Uno de los poderosos enemigos que debe enfrentar todo cristiano es la carne, representada en el Antiguo Testamento por Amalec.

Amalec (2)

Andrew Webb

Lecturas: Éxodo 17:16; 1 Samuel 15:2-9.

Días atrás se nos habló acerca de Amalec, que es tipo de nuestra carne; se nos habló de la necesidad de que este Amalec sea derrotado en nosotros. Y la palabra que dijo Jehová en Éxodo 17, de que tendría guerra con Amalec de generación en generación, se ve cumplida aquí en 1 Samuel.

En este tiempo Saúl estaba siendo inaugurado como rey. Sin embargo, él no era el rey conforme al corazón de Jehová, sino el rey que quiso el pueblo de Israel. Y este acontecimiento que aquí hemos leído, iba a marcar toda la trayectoria del reino de Saúl, porque aquí vemos que él desobedeció a Jehová y tuvo compasión de aquella parte de Amalec que le pareció buena.

Es necesario que nos veamos reflejados en Saúl. Porque Saúl representa a uno que es escogido por Dios, pero no conforme al corazón de Dios. Uno que pensó que sabía más que Dios; y en este sentido podemos ver que él estaba actuando en su carne. Él quiso preservar lo bueno que había de Amalec.

Ahora, ¿por qué este Amalec seguía en pie? Porque aquí vemos claramente que tenían rey, tenían ejército, tenían mucho ganado. Este Amalec es nuestra carne, en el Nuevo Testamento.

Ciertamente, Dios no destruyó a Amalec, sino que lo debilitó. Jesús, en la cruz del Calvario, debilitó a este Adán, que estaba por herencia en cada uno de nosotros. Sin duda, Dios tenía poder para destruirlo, sin duda que él ha vencido. Nosotros queremos dejar eso muy claro en nuestros corazones: Jesús venció en la cruz, Jesús cumplió todo lo que quiso hacer en ese consejo eterno de Dios; no dejó nada afuera de lo que tenía que cumplir. Fue por ese consejo que Amalec tenía que ser dejado vivo, pero debilitado.

En esto hermanos vemos la voluntad eterna de Dios, que fue no matar a este Amalec. Porque si nos hubiese redimido el Señor, y con el Amalec muerto en nosotros, entonces Satanás podría haber ido ante del trono de Dios, y reclamar: 'Dios, tus hijos te obedecen porque tú destruiste todo lo que yo había sembrado en ellos'. Pero Dios fue aquel que justificó y también permaneció justo por medio de estos hijos que fueron hechos menores que los ángeles, menores que Satanás.

Ahora en la multiforme sabiduría de Dios, él está usando a aquellos que todavía les queda un poco de Amalec, que todavía llevan dentro de sí todo aquello que Satanás sembró por muchas generaciones. Todavía lo llevamos dentro, sí, pero está debilitado, y por medio de hijos obedientes, por medio de aquellos que están dispuestos a pagar el precio, Amalec sigue siendo expuesto, y los hijos siguen obedeciendo a Dios y siguen declarando que Jesús es el vencedor.

Un enemigo antiguo

Aunque este Amalec fue vencido en aquel tiempo, cuando Israel lo enfrentó en Refidim, todavía aquí, en los días de Samuel, estaba en pie y tenía rey; se había fortalecido otra vez. Y Saúl, viendo aquellas cosas, cuando él lo iba derrotando, decidió en su propia sabiduría que era mejor dejar lo bueno de Amalec y sacrificarlo a Dios. Pero Dios no se agradó de esto.

Y vemos aquí claramente reflejada y tipificada nuestra carne, porque nada de la carne puede agradar a Dios. Está declarado tan claramente en todo el Nuevo Testamento, que el Espíritu es contrario a la carne; la carne, contraria al Espíritu, y todos aquellos que están en la carne no pueden agradar a Dios. Pero muchas veces es muy sutil esa línea entre lo bueno y lo malo que está dentro de nosotros.

