Mensajes desde Centenario

La primera civilización humana -la prediluviana- tenía las mismas características de hoy. Hubo dos clases de personas enteramente diferentes, y hubo también algunos personajes símbolos de cada una de ellas.

Los hijos de Caín y los hijos de Set

Eliseo Apablaza F.

Lectura: Génesis 4:1 - 5:32.

En estos dos capítulos, encontramos la historia de la humanidad antes del diluvio, desde el nacimiento de Caín hasta el nacimiento de Noé. Prácticamente los primeros 1.600 años de la historia del mundo están resumidos en ellos.

Es interesante ver que las características del mundo en esa época son muy similares a las características del mundo nuestro hoy en día; por supuesto, guardando ciertas proporciones (en cuanto al desarrollo de la ciencia, por ejemplo). Pero en los principios básicos, el mundo de entonces era muy parecido al de ahora.

La descendencia de Caín

En el capítulo 4 vemos a Caín y Abel, y cómo Caín dio muerte a su hermano. El comienzo de la vida humana es una tragedia entre dos hermanos: el primer hijo da muerte al primer hermano. Luego Caín es desterrado. Habiendo sido originalmente labrador de la tierra, se convierte en un hombre errante, un vagabundo.

"Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc. Y a Enoc le nació Irad, e Irad engendró a Mehujael, y Mehujael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lamec" (Gn. 4:17-18). Si sacamos la cuenta, desde Adán hasta Lamec hay siete generaciones. Lamec es el séptimo desde Adán por la línea de Caín. Y lo primero que hizo Caín cuando tuvo a su primer hijo fue edificarle una ciudad. Le puso el nombre de su hijo a la ciudad. Estaba tan orgulloso como padre: ¡El primer hijo! Y le pone a la ciudad el nombre de su hijo. Un acontecimiento. ¿Quién no podría entenderlo? Y luego continuó su descendencia, hasta Lamec.

Dice el versículo 19 que este Lamec tomó para sí dos mujeres. Esto es una novedad: la primera vez que aparece un hombre teniendo dos mujeres. Porque Adán tenía a Eva, y aun Caín tenía una sola esposa, pero Lamec tomó para sí dos mujeres, lo que nos muestra que desde este séptimo desde Adán por la línea de Caín comienza la degeneración de los principios originales de Dios: aparece un hombre bígamo. "El nombre de la una fue Ada, y el nombre de la otra, Zila. Y Ada dio a luz a Jabal, el cual fue padre de los que habitan en tiendas y crían ganados. Y el nombre de su hermano fue Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan arpa y flauta. Y Zila también dio a luz a Tubal-caín, artífice de toda obra de bronce y de hierro; y la hermana de Tubal-caín fue Naama" (Gn. 4:19-22).

Los hijos de Lamec empezaron a desarrollar una civilización; empezaron a hacer más cómodo el mundo. Jubal fue un artista, un músico. Es la primera vez que aparecen instrumentos musicales en la Biblia. En tanto, Tubal-caín fue un hombre industrial, un artífice de toda obra de bronce y de hierro, o como dice otra versión, 'de todo objeto cortante de bronce y de hierro'. Pareciera ser que fue este un hombre guerrero, que construía armas.

El séptimo desde Adán

Pero quisiera que centráramos la atención en los versículos 23 y 24, referidos a Lamec, este séptimo desde Adán. Noten ustedes que llega un momento en que Lamec piensa que tiene algo importante que decir, y entonces convoca a sus mujeres. "Y dijo Lamec a sus mujeres: Ada y Zila, oíd mi voz; mujeres de Lamec, escuchad mi dicho: Que un varón mataré por mi herida, y un joven por mi golpe –Algunas versiones dicen "y un varón he matado por haberme herido"–. Si siete veces será vengado Caín, Lamec en verdad setenta veces siete lo será".

Aquí encontramos a un hombre que, por la más mínima herida que recibe, es capaz de matar; por la más leve ofensa que se le inflige, él reacciona con violencia. El séptimo desde Adán por la línea de Caín es un hombre bígamo, y además es un hombre homicida, un hombre vengativo. Pero no sólo lo es, sino que también se enorgullece de serlo, a tal extremo que llama a sus dos mujeres para que escuchen sus dichos vengativos.

Lamec es el séptimo desde Adán por la línea de Caín. Nosotros sabemos que el número 7 en las Escrituras normalmente simboliza la perfección de Dios. Pero aquí, el hecho de que Lamec sea el séptimo desde Adán, significa también que con él culmina un desarrollo, una forma de ser de una civilización que ya está degenerada, que ya ha sido contaminada por el pecado y que ha sido llevada al extremo de su maldad. Es lamentable. Siete generaciones bastaron para que Caín tuviera un sucesor setenta veces más perverso.

