Lecturas:
Éxodo 17:16; 1 Samuel 15:2-9.
Días
atrás se nos habló acerca de Amalec, que es tipo
de nuestra carne; se nos habló de la necesidad de que
este Amalec sea derrotado en nosotros. Y la palabra que dijo
Jehová en Éxodo 17, de que tendría guerra
con Amalec de generación en generación, se ve
cumplida aquí en 1 Samuel.
En
este tiempo Saúl estaba siendo inaugurado como rey. Sin
embargo, él no era el rey conforme al corazón
de Jehová, sino el rey que quiso el pueblo de Israel.
Y este acontecimiento que aquí hemos leído, iba
a marcar toda la trayectoria del reino de Saúl, porque
aquí vemos que él desobedeció a Jehová
y tuvo compasión de aquella parte de Amalec que le pareció
buena.
Es
necesario que nos veamos reflejados en Saúl. Porque Saúl
representa a uno que es escogido por Dios, pero no conforme
al corazón de Dios. Uno que pensó que sabía
más que Dios; y en este sentido podemos ver que él
estaba actuando en su carne. Él quiso preservar lo bueno
que había de Amalec.
Ahora,
¿por qué este Amalec seguía en pie? Porque
aquí vemos claramente que tenían rey, tenían
ejército, tenían mucho ganado. Este Amalec es
nuestra carne, en el Nuevo Testamento.
Ciertamente,
Dios no destruyó a Amalec, sino que lo debilitó.
Jesús, en la cruz del Calvario, debilitó a este
Adán, que estaba por herencia en cada uno de nosotros.
Sin duda, Dios tenía poder para destruirlo, sin duda
que él ha vencido. Nosotros queremos dejar eso muy claro
en nuestros corazones: Jesús venció en la cruz,
Jesús cumplió todo lo que quiso hacer en ese consejo
eterno de Dios; no dejó nada afuera de lo que tenía
que cumplir. Fue por ese consejo que Amalec tenía que
ser dejado vivo, pero debilitado.
En
esto hermanos vemos la voluntad eterna de Dios, que fue no matar
a este Amalec. Porque si nos hubiese redimido el Señor,
y con el Amalec muerto en nosotros, entonces Satanás
podría haber ido ante del trono de Dios, y reclamar:
'Dios, tus hijos te obedecen porque tú destruiste todo
lo que yo había sembrado en ellos'. Pero Dios fue aquel
que justificó y también permaneció justo
por medio de estos hijos que fueron hechos menores que los ángeles,
menores que Satanás.
Ahora
en la multiforme sabiduría de Dios, él está
usando a aquellos que todavía les queda un poco de Amalec,
que todavía llevan dentro de sí todo aquello que
Satanás sembró por muchas generaciones. Todavía
lo llevamos dentro, sí, pero está debilitado,
y por medio de hijos obedientes, por medio de aquellos que están
dispuestos a pagar el precio, Amalec sigue siendo expuesto,
y los hijos siguen obedeciendo a Dios y siguen declarando que
Jesús es el vencedor.
Un
enemigo antiguo
Aunque
este Amalec fue vencido en aquel tiempo, cuando Israel lo enfrentó
en Refidim, todavía aquí, en los días de
Samuel, estaba en pie y tenía rey; se había fortalecido
otra vez. Y Saúl, viendo aquellas cosas, cuando él
lo iba derrotando, decidió en su propia sabiduría
que era mejor dejar lo bueno de Amalec y sacrificarlo a Dios.
Pero Dios no se agradó de esto.
Y
vemos aquí claramente reflejada y tipificada nuestra
carne, porque nada de la carne puede agradar a Dios. Está
declarado tan claramente en todo el Nuevo Testamento, que el
Espíritu es contrario a la carne; la carne, contraria
al Espíritu, y todos aquellos que están en la
carne no pueden agradar a Dios. Pero muchas veces es muy sutil
esa línea entre lo bueno y lo malo que está dentro
de nosotros.
