Mensajes desde Centenario

Gozo en medio del dolor

Eliseo Apablaza

"Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad. El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo. Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían" (Hechos 16:23-26).

Hemos estado compartiendo acerca de los sufrimientos que los cristianos padecen, y de qué explicación da la Escritura para esos sufrimientos. Pero hoy día quisiéramos ir un poco más allá y decir que a la luz de esta palabra que hemos leído, y de muchas otras, nosotros no sólo somos llamados a padecer la aflicción, a sufrir la injusticia o a soportar el agravio.

La verdadera fortaleza se demuestra en la alabanza

Estas acciones, si bien son nobles, todavía no son la perfecta voluntad de Dios. Padecer, sufrir y soportar son acciones que todavía nos pueden hacer aparecer como débiles, como si nosotros aceptáramos padecer porque no nos queda otra opción; que tenemos que sufrir porque los demás son más poderosos, así que no podemos rebelarnos contra ellos. Estas acciones, si bien son loables, no son la verdad completa; porque somos llamados también a gozarnos en la tribulación, a cantar en medio del dolor, y a tener paz en medio de la tormenta. Recién cuando un cristiano se goza en la tribulación, cuando canta en medio del dolor, como aquí Pablo y Silas, entonces se manifiesta en él la verdadera fortaleza.

Los cristianos somos aparentemente débiles, aparentemente frágiles; aparentemente, nos pueden avasallar. Pero dentro de nosotros hay una tremenda fortaleza: tenemos dentro de nosotros el Espíritu de resurrección con que el Padre levantó a Jesús de entre los muertos. Así que, hermanos, vamos a hablar un poco hoy acerca del gozo, acerca de la paz, acerca de la plenitud, de la felicidad, de la dicha que nosotros los cristianos somos llamados a experimentar aun en medio de las circunstancias más terribles.

El apóstol Pablo dice en una de sus epístolas: "...como entristecidos, mas siempre gozosos". Creo que esa frase expresa muy bien lo que es la vida cristiana, lo que es la experiencia común de un cristiano. Pablo, el mismo que aquí en la cárcel de Filipos cantaba himnos a Dios cuando su piel estaba desgarrada por los azotes, cuando sus pies estaban aprisionados en el cepo, cuando las llagas de su cuerpo estaban abiertas. ¿Pablo estaba llorando? ¡Estaba cantando himnos a Dios!

El himno, a diferencia de un 'corito' o de una canción, se caracteriza por ser solemne. Es como llenar de gloria un ambiente, para Dios. Hay muchos himnos gloriosos que escribieron hermanos del pasado. Los escribieron mientras estaban encarcelados, o bajo fuertes tribulaciones. Ellos podían decir: "Hay una paz en mi alma que inunda mi ser, una paz que el mundo no puede dar". Cristianos que habían perdido seres queridos, que habían sufrido tragedias, desgracias, podían componer himnos como esos, himnos de victoria, como los que Pablo cantaba. "Como entristecidos, mas siempre gozosos".

Hay en esto una paradoja. ¿Por qué nosotros cantamos en los velorios? ¿Por qué llevamos una guitarra para el cementerio? Porque la vida cristiana, amados hermanos, aunque tiene lágrimas, es sobre todo una vida de gozo. Llorando, estamos llenos de gozo; sufriendo, no tenemos amargura; porque aun los sufrimientos nos transforman, nos edifican.

Pablo en Filipos

Pablo tuvo esta experiencia en Filipos; encarcelado, llagado, cantando himnos. Así nació la iglesia en Filipos. Y es por eso que, cuando leemos la carta de Pablo a los filipenses, encontramos gozo, una y otra vez. "Gozaos, gozaos en el Señor siempre... Os digo: regocijaos". Para los hermanos de Filipos, Pablo era un hombre muy conocido por el gozo en medio del dolor, en medio de la prueba. ¿Quién era Pablo para los hermanos de Filipos? Era el hombre que cantaba himnos mientras estaba encarcelado. Por eso, cuando leemos Filipenses capítulo 3, por ejemplo, encontramos: "Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor".

Tengamos la Biblia a la mano, y consultémosla, porque aquí está la verdad de Dios. Tenemos que afirmar nuestro corazón en la verdad. Filipenses 3:1 dice: "Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor". Mire Filipenses 2:29 -se está refiriendo a algún hermano que está exhortando a que lo reciban-, dice: "Recibidle, pues, en el Señor, con todo gozo".