Es tan fácil que nosotros digamos: 'Yo soy así; éste es el carácter con que Dios me creó'. Muchas veces nos defendemos en la carne; muchas veces no queremos que aquello que es de Amalec sea derrotado a filo de espada. Entonces, necesitamos ver que la raíz de este Amalec es tan terrible y tan sutil, y se ha ido desarrollando y desarrollando por todas las generaciones.

Hermanos, esta simiente, esta raíz, comenzó en el huerto de Edén, en Génesis capítulo 3. "Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí" (Gén. 3:7-12).

Aquí vemos esta raíz en su primera etapa. El hombre avergonzado de lo que Dios había santificado, avergonzado de lo que Dios había dicho que era bueno. Y Satanás ya empieza a coser esa semilla dentro del hombre, y empieza a distorsionar lo que Dios había hecho. Entonces fueron abiertos sus ojos, vieron que estaban desnudos, y entonces no sólo se empezaron a coser vestidos, sino también se escondieron de la presencia de Dios.

La carne siempre se avergüenza de la presencia de Dios, siempre se esconde, siempre trata de presentarse como algo mejor de lo que es. Siempre trata de presentarse como algo noble, algo bueno. Porque aquí vamos a ver el trayecto que iba a seguir esta carne iba por medio de la descendencia de Adán, y en este transcurso vemos cómo la carne va avanzando, va creciendo; cómo va aumentando en aquellas personas que eran descendencia de Adán.

Vemos muchas veces que en la Palabra hay genealogías. Y es porque Dios está mostrándonos una progresión; cómo las cosas van avanzando, sea que fuera por medio de su voluntad, sea un remanente de gracia que Dios tenía, o sea una genealogía de aquello que era contrario a Dios, mostrando siempre como estas dos voluntades -de Dios y también del ángel caído, Satanás- fueron avanzando. Entonces, en el libro de Génesis, vemos cómo esta carne, esta simiente que Satanás había plantado en el hombre, se iba traspasando.

Dios dice en su Palabra que las maldiciones se traspasaban hasta la cuarta generación. Todos los hombres han nacido bajo pecado, todos nacen según Adán, pero también vemos que ciertas características, ciertas formas de ser, en particular, son traspasadas de una persona a otra.

La carne se esconde, la carne se justifica delante de Dios. Jesús dice: "Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras sean reprendidas" (Juan 3:20). Esa palabra, reprendidas, también se traduce como expuestas - para que no sean expuestas. Aquí vemos a Adán escondido de Dios, vemos la carne escondiéndose de Dios. Y tiene sus buenas razones, y discute con Dios. Por eso dice: "La mujer que tú me diste…". Ella es la responsable, y también en una forma indirecta: 'Tú, Dios, también eres responsable por esto'.

Podríamos, en nuestra ignorancia, discutir con Dios y decir: 'Nos has dejado este Amalec, nos has dejado esta herencia de Adán dentro de nosotros'. ¿Será culpa de Dios? ¿O será que él tiene propósitos mucho mayores? Y, en nuestra ignorancia, discutimos con Dios.

Vemos entonces en Génesis 4:9: "Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?". Aquí vemos la carne desarrollándose, no sólo discutiendo con Dios o con la mujer, sino también con el hermano. Vemos cómo esta raíz de amargura va creciendo y se va extendiendo hasta ahora, en el Nuevo Testamento, en medio de la iglesia. '¿Acaso soy yo guarda de mi hermano? ¿Qué tengo que ver yo con el pecado de mi hermano, con sus fallas, con sus problemas?'. Esta es una vida individualista, una vida que no tiene preocupación por los demás.

Versículo 14: "He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará". Aquí vemos otra vez la carne escondiéndose de Dios, culpándole por su propia situación. Porque Dios ya le había advertido de esto a Caín, diciéndole que el pecado estaba a la puerta, y que quería dominarlo, pero él tenía que dominar aquellos deseos.