Es
tan fácil que nosotros digamos: 'Yo soy así; éste
es el carácter con que Dios me creó'. Muchas veces
nos defendemos en la carne; muchas veces no queremos que aquello
que es de Amalec sea derrotado a filo de espada. Entonces, necesitamos
ver que la raíz de este Amalec es tan terrible y tan
sutil, y se ha ido desarrollando y desarrollando por todas las
generaciones.
Hermanos,
esta simiente, esta raíz, comenzó en el huerto
de Edén, en Génesis capítulo 3. "Entonces
fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban
desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron
delantales. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba
en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer
se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los
árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó
al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?
Y él respondió: Oí tu voz en el huerto,
y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. Y
Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que
estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que
yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió:
La mujer que me diste por compañera me dio del árbol,
y yo comí" (Gén. 3:7-12).
Aquí
vemos esta raíz en su primera etapa. El hombre avergonzado
de lo que Dios había santificado, avergonzado de lo que
Dios había dicho que era bueno. Y Satanás ya empieza
a coser esa semilla dentro del hombre, y empieza a distorsionar
lo que Dios había hecho. Entonces fueron abiertos sus
ojos, vieron que estaban desnudos, y entonces no sólo
se empezaron a coser vestidos, sino también se escondieron
de la presencia de Dios.
La
carne siempre se avergüenza de la presencia de Dios, siempre
se esconde, siempre trata de presentarse como algo mejor de
lo que es. Siempre trata de presentarse como algo noble, algo
bueno. Porque aquí vamos a ver el trayecto que iba a
seguir esta carne iba por medio de la descendencia de Adán,
y en este transcurso vemos cómo la carne va avanzando,
va creciendo; cómo va aumentando en aquellas personas
que eran descendencia de Adán.
Vemos
muchas veces que en la Palabra hay genealogías. Y es
porque Dios está mostrándonos una progresión;
cómo las cosas van avanzando, sea que fuera por medio
de su voluntad, sea un remanente de gracia que Dios tenía,
o sea una genealogía de aquello que era contrario a Dios,
mostrando siempre como estas dos voluntades -de Dios y también
del ángel caído, Satanás- fueron avanzando.
Entonces, en el libro de Génesis, vemos cómo esta
carne, esta simiente que Satanás había plantado
en el hombre, se iba traspasando.
Dios
dice en su Palabra que las maldiciones se traspasaban hasta
la cuarta generación. Todos los hombres han nacido bajo
pecado, todos nacen según Adán, pero también
vemos que ciertas características, ciertas formas de
ser, en particular, son traspasadas de una persona a otra.
La
carne se esconde, la carne se justifica delante de Dios. Jesús
dice: "Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la
luz y no viene a la luz, para que sus obras sean reprendidas"
(Juan 3:20). Esa palabra, reprendidas, también se traduce
como expuestas - para que no sean expuestas. Aquí vemos
a Adán escondido de Dios, vemos la carne escondiéndose
de Dios. Y tiene sus buenas razones, y discute con Dios. Por
eso dice: "La mujer que tú me diste
".
Ella es la responsable, y también en una forma indirecta:
'Tú, Dios, también eres responsable por esto'.
Podríamos,
en nuestra ignorancia, discutir con Dios y decir: 'Nos has dejado
este Amalec, nos has dejado esta herencia de Adán dentro
de nosotros'. ¿Será culpa de Dios? ¿O será
que él tiene propósitos mucho mayores? Y, en nuestra
ignorancia, discutimos con Dios.
Vemos
entonces en Génesis 4:9: "Y Jehová dijo a
Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano?
Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso
guarda de mi hermano?". Aquí vemos la carne desarrollándose,
no sólo discutiendo con Dios o con la mujer, sino también
con el hermano. Vemos cómo esta raíz de amargura
va creciendo y se va extendiendo hasta ahora, en el Nuevo Testamento,
en medio de la iglesia. '¿Acaso soy yo guarda de mi hermano?