Ahora, versículo 4:4. "Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!". Aquí la palabra está entre signos de exclamación. Pocas veces la Escritura tiene expresiones entre signos de exclamación. ¿Cuándo escribió Pablo esta carta? ¿En qué circunstancias de su vida escribió esta carta? ¿Estaba en un hotel de cinco estrellas? ¿Estaba en una hamaca tomando la brisa de la tarde? ¿Estaba tomando el sol en una playa? ¡Estaba en la cárcel en Roma!

Ustedes saben que los emperadores romanos no eran muy amables con los presos. Eran terribles las condiciones de insalubridad, de mugre, que había en una cárcel romana. Y ahí Pablo, en medio de toda esa circunstancia adversa, dice: "Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!".

Hermanos, no estamos diciendo que no hay penas, que no vamos a derramar lágrimas. No estamos diciendo que tal vez mañana no tengamos alguna prueba que nos parta el corazón. Lo que estamos diciendo es que la vida cristiana es una paradoja. Es esto, es la muerte que nos circunda, es la muerte que nos quiere subyugar y atacar; pero es la vida de resurrección que está dentro de nosotros, y la vida sobrepuja a la muerte. Pablo escribe Filipenses en la cárcel, y esta es la epístola del gozo. Por fuera, había tempestad, pero adentro gobernaba la paz.

La experiencia de Hudson Taylor

Tengo aquí un libro. Se llama "El secreto espiritual de Hudson Taylor". Este fue un misionero que estuvo en China sirviendo al Señor en condiciones terriblemente complicadas. En ese tiempo, China era un país cerrado. Había allí solamente cinco puertos, y los extranjeros sólo podían vivir en los puertos, no podían entrar al interior del país. Pues bien, el primero en llevar el evangelio al interior de la China -miles y miles de kilómetros, cientos y cientos de ciudades, millones y millones de chinos- fue este hombre. Se le murieron familiares, varios hijos. Su primera esposa murió a los 33 años, cuando él tenía 38. Después estuvo en cama meses y meses, mientras la obra lo reclamaba. ¡Cuántos sufrimientos, cuánto dolor! Cuando murió su esposa, escribió las siguientes palabras:

"Cuando pienso en mi gran pérdida, de mi corazón quebrantado sube la alabanza a Aquel que la ha librado a ella de tanto dolor y la ha hecho tan inefablemente feliz. Mis lágrimas son más lágrimas de gozo que de tristeza; pero más que todo me glorío en Dios por el Señor Jesucristo, en su obra, en sus caminos, su providencia, en él mismo. Me regocijo en esa voluntad de Dios; me es enteramente aceptable y perfecta, es el amor en acción. Desde lo más profundo de mi alma, me deleito en el conocimiento de que Dios hace o permite todas las cosas, y determina que todas las cosas ayuden a bien de los que le aman".

¿Por qué nosotros somos avasallados por los problemas? ¿Por qué nos sumimos en una depresión, en un dolor tan profundo, cuando vienen las aflicciones, los contratiempos? Es porque no hemos aprendido a descansar en el Señor; es porque nuestra mirada es muy corta. Vemos solamente el hecho que nos aproblema y nos hiere, y no vemos desde la perspectiva de Dios, cómo a veces él permite que sucedan cosas que nos duelen.

Un hermano cuenta que estaba con Taylor en un momento en que llegaron cartas que traían terribles noticias de todos los lugares de China donde había misioneros que él había encomendado. Se habían levantado graves motines; los extranjeros estaban siendo asesinados. Cuando recibió esas cartas, dice el testigo -pensando que quizás Hudson Taylor desearía estar a solas- él quiso retirarse, pero, para su sorpresa, alguien comenzó a silbar. Era la suave melodía del estribillo del muy conocido himno: "Cristo, siempre en ti descanso". Volviéndose, él no pudo menos que exclamar: "¿Cómo puede usted silbar, cuando nuestros compañeros están en tanto peligro?". "¿Y quiere usted que yo me acongoje y me preocupe? -fue la respuesta serena- Eso no sería de ayuda para ellos, y efectivamente me incapacitaría a mí para mi trabajo. No puedo más que echar la carga sobre el Señor".