Los descendientes de Set

Sin embargo en esos tiempos no sólo existían descendientes de Caín. También existía otra clase de gente. "Y conoció de nuevo Adán a su mujer, la cual dio a luz un hijo, y llamó su nombre Set: Porque Dios (dijo ella) me ha sustituido otro hijo en lugar de Abel, a quien mató Caín" (Gn. 4:25). ¿Se imaginan ustedes el desconsuelo de Eva cuando fue muerto su hijo Abel? La primera pareja de hermanos termina en el fratricidio. Pero Dios la consoló y le dio otro hijo, Set, que significa sustitución, o sea, Set vino a tomar el lugar de Abel. Y de este Set hay una nueva descendencia. "Y fueron los días de Adán después que engendró a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió. Vivió Set ciento cinco años, y engendró a Enós..." (Gn. 5:4-6). Y así sigue el relato.

Pero hay una cosa notable aquí: Por la línea de Set, cuando llegamos al descendiente número siete, nos encontramos con Enoc. Y la historia de toda esta raza, de toda esta descendencia de Adán por la línea de Set, tiene características muy distintas de la descendencia de Caín. La culminación de esta raza de hombres fieles, de hombres creyentes, es Enoc, el séptimo. "Y caminó Enoc con Dios, después que engendró a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas".

Cuando Caín tuvo a su primer hijo edificó una ciudad y le puso su nombre; en cambio, cuando Enoc tuvo su primer hijo, caminó con Dios. Y cuando Set tuvo su primer hijo, ¿qué pasó?: "Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová" (Gn. 4:26). Puede parecer una simple coincidencia, pero creo que no lo es. Cuando un hombre tiene su primer hijo, esa es una fecha muy importante para él, porque toma conciencia acerca de lo que significa ser adulto y tener descendencia. Toma conciencia de la responsabilidad no sólo sobre su vida, sino sobre otros -en este caso, su hijo que acaba de nacer. Y en ese momento, cuando nace el primer hijo, se toman decisiones radicales. La decisión de Caín fue edificarle una ciudad a su hijo; la decisión de Set fue comenzar a invocar el nombre del Señor; la decisión de Enoc fue caminar con Dios.

Pregunto a los padres jóvenes, los que tienen un solo hijo: ¿Cuál ha sido su decisión, qué han decidido hacer con su vida después que ha nacido su primer hijo? ¿Levantarle un reino en el mundo? ¿O decidir de corazón invocar al Señor y caminar con él?

Hay dos clases de gentes hoy en el mundo

Tenemos, por lo tanto, dos clases de gente. Ambas tienen un tronco común: Adán. Pero hacia un lado está Caín, hacia el otro está Set, en reemplazo de Abel. Luego de Caín, hay cinco hijos, hasta llegar a Lamec. Desde Set, hay también cinco descendientes, hasta llegar a Enoc. Podemos decir que aquel mundo que cayó bajo los juicios de Dios en el diluvio, estaba compuesto por dos clases de gentes: los descendientes de Caín, que construyeron una civilización, que amaron la vida sobre la tierra, que pretendieron transformarla en un lugar habitable; y los descendientes de Set, hombres que invocaban al Señor, que comenzaron a vivir para Dios, y de los cuales no se dice que hayan construido ninguna cosa en la que gloriarse humanamente hablando; hombres que invocaban al Señor, que caminaban con él.

Ustedes recuerdan que Caín derramó la sangre de su hermano, y cuando Dios acude donde él y le hace algunas preguntas a fin de que Caín reaccione, éste no reacciona. Cuando el Señor le dice: "Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido?", esta frase sugiere que Caín tuvo la oportunidad de arrepentirse. Dios le dio oportunidad para el arrepentimiento, pero no lo hizo. Luego, le dice el Señor: "Maldito seas tú de la tierra que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano" (Gn. 4:11). Esa sangre inocente que cayó sobre la tierra, hablaba. Por eso dice: "La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra", y más abajo: "Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra" (v. 12).

¿Cómo podía esa tierra que recibió una sangre inocente darle frutos a Caín? Sin embargo, él y sus descendientes, como no podían ser agricultores, se dedicaron a la industria, a la ganadería, a hacer objetos de arte, a desarrollar esas disciplinas o formas refinadas de arte que el hombre civilizado llama 'del espíritu'.

El mundo está hoy en la misma condición. También hoy día hay una descendencia de Caín, y hay una descendencia de Set. Sobre la faz de la tierra hay dos clases de hombres. Unos están tratando de embellecer el mundo para hacer de él un paraíso, y los otros están mirando más allá, están poniendo su mirada en los cielos, están acercándose a Dios. Y seguirán acercándose a él hasta tal punto que un día el Señor se los va a llevar.

Aquella civilización terminó con el diluvio, y sólo un descendiente de Set –Noé con sus hijos– pasó por ese juicio de Dios, en el arca. Todos los demás patriarcas longevos que aparecen en el capítulo 5 de Génesis murieron antes del diluvio, ellos fueron librados de los juicios de Dios.