¿Qué tengo que ver yo con el pecado de mi hermano,
con sus fallas, con sus problemas?'. Esta es una vida individualista,
una vida que no tiene preocupación por los demás.
Versículo
14: "He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu
presencia me esconderé, y seré errante y extranjero
en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare,
me matará". Aquí vemos otra vez la carne
escondiéndose de Dios, culpándole por su propia
situación. Porque Dios ya le había advertido de
esto a Caín, diciéndole que el pecado estaba a
la puerta, y que quería dominarlo, pero él tenía
que dominar aquellos deseos.
Hoy
en día, hermanos, nosotros estamos en una posición
privilegiada, porque tenemos el Espíritu de vida, tenemos
a Cristo viviendo en nosotros. Él es el gran vencedor.
Por eso no hay excusa para nosotros cuando actuamos en la carne.
Hay provisión. Sí, Caín recibió
la palabra, la advertencia de Dios, pero no supo y no pudo resistir
ese deseo tan grande dentro de él. Pero nosotros sí,
tenemos una puerta siempre abierta para salir de la tentación.
¡Pero cuántas veces no hemos cruzado aquella puerta!
"Y
le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que
matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces
Jehová puso señal en Caín, para que no
lo matase cualquiera que le hallara. Salió, pues, Caín
de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod,
al oriente de Edén. Y conoció Caín a su
mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó
una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre
de su hijo, Enoc. Y a Enoc le nació Irad, e Irad engendró
a Mehujael, y Mehujael engendró a Metusael, y Metusael
engendró a Lamec. Y Lamec tomó para sí
dos mujeres; el nombre de la una fue Ada, y el nombre de la
otra, Zila. Y Ada dio a luz a Jabal, el cual fue padre de los
que habitan en tiendas y crían ganados. Y el nombre de
su hermano fue Jubal, el cual fue padre de todos los que tocan
arpa y flauta. Y Zila también dio a luz a Tubal-caín,
artífice de toda obra de bronce y de hierro; y la hermana
de Tubal-caín fue Naama" (v.15-22)
Hermanos,
aquí vemos cómo la carne se va desarrollando.
Caín ya fue capaz de levantar una ciudad. La obra de
la carne creciendo; ya es capaz de perfeccionarse, de ir civilizándose,
modernizándose, así como el mundo hoy en día.
El hombre esconde su carne con argumentos, con ideologías
que dicen que el hombre está yendo hacia la perfección
- aquella idea griega del hombre perfecto. Vemos cómo
hoy en día la moral del hombre va cayendo, y lo que hace
50 años era abominación, hoy día es aplaudido.
Veía
las noticias esta mañana. En los Estados Unidos, el próximo
Presidente estaba hablando. Y estaba diciendo que estaban apelando
a los cristianos. Pero, ¿cuál fue su discurso?
Que sólo el hombre y la mujer se pueden casar, pero los
homosexuales sí pueden convivir y pueden hacer adopción.
Entonces vemos claramente que, si están apelando a los
cristianos, ¡en qué condición está
el mundo! Si ésta es la condición en que ya ha
caído la cristiandad, ¡cuánto peor el mundo!
Así se va extendiendo el reino de Satanás y usando
el único instrumento que a él todavía le
queda, en los hombres, y esa es la carne.
Lamec,
este hombre, tomó dos mujeres, ya en directa desobediencia
a Dios. Y también se levanta por sobre el mandamiento
de Dios, sabiendo la señal que había puesto sobre
Caín, y dice: "Si siete veces será vengado
Caín, Lamec en verdad setenta veces siete lo será".
Esos números tan conocidos en el Nuevo Testamento. He
aquí la carne levantándose y desafiando a Dios.
Cómo Satanás usa los números de Dios, la
sabiduría de Dios y cómo la imita.