Día y noche, este era el secreto de Hudson Taylor: echar su carga sobre el Señor. Un hombre que lo conoció en Australia decía de él: "Era él una lección objetiva de serenidad; sacaba del banco del cielo cada centavo de sus ingresos diarios. "Mi paz os doy". Todo aquello que no agitara al Salvador ni perturbara su espíritu, tampoco le agitaría a él. La serenidad del Señor Jesús en relación a cualquier asunto, y en el momento más crítico era su ideal y su posición práctica. No conocía nada de prisa, ni de apuro, ni de nervios trémulos, ni agitación de espíritu. Conocía sólo esa paz que sobrepasa todo entendimiento, y sabía que no podía existir sin ella".

En Cristo no hay ansiedad

¿Estás preocupado, ansioso y agitado? Mira arriba. Ve al Hombre, a Jesús, en la gloria. Deja que el rostro de Jesús resplandezca sobre ti, el maravilloso rostro del Señor Jesucristo. ¿Acaso Cristo está angustiado, agobiado? No se ve en su frente ni cuidado ni sombra de ansiedad. Cristo ha vencido. Él está sentado en su trono, y los cristianos estamos unidos a él, al trono de Dios. Hay sufrimientos. Sin embargo, dentro de nosotros hay una fuente, hay un agua que brota, hay una paz que sobrepasa todo entendimiento, hay una vida poderosa que puede más que los problemas.

El cristiano más maduro y espiritual, hermanos, no es el más ceñudo, el que está siempre así como aproblemado, como que lleva toda la carga del universo sobre sus hombros. No es el más severo, no es el más estoico, sino aquel que se goza en el Señor en todo tiempo. Hermanos, ¿hemos perdido la sonrisa, hemos perdido la alabanza? Cuando la iglesia está cantando, ¿cómo está nuestro rostro, cómo está la actitud de nuestro corazón? ¿Hay circunstancias tan terribles que nos impiden bendecir a Aquel que nos rescató?

El ejemplo de David

David decía: "La alabanza de continuo está en mi boca". ¿Quién sufrió más que David? Pocos sufrieron más que él. Pero, ¿quién se gozaba más que David en su Dios? Ustedes recuerdan que él solía danzar delante del pueblo, con sus vestiduras reales. Cuando había fiesta, cuando había motivo de gozo, como cuando llevaban el arca a Jerusalén, David cantaba y danzaba. En los salmos de David encontramos muchas lágrimas; sin embargo, encontramos también muchos gritos de victoria. A medida que vamos avanzando en el libro de los Salmos, la alabanza al Señor, la adoración, va en aumento. Es como esas obras musicales en que los instrumentos se van agregando, en un 'crescendo' maravilloso. Al final, toda la creación alaba al Señor. Al principio, parece que es débil todavía, sólo los creyentes participan en ella, pero al final de los Salmos encontramos que toda la creación le alaba, y que todos los instrumentos se unen a alabar al Señor en esa sinfonía preciosa.

La exaltación del Señor en los cielos

Pueblo de Dios, hermanos santos, que las lágrimas no opaquen el gozo, que los problemas no nos hagan bajar la mirada. Nosotros tenemos un Señor exaltado. No está en la tumba, Jesús se levantó de la tumba. Él está sentado arriba en la gloria, fue recibido por el Padre. Y cuando él fue recibido, ustedes saben, qué gozo hubo en los cielos. Leamos, recordémoslo. Salmo 24. Leamos juntos un trozo de este salmo; aclamemos al Señor con nuestro corazón, llenémonos de júbilo, porque Jesús está en el trono. Cuando el Señor fue recibido arriba, estas son las palabras que se dijeron en esos lugares celestiales:

"Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla. Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová de los ejércitos, él es el Rey de la gloria" (Salmo 24:7-10). ¿Quién es el Rey de gloria? ¡Jesús de los ejércitos, él es el Rey de la gloria!

¿Se pueden imaginar ustedes cómo sería aquello, si aquí, cuando cantamos y aplaudimos, este ambiente se estremece? ¡Qué más es en los cielos cuando se alaba al Señor! ¡Cómo iremos a hacer nosotros cuando estemos allá, en aquel día! Hermanos, adelantémonos a esos gloriosos momentos, y experimentemos hoy lo que significa vencer en medio de las dificultades, poder cantar aun con lágrimas, tener una fuente en el corazón cuando alrededor hay una gran tempestad.