Hoy en día, hermanos, nosotros estamos en una posición privilegiada, porque tenemos el Espíritu de vida, tenemos a Cristo viviendo en nosotros. Él es el gran vencedor. Por eso no hay excusa para nosotros cuando actuamos en la carne. Hay provisión. Sí, Caín recibió la palabra, la advertencia de Dios, pero no supo y no pudo resistir ese deseo tan grande dentro de él. Pero nosotros sí, tenemos una puerta siempre abierta para salir de la tentación. ¡Pero cuántas veces no hemos cruzado aquella puerta!

"Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara. Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén. Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc. Y a Enoc le nació Irad, e Irad engendró a Mehujael, y Mehujael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lamec. Y Lamec tomó para sí dos mujeres; el nombre de la una fue Ada, y el nombre de la otra, Zila. Y Ada dio a luz a Jabal, el cual fue padre de los que habitan en tiendas y crían ganados. Y el nombre de su hermano fue Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan arpa y flauta. Y Zila también dio a luz a Tubal-caín, artífice de toda obra de bronce y de hierro; y la hermana de Tubal-caín fue Naama" (v.15-22)

Hermanos, aquí vemos cómo la carne se va desarrollando. Caín ya fue capaz de levantar una ciudad. La obra de la carne creciendo; ya es capaz de perfeccionarse, de ir civilizándose, modernizándose, así como el mundo hoy en día. El hombre esconde su carne con argumentos, con ideologías que dicen que el hombre está yendo hacia la perfección - aquella idea griega del hombre perfecto. Vemos cómo hoy en día la moral del hombre va cayendo, y lo que hace 50 años era abominación, hoy día es aplaudido.

Veía las noticias esta mañana. En los Estados Unidos, el próximo Presidente estaba hablando. Y estaba diciendo que estaban apelando a los cristianos. Pero, ¿cuál fue su discurso? Que sólo el hombre y la mujer se pueden casar, pero los homosexuales sí pueden convivir y pueden hacer adopción. Entonces vemos claramente que, si están apelando a los cristianos, ¡en qué condición está el mundo! Si ésta es la condición en que ya ha caído la cristiandad, ¡cuánto peor el mundo! Así se va extendiendo el reino de Satanás y usando el único instrumento que a él todavía le queda, en los hombres, y esa es la carne.

Lamec, este hombre, tomó dos mujeres, ya en directa desobediencia a Dios. Y también se levanta por sobre el mandamiento de Dios, sabiendo la señal que había puesto sobre Caín, y dice: "Si siete veces será vengado Caín, Lamec en verdad setenta veces siete lo será". Esos números tan conocidos en el Nuevo Testamento. He aquí la carne levantándose y desafiando a Dios. Cómo Satanás usa los números de Dios, la sabiduría de Dios y cómo la imita.

Vemos, entonces, que aquí llega un punto, un quiebre en el relato acerca de este desarrollo de la humanidad. Y aquí en el capítulo 5, hay una genealogía de Adán según Set, y vemos que el Señor sigue con un remanente, sigue con aquellos que están conforme al pensamiento de Dios. Pero en la humanidad en general, estaba toda la carne corrompida delante de Jehová, por lo cual aborreció lo que estaba aconteciendo en la tierra, y por eso vino el diluvio.

Pero, hermanos, aun pasando por aquellas aguas de la muerte del Señor Jesucristo, todavía sigue Amalec dentro de nosotros. Y así fue que, aun después de destruirse todo aquello que desagradaba a Dios, inmediatamente vemos cómo Noé siembra para su carne. Teniendo la viña, él se emborrachó y quedó desnudo, y sus hijos tuvieron que cubrirle. ¡Y cómo él maldecía a uno de sus hijos! ¡Cómo es la boca del hombre, hermanos! Como dice en Romanos, es como una tumba abierta. Cuán rápido fue Noé para maldecir a Canaán.