Vemos,
entonces, que aquí llega un punto, un quiebre en el relato
acerca de este desarrollo de la humanidad. Y aquí en
el capítulo 5, hay una genealogía de Adán
según Set, y vemos que el Señor sigue con un remanente,
sigue con aquellos que están conforme al pensamiento
de Dios. Pero en la humanidad en general, estaba toda la carne
corrompida delante de Jehová, por lo cual aborreció
lo que estaba aconteciendo en la tierra, y por eso vino el diluvio.
Pero,
hermanos, aun pasando por aquellas aguas de la muerte del Señor
Jesucristo, todavía sigue Amalec dentro de nosotros.
Y así fue que, aun después de destruirse todo
aquello que desagradaba a Dios, inmediatamente vemos cómo
Noé siembra para su carne. Teniendo la viña, él
se emborrachó y quedó desnudo, y sus hijos tuvieron
que cubrirle. ¡Y cómo él maldecía
a uno de sus hijos! ¡Cómo es la boca del hombre,
hermanos! Como dice en Romanos, es como una tumba abierta. Cuán
rápido fue Noé para maldecir a Canaán.
Y
vemos en el libro de Santiago, que verdaderamente el único
hombre perfecto es aquel capaz de controlar a su lengua y todo
su ser, y ese es el Señor Jesús. Por eso lo admiramos
a él, porque esta es la semejanza que queremos en nosotros.
Esto es lo que queremos: ser transformados a la imagen de este
varón perfecto.
Pero
aquí vemos la humanidad desarrollándose, las naciones
siendo formadas, y cada vez más se empieza a hablar de
reinos, de hombres grandes en la tierra. Empezamos a ver cómo
son levantados uno tras otro, cómo había guerra.
La carne se va perfeccionando, va avanzando y entonces llegamos
hasta Amalec. Y Amalec era nieto de Esaú.
Vemos
en el capítulo 11, la torre de Babel, y cómo Dios
tuvo que dispersar a todos los hombres por la tierra y confundir
su lenguaje, porque ellos habían dicho que, si se juntaban,
podrían construir una torre hasta los cielos. Aquí
vemos reflejado lo que hizo Satanás cuando él
quiso levantar su trono encima de aquel que estaba establecido
en los cielos. Esto es lo que es capaz de hacer la carne. Cuando
se desarrolla, es capaz de llegar hasta los cielos. Por eso
el hombre hoy ha declarado muerto a Dios, y ha dicho que la
humanidad es dios.
Es
en Génesis 36:9 que, por fin, vemos cómo esta
genealogía llega hasta Amalec: "Estos son los linajes
de Esaú, padre de Edom, en el monte de Seir". Estos
hombres, los edomitas, eran de muchos recursos. Prosperaron
tanto que se tuvieron que separarse por la tierra. Tuvieron
mucho ganado. Y aquí vemos en Amalec, un ejército;
cómo la carne puede prosperar, cómo puede llegar
a ser multitud dentro de nosotros. Hermanos, la carne, si es
dejada, puede desarrollarse, puede llegar a esta estatura.
El
mundo está sin remedio. Tenemos que declararlo así.
Por más perfeccionada que pueda ser la carne, ellos no
tienen remedio, sino echar mano a aquella carne. Nosotros no,
hermanos. Estamos en esta posición privilegiada. Bendito
sea el Señor Jesús, porque él venció,
y nos dio esta potestad de vencer por su Espíritu de
vida que está dentro de nosotros.
Amalec
en el Nuevo Testamento
Nosotros
tenemos una nueva herencia, el Nuevo Testamento. Nosotros somos
una nueva criatura, somos creación nueva. Entonces mientras
todavía queda algo de aquello escondido, avergonzado
dentro de nosotros, mientras aquel Amalec permanece en nosotros,
siempre va a poder salir. Esto en ninguna forma puede sustraer
lo que ha hecho el Señor. El Señor está
esperando que, con esa espada de doble filo, podamos separar
el espíritu del alma, podamos ir cortando este Amalec
que está escondido en nosotros.
La