El favor de Dios dura mucho más que su ira

Veamos Salmo 30:4-5: "Cantad a Jehová, vosotros sus santos, y celebrad la memoria de su santidad. Porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría". La vida cristiana no es sólo un valle de lágrimas, como suele decirse. La Escritura dice que las lágrimas duran menos que el gozo, que la ira de Dios es sólo por un momento, pero su favor dura toda la vida.

Así que, sea que nosotros estemos siendo tratados por el Señor, o que estemos siendo disciplinados por el Señor, aún así, podemos cantar al Señor y celebrar la memoria de su santidad. El versículo 4 nos insta. ¿Y cuál es la razón de ese canto? Está dada en el 5: "Porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida". Hemos pasado noches angustiosas, noches de lágrimas; pero a la mañana viene la alegría. ¿Lo hemos podido experimentar? Hoy siento que no estoy en la noche del llanto, sino en la mañana de la alegría.

Hermanos, algunos de nosotros están pasando tribulación. Se ha orado por ellos, se les ha tendido la mano, se ha buscado refugio en el Señor, se ha pedido de Dios la provisión para esa necesidad. Pero, ¿sabe?, la iglesia tiene que mantener el gozo, la alabanza, la adoración. Y si algún hermano está pasando por este momento de ira o por esta noche de lloro, será también alentado por el gozo de la iglesia. Damos testimonio que siempre, después de la noche, viene la mañana, en Cristo; siempre, después de la ira, viene el favor de Dios.

"Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria" (2ª Corintios 4:17). Hay tribulaciones momentáneas, sí, pero ellas producen en nosotros algo eterno; producen oro, producen una piedra preciosa; nos van transformando en la misma imagen del Señor.

Nosotros siempre hablamos de la cruz y del camino de la cruz, y a veces pienso que, cuando hablamos tanto de la cruz y del camino de la cruz, y de los sufrimientos, y que hay que morir, pareciera ser que descuidamos la segunda parte del mismo versículo. Así que, tenemos que aclarar: Es cierto que existe el camino de la cruz. Pero el camino de la cruz o el tomar la cruz nunca será sin el gozo del Señor adentro, sin el reposo en el Señor, el descanso, la satisfacción espiritual que produce el saber que no estamos solos.

Hablamos de que es necesario morir. Claro. Pero también tenemos que decir que después de la muerte hay resurrección, y la vida de resurrección es una vida de gozo, una vida de plenitud. Así que no nos quedemos a mitad de camino enfatizando sólo la muerte, ni nos transformemos en un pueblo melancólico, triste. No, no podemos serlo, porque el Señor Jesús vive en nuestro corazón. Así que, cuando estemos delante del Señor, esforcémonos en la gracia, para que nuestra alabanza, y aun nuestra expresión física sean dignas de Aquel que nos amó tanto y que murió por nosotros.

El gozo surge cuando hemos andado la segunda milla

Ustedes se habrán dado cuenta que en la Escritura se habla muchas veces del gozo y la alegría, de bendecir al Señor con gozo y alegría. Y se ha hecho una distinción entre las dos palabras, que son parecidas, pero no son lo mismo. La alegría sugiere algo del alma, y el gozo, del espíritu. No sólo alabamos con el espíritu, es decir, con el corazón, sino también con el alma. Y aun mi carne, dice la Escritura, alaba al Dios vivo. No sólo desde adentro bendecimos; no sólo nos gozamos en el espíritu, sino en nuestra alma, y aun nuestro cuerpo. Así que podemos danzar, podemos aplaudir, podemos expresarnos el gozo del Señor unos a otros. Dios desea, amados hermanos, que tengamos gozo, aun en medio de la tribulación.

Ahora, ¿vamos a forzar el gozo, vamos a obligarnos a tener el gozo cuando en realidad no lo tenemos? Y si es así, si no tenemos gozo, ¿por qué no lo tenemos, si el Señor desea que tengamos gozo? ¿O vamos a transformarnos en un pueblo que hace una mueca de sonrisa cuando en realidad no hay gozo por dentro? No, no se trata de eso. El Señor desea que tengamos gozo, hermanos, pero el gozo viene cuando sufrimos por él, cuando bendecimos a nuestros enemigos, cuando andamos la segunda milla.