En este momento, al igual que entonces, está Lamec, y está Enoc; el séptimo desde Adán por la línea de Caín, y el séptimo desde Adán por la línea de Set. Con Lamec se cierra el ciclo de una raza caída, de una raza degenerada, una raza corrupta. Lamec fue el peor de todos. Por el otro lado, con Enoc, se cierra el ciclo de una raza bendita, de una clase de gente dichosa que no es de la tierra, sino del cielo. Lamec nos hace percibir la figura del anticristo, que es el colmo de la maldad. En cambio, Enoc nos sugiere la figura de aquellos que serán arrebatados cuando el Señor Jesucristo venga.

En los días de Enoc había mucha maldad. Y como estas dos razas vivían juntas sobre la tierra, los hijos de Set tenían que soportar la violencia, la maldad, la corrupción de los descendientes de Caín. Sus almas seguramente se angustiaban a causa de la degeneración, tal como ocurre hoy. Por eso, el libro de Judas, nos muestra a este mismo Enoc, séptimo desde Adán, profetizando: "He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él" (Judas 16). Este Enoc fue el primer profeta. Él anunció los juicios de Dios sobre una humanidad sofisticada que se había alejado tanto de Dios, que había llegado al extremo de la maldad.

Hoy día, nosotros somos testigos de estas mismas cosas. ¿En cuál descendencia se encuentra usted? ¿Dónde tenemos el corazón, dónde tenemos la esperanza? Los hombres de la tierra y los hombres del cielo; los terrenales o los celestiales. ¿En cuál grupo está usted?

Toda esa raza duró mil seiscientos años. Llegó un momento en que Dios no la soportó más. Hoy en día, está a punto de que se acabe la paciencia del Señor, y de nuevo vendrán los juicios de Dios, juicios tan terribles o peores que aquéllos.

Pronto los Enoc despegarán de la tierra

Todos tenemos un antepasado común. En este sentido, todos los hombres descendemos de Adán, y en eso -constitutivamente hablando- no hay diferencia. Sin embargo, el Señor ha mirado con buenos ojos a aquellos que, como Abel, ponen su mirada en una ofrenda sangrienta, y se presentan delante de Dios con esa ofrenda para expiación de sus pecados. Dios mira con agrado a los que se presentan delante suyo premunidos de una sangre, la sangre de Jesucristo. Y al igual que ayer, Dios también se agrada en los que como Set invocan su nombre, "porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo".

Mientras la maldad va en aumento, la santidad también va en aumento. Y la justicia; y la consagración. Porque vendrá un día –y falta muy poco para eso– cuando todos los Enoc despeguen de esta tierra. Los que han caminado con Dios se levantarán, no por propia fuerza, sino porque van a ser atraídos desde arriba. El Señor Jesús será como un poderoso imán, que atraerá a todos aquellos que son de su misma naturaleza. El Señor atraerá a aquellos que han invocado su nombre, que han amado sus caminos, que han decidido en su corazón servirle.

Quisiera invitar a los hermanos, a las visitas o a los amigos que hoy nos acompañan, para que hoy hagan una decisión profunda en su corazón, para que salgan de aquí convencidos de que han cambiado de raza, que han dejado una condición destituida, que han cambiado desde hoy sus motivaciones, y aun su naturaleza. No podemos seguir depositando nuestra confianza en un mundo que se cae a pedazos. ¡Oh, pero hay salvación para aquellos que invocan el nombre de Jesús! Hay salvación, hay oportunidad.
Estas no son sólo verdades bíblicas que hemos sacado del libro de Génesis; son principios espirituales que tienen plena vigencia hoy en día.

Y también quisiera invitar a todos aquellos que –siendo ya hijos de Dios– hoy necesitan tomar una decisión radical a favor del Señor. Ustedes pertenecen a la raza de Set, a esta generación de hombres celestiales; pero tal vez han estado viviendo como los hijos de Caín, amando las cosas del mundo, construyendo en la tierra algo de lo cual aferrarse y en lo cual gloriarse. Quisiera invitarles también, amados hermanos, para que hagamos una decisión profunda en nuestro corazón.

El Señor viene pronto. No es necesario quedarnos hasta los días de Noé, porque Noé tuvo que presenciar los juicios de Dios. Nosotros, al igual que Enoc, podemos irnos antes. Noé fue el décimo desde Adán, Enoc fue el séptimo. Nos conviene alinearnos con el séptimo, no con el décimo.

¿Anhelas la venida del Señor para irte con él? Cuando la tierra te parezca estéril, y no te da su fruto; cuando aquí abajo sólo tienes lágrimas, significa que tú eres del cielo y no de la tierra, porque si fueras de la tierra estarías disfrutando aquí como el mundo lo hace. En cierto modo es bueno que a los hijos de Dios nos vaya mal en la tierra, porque así nuestra mirada se levantará hacia los cielos, de donde esperamos al Salvador y Señor Jesucristo, que nos llevará con él para siempre.

***