Y vemos en el libro de Santiago, que verdaderamente el único hombre perfecto es aquel capaz de controlar a su lengua y todo su ser, y ese es el Señor Jesús. Por eso lo admiramos a él, porque esta es la semejanza que queremos en nosotros. Esto es lo que queremos: ser transformados a la imagen de este varón perfecto.

Pero aquí vemos la humanidad desarrollándose, las naciones siendo formadas, y cada vez más se empieza a hablar de reinos, de hombres grandes en la tierra. Empezamos a ver cómo son levantados uno tras otro, cómo había guerra. La carne se va perfeccionando, va avanzando y entonces llegamos hasta Amalec. Y Amalec era nieto de Esaú.

Vemos en el capítulo 11, la torre de Babel, y cómo Dios tuvo que dispersar a todos los hombres por la tierra y confundir su lenguaje, porque ellos habían dicho que, si se juntaban, podrían construir una torre hasta los cielos. Aquí vemos reflejado lo que hizo Satanás cuando él quiso levantar su trono encima de aquel que estaba establecido en los cielos. Esto es lo que es capaz de hacer la carne. Cuando se desarrolla, es capaz de llegar hasta los cielos. Por eso el hombre hoy ha declarado muerto a Dios, y ha dicho que la humanidad es dios.

Es en Génesis 36:9 que, por fin, vemos cómo esta genealogía llega hasta Amalec: "Estos son los linajes de Esaú, padre de Edom, en el monte de Seir". Estos hombres, los edomitas, eran de muchos recursos. Prosperaron tanto que se tuvieron que separarse por la tierra. Tuvieron mucho ganado. Y aquí vemos en Amalec, un ejército; cómo la carne puede prosperar, cómo puede llegar a ser multitud dentro de nosotros. Hermanos, la carne, si es dejada, puede desarrollarse, puede llegar a esta estatura.

El mundo está sin remedio. Tenemos que declararlo así. Por más perfeccionada que pueda ser la carne, ellos no tienen remedio, sino echar mano a aquella carne. Nosotros no, hermanos. Estamos en esta posición privilegiada. Bendito sea el Señor Jesús, porque él venció, y nos dio esta potestad de vencer por su Espíritu de vida que está dentro de nosotros.

Amalec en el Nuevo Testamento

Nosotros tenemos una nueva herencia, el Nuevo Testamento. Nosotros somos una nueva criatura, somos creación nueva. Entonces mientras todavía queda algo de aquello escondido, avergonzado dentro de nosotros, mientras aquel Amalec permanece en nosotros, siempre va a poder salir. Esto en ninguna forma puede sustraer lo que ha hecho el Señor. El Señor está esperando que, con esa espada de doble filo, podamos separar el espíritu del alma, podamos ir cortando este Amalec que está escondido en nosotros.

La carne siempre se esconde, siempre se perfecciona. En el Nuevo Testamento vemos ejemplos de cómo la carne puede tener esta apariencia de espiritualidad. Leemos en Gálatas 3:3: "¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?". Algunas traducciones usan la palabra perfeccionar en vez de acabar. Por supuesto, nadie puede, conforme al pensamiento de Dios, perfeccionarse por la carne; pero sí vemos muchos religiosos, como los fariseos en los días del Señor. Y hoy en día también, aquel fariseo en nosotros que quiere aparentar algo delante de los hermanos.

Aquí en esta iglesia, en Galacia, había aquellos que estaban tratando de perfeccionarse, de seguir adelante en la carne. Y cómo ellos estaban logrando aquello, hasta que vino Pablo con la palabra del Señor para reprenderles. No sabemos cuánto tiempo estaban caminando así.

Colosenses 2:23: "Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne". Es decir, que había métodos establecidos por los hermanos para parecer espirituales, pero los apetitos de la carne siempre los consumían. Podían aparentar ser alguien en medio de la congregación, pero si no era el Señor en ellos, su Espíritu actuando en ellos, simplemente eran consumidos por los apetitos de la carne. Pero ellos tenían aquella forma externa y tenían una voluntad tan firme.