Si nosotros sólo soportamos las tribulaciones, pero como a regañadientes, entonces no tendremos gozo. Si solamente damos un paso, la primera milla, pero no la segunda, entonces probablemente no haya gozo. Hay muchas experiencias de cristianos al respecto que pueden confirmar esto. Recién el gozo inunda nuestro corazón cuando nosotros damos más de lo que se nos pide; cuando no sólo soportamos la injuria sino que bendecimos al que nos injuria, ahí viene el gozo del Señor.

¿Queremos tener gozo? Yo quiero estar siempre gozoso, como dice la Palabra. Entonces, ejercitémonos en esto, en bendecir, en amar, en sufrir, con la mejor disposición. No en quejarnos, sino en mirar al Señor y ver que él va a inundar nuestro corazón de gozo cuando nosotros obedezcamos su Palabra.

Hermanos, el cántico es una señal de fortaleza y de victoria. Qué fuertes, qué invencibles aparecen Pablo y Silas cantando himnos a Dios, con la espalda llagada y con el cuerpo adolorido. La impotencia del carcelero, la impotencia de los que los habían azotado. ¿Cómo los hacemos callar, cómo les quitamos el gozo? Imposible. Ellos tenían poder para azotar, pero no para quitar el gozo. Esa es la mayor señal de fortaleza. Un cristiano es fuerte, por eso canta.

Nosotros expresaremos nuestra fortaleza cantando, y diremos: "El gozo del Señor es nuestra fortaleza". Un cristiano que ha hallado su reposo en Cristo es feliz. En la Biblia, es cierto, no aparece la palabra 'felicidad'. Lo más parecido a esa palabra que se halla en el Nuevo Testamento es bienaventuranza, o bienaventurados, felices, dichosos. En Mateo capítulo 5, encontramos la clase de gente más feliz: los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos; los que lloran, los mansos, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los de limpio corazón, los pacificadores, los que padecen persecución por causa de la justicia. Ellos son los dichosos, ellos son felices.

¿Algunos de ellos tienen una actitud soberbia, como de predominio, una actitud vengativa, una actitud de poder humano? No, ninguno. Pero dice de ellos en el versículo 11: "Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros".

Hermano, yo te digo hoy: "Gózate y alégrate en el Señor". Espero que tú me digas mañana, cuando yo esté triste, esto mismo: "Gózate y alégrate en el Señor". ¡Hermanos, gozaos y alegraos en el Señor! Necesitamos compartirnos la Palabra, necesitamos alentarnos unos a otros. Necesito decirle esto a usted, pero también necesito que usted me lo diga a mí. Todos juntos, porque a veces, ¡ay, qué es difícil alegrarse! ¡Ay, que es difícil gozarse cuando el aguijón viene y nos hiere! Pero, hermanos, nuestro galardón es grande en los cielos.

El Señor Jesús, dice, por el gozo puesto delante de él, sufrió a la cruz. Dice la Palabra que el reino de Dios no consiste en comida ni bebida, sino en justicia, gozo y paz en el Espíritu. ¿Tenemos gozo? ¿Tenemos paz? Ninguna de estas dos cosas la puede fabricar el diablo; ninguna de estas dos cosas provienen del mundo; ni el gozo ni la paz. ¿Saben lo que el mundo tiene? Es risa; a veces, una risa estrepitosa, pero cuando se acaba la risa o el chistecito, de nuevo viene la profunda tristeza.

Nosotros no tenemos una risa externa; tenemos gozo o alegría. El gozo es del espíritu, la alegría es del alma. Pero tenemos. Esto es algo que Dios nos ha dado. Y lo otro que el diablo no puede fabricar es la paz. Cuánta gente que tiene mucho dinero, que tiene posesiones, que tiene grandes cosas, desearía tener un minuto de paz en su espíritu, y no la tiene. Si en alguna parte estuvieran vendiendo la paz, como se compra un vehículo, creo que muchos gastarían millones de pesos en comprar algo de paz.

