nuestra vida, los
problemas entre hermanos, los problemas en la familia, los problemas
de salud, los problemas financieros y toda clase de cosas, pueden
estar consumiendo nuestros años. Pero, si vamos delante
del Señor, todas esas cosas nos van a hacer más
sabios y nos van a llevar a contar nuestro días delante
de Dios. Nos vamos a fortalecer delante del Señor, y
él va a usar eso como una comida para nosotros.
Cuando
recordamos al pueblo de Dios que salió de Egipto para
entrar en Canaán, el testimonio de ellos antes de entrar
era que aquellas personas en Canaán eran gigantes, y
que ellos se sentían como langostas. Entonces el pueblo
murmuró delante de Dios. Pero dos personas, Josué
y Caleb, proclamaron que el Señor estaba con ellos, y
porque el Señor estaba con ellos aquellos gigantes serían
como pan para ellos.
Yo
creo que no fue en vano que el Señor, por el Espíritu
Santo, haya registrado que Juan el Bautista se alimentara de
langostas. Juan el Bautista tiene un testimonio delante de Dios,
y una de las cosas maravillosas en la vida del profeta es que
él era un nazareo, una persona consagrada al Señor.
Y como ustedes recuerdan, un nazareo no podía cortar
su cabello, no podía tocar cosas muertas y tampoco podía
tomar vino.
Esta
es una situación importante para nosotros. Cuando nosotros
queremos comer las langostas, cuando queremos contar nuestros
días, necesitamos consagrarnos al Señor, como
un nazareo. Tener nuestros cabellos crecidos, no físicamente,
sino espiritualmente, significa negarnos a nosotros mismos,
tomar la cruz y seguir al Señor, día a día.
No
es que el vino, que alegra el corazón del hombre, sea
pecaminoso. Nosotros podemos tomar vino. Pero aquí, espiritualmente,
es una figura de que muchas veces, por amor al Señor,
dejamos de lado algunas cosas que son buenas, para dedicarnos
a él.
Otra cosa que un nazareo hacía era no tocar cosas muertas.
Espiritualmente, esto nos habla que tampoco debemos tocar las
cosas que a los ojos del Señor son muertas. Necesitamos
estar delante de Dios en consagración, y él es
quien puede ayudarnos, porque en nosotros mismos no tenemos
fuerzas. Pero con la ayuda del Señor, por su Espíritu,
podemos ir adelante y rogarle que nos ayude a contar nuestros
días, y así nuestros días serán
contabilizados por el Señor.
El
Señor nos ha dicho, entonces, que debemos redimir nuestro
tiempo. Que él nos ayude, nos hable al corazón,
para que podamos redimir nuestro tiempo en estos días
tan malos y correr nuestra carrera de forma que agrade a nuestro
Padre, de forma que traiga gloria al Señor, y cuando
lleguemos delante de él podamos oír aquella frase
maravillosa: «Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has
sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de
tu Señor».
Que
el Señor nos bendiga. Amén.
(Mensaje
impartido en Temuco, en mayo de 2006).