Había herejías en los tiempos de la iglesia primitiva, el gnosticismo y varias otras formas de esto. Amalec sigue de generación en generación, pero no es la voluntad del Señor que él sea dejado para reinar, sino que tiene que ser dominado por el Espíritu, tiene que ser puesto en su lugar para obedecer.

Filipenses 3:4: "Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más…". Y ahí sigue Pablo con su lista de herencia humana, de lo que era noble delante de los ojos, humanamente. Por supuesto sabemos que Pablo no echaba mano a esto, lo consideró como basura, como pérdida, "por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús mi Señor". Vemos aquí un principio espiritual que se podría presentar en aquella carne, y habría sido bien visto hasta entre los hermanos.

La carne es una cosa tremenda, en un sentido negativo. Por eso sigue en pie, por eso es capaz de hasta verse bonita, así como Samuel encontró bonitas aquellas cosas. Podemos pensar de nosotros que tenemos cosas buenas; podemos pensar que Dios nos creó así, y usar la excusa que así es como somos; pero es porque aquellas cosas siempre las hacemos en lo escondido y cuando son expuestas, así como dijo el Señor, nos avergonzamos.

El Señor dejó muy claro en su Sermón del monte, que los ojos de Dios ven todas las cosas, hasta el corazón. Y así como el corazón es engañoso sobre todas las cosas, aquellas formas religiosas externas no valían para él, y él las expuso - el adulterio del corazón. Entonces, hermanos, todos nuestros pensamientos están expuestos delante de Dios. En aquel día todas nuestras palabras serán juzgadas. A veces podemos ser personas de mucha voluntad propia, podemos no decir las cosas; pero, aun así, Dios sabe nuestros pensamientos.

¿Estamos contentos, hermanos, de dejar a Amalec permanecer en nosotros? Deberíamos llegar a aborrecer a ese Amalec, aborrecer cómo somos. Deberíamos ver las cosas que hay dentro de nosotros y arrepentirnos de ellas. No deberíamos decir: 'Así somos nosotros, esa es nuestra naturaleza'. Porque así como cada persona iba siendo formada en esa genealogía, con todas sus capacidades, al final era simplemente carne. Y aunque se podría perfeccionar delante de los ojos de los hombres, y hasta discutir con Dios, todo era abominación delante de Jehová.

En nuestra vida privada, en nuestro ser íntimo, como el Señor Jesús dijo, cuando vamos a la oración, vamos al lugar secreto. Esa frase, 'el lugar secreto', es cuando uno está delante de Dios y queda expuesto cómo es - "en tu luz vemos la luz". No queremos hacer un análisis de nosotros mismos por nuestra cuenta, porque siempre seremos engañados, siempre veremos lo mejor de nosotros, siempre pensaremos que somos mejores de lo que somos. Necesitamos que el Señor examine aquello que nos hemos acostumbrado tanto a tener dentro de nosotros.

Hermanos, cuántos años hemos mantenido dentro de nuestra cabeza pensamientos de juicio contra nuestro hermano. Cuánto nos hemos acostumbrado a convivir con Amalec. Es necesario que lleguemos a aborrecer cómo somos; es necesario que lleguemos a apreciar esa luz que nos expone, que nos avergüenza. Ciertamente Adán tuvo vergüenza de salir y mostrarse delante de Dios; pero es necesario que Dios nos cubra, es necesario que él haga aquellas pieles de animal, tipología de la muerte y sacrificio de nuestro Señor Jesús, y que él nos cubra. Es necesario que todo aquello que está en tinieblas sea expuesto delante de él.

Es necesario que en nuestros matrimonios, con nuestros hijos, en nuestras relaciones en la iglesia, en todo, seamos juzgados. Y nosotros también aceptemos el juicio de Dios, y juzguemos a Amalec dentro de nosotros. Necesitamos pelear esta batalla. Como se ha dicho, esto es una guerra espiritual.