En Su presencia hay plenitud de gozo

Dice la Escritura que nosotros somos guardados por la paz de Dios. "Y la paz de Dios gobierne vuestros corazones". Oh, hermanos, tenemos paz. El Señor nos dio su paz, el Señor nos dio su gozo; esta es nuestra posesión, es nuestra herencia. A propósito de herencia, Salmo 16. Este salmo lleva por título en esta versión de la Reina-Valera: "Una herencia escogida". Y se habla aquí, como en el 5, por ejemplo: "Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa". Y fíjense ustedes cómo termina este salmo de la herencia. Versículo 11: "Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a tu diestra para siempre".

Hermanos, ¿Dios es un Dios hosco, huraño, enojón, un Dios con el ceño fruncido? No. Dice: "En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre". Hermanos jóvenes, les voy a hacer una invitación, un desafío también. ¿Están sufriendo por algún desengaño? ¿Están sintiéndose frustrados en el corazón porque el objeto de su amor no le corresponde? ¿Están decepcionados porque no quedaron en la Carrera que querían? ¿Están pasando por una tribulación porque el papá y la mamá les tocaron un poquito? ¿Se sienten decaídos? Hermanos jóvenes, en la presencia del Señor hay plenitud de gozo.

Las horas más felices de mi juventud, desde que conocí al Señor, las pasé en íntima comunión con Dios. A veces solo, a veces con algún otro hermano, orando, alabando al Señor con una guitarra, a todo grito a veces. ¡Qué gozo más grande! ¡Qué delicia, hermanos, tener a Jesús! Qué delicia que el Espíritu Santo esté adentro de nosotros, y corra y fluya como río. Hermanos, no nos olvidemos. El mundo busca la felicidad, y hace montones de cosas y busca vestir bien, comer bien, tener honra, éxito, pensando que eso lo llenará de gozo. Pero la plenitud del gozo, el gozo pleno, absoluto, perfecto, sólo se puede hallar en Cristo. Y esto no es una teoría, hermanos; no es un slogan. Jóvenes, en Cristo está la plenitud del gozo. "Delicias a tu diestra para siempre".

Creo que nos falta recuperar esta área de nuestra vida cristiana. A veces somos muy serios, somos muy formales, somos muy parcos, somos muy melancólicos.

El Señor Jesús hace todo ambiente atractivo

Un cristiano que ha hallado su reposo en Cristo, es feliz. Hermano, ¿eres feliz de verdad? ¿Tienes tu satisfacción, tu deleite, en Cristo; todo en Cristo? Entonces, eres un hombre feliz. Eso tiene que notársenos también en toda nuestra manera de ser. ¿Cómo nos saludamos? ¿Cómo nos abrazamos? Cuando nos encontramos en la calle, ¿nuestro rostro dibuja una sonrisa de gozo? Que el Señor nos ayude. Toda esa melancolía que viene del mundo, ese desencanto, esa tristeza del mundo, que agobia, reprendámosla también.

En el cielo, habrá un estado de sumo gozo y paz; pero también aquí tenemos a Aquel que alegra el cielo. ¿Quién hace que el cielo sea tan atractivo? ¡El Señor Jesús! Saquen a nuestro Señor del cielo y el cielo entonces será un lugar común y corriente. El cielo puede estar aquí hoy, y de hecho está, porque el Señor está en medio nuestro. ¡Bendito es su nombre!

No quisiera hablar más; con esto es suficiente. Pero quisiera dejar con ustedes este sentir. Hermanos, tenemos razones más que suficientes para atropellarnos en la proclamación, en la expresión de alabanza, en la expresión de adoración. Aunque sea una frase, una proclama breve. No necesitamos extendernos demasiado, porque de esa manera podríamos impedir que otros hablen. Todos nosotros tenemos razones para estar felices; todos nosotros tenemos razones para alabar y bendecir al Señor.

El reino de Dios es justicia, paz y gozo. Justicia en el sentido de que hay el carácter justo de Dios. Luego, el gozo y la paz, dones invaluables, preciosos, que el Señor nos ha dado. Que nuestra alabanza y nuestra adoración sea más libre. Queremos expresar la riqueza que hay dentro; queremos expresar la paz y el gozo que tenemos dentro. Que ninguna circunstancia exterior nos avasalle, porque somos más que vencedores. El Señor nos ayude.

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