Efesios 6:11-17 dice: "Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo". Sabemos cuáles son aquellas asechanzas, hermanos. Es cierto, "…no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales".

Satanás tiene un método favorito para atacarnos. La lucha no es con carne y sangre: Satanás ocupa a Amalec dentro de nosotros. Aunque puede allegar los infiernos directamente contra la iglesia, o contra nosotros, su método favorito es simplemente desplegar a Amalec dentro de nosotros y usarlo. Y ahí nosotros nos quedamos mirando y nos avergonzamos y podríamos llegar hasta preguntar si Dios realmente ha hecho aquella obra que tantas veces ha sido proclamada desde aquí. Pero sí, esa obra fue completa, fue perfecta.

Pero aquí en este pasaje vemos cómo Dios quiere que nosotros participemos con él, para que en aquel día Satanás y todas las huestes espirituales de maldad sean avergonzados, porque los hijos de Dios, siendo menores que ellos, sí obedecieron, sí tomaron la decisión de enfrentar a aquel Amalec con la espada de doble filo.

La armadura de Dios

"Por tanto tomar toda la armadura de Dios para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad pues firmes ceñidos vuestros lomos con la verdad". Cuán necesario es esto, hermanos, porque Satanás va a intentar atacarnos en todos estos lugares, en estas partes que Dios nos ha cubierto. Va a tratar de atacarnos en la verdad. "Y vestíos con la coraza de justicia". Va tratar de atacar nuestro corazón, que está cubierto con la justicia de Dios. Si no está cubierto con la justicia de Dios, Satanás vendrá con sus susurros y va a decir que nosotros no somos justos delante de Dios. Pero nosotros declaramos que sí. La justicia está en Jesucristo.

"Y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz". Cómo quiere herirnos en los pies, para que nosotros nos quedemos quietos; y así ese Amalec salga de nosotros. "Sobre todo tomad el escudo de la fe con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno". Necesitamos estar siempre en la Palabra. ¿Por qué? Porque el escudo de la fe detiene todos esos dardos, todas esas dudas.

"Y tomad el yelmo de la salvación". Cómo él quiere darnos un golpe directo a la cabeza, cómo ha hecho a tantos cristianos hoy en día dudar de su salvación y creer que la salvación se pierde. ¿Qué tengo que hacer para ser salvo? ¿Qué tengo que seguir haciendo para ser salvo? La salvación de Dios fue cumplida en la cruz, cuando Jesús bajó a las profundidades y ascendió con poder y tomó cautiva la cautividad. Y el día en que nosotros le recibimos, precioso día, ese día el Señor nos ciñó con este yelmo de salvación, que nunca nos podemos quitar. Nunca podemos dudar de esto.

"Y la espada del Espíritu que es la palabra de Dios". Bendito sea el Señor que nos ha dado todos estos recursos en Cristo Jesús para enfrentar a este Amalec. Nosotros no queremos tener la razón; no queremos estar siempre justificándonos, justificando nuestra forma de ser, pensamientos de juicio contra otros, pensamientos que no edifican, palabras que no edifican, formas de ser que no edifican, sino que son tropiezo a los demás. Queremos llegar a parecernos tanto al Señor Jesús, que nunca seamos tropiezo en ninguna de estas maneras.

Es cierto que aquí no vamos a ser perfeccionados completamente; es cierto que esto va a ser una guerra de generación en generación. Pero sí, hermanos, nosotros queremos participar con Dios, queremos declarar que Dios es sabio, que él dejó a este Amalec debilitado para que Satanás sea avergonzado. Y nosotros queremos exponer todo aquello que está todavía dentro de nosotros en tinieblas, a la luz de la palabra, a la luz de Dios. Delante de él queremos estar, para que él nos exponga, y nosotros decimos: 'Amén, Señor'.

(Extracto de un mensaje impartido en Temuco, en agosto de 2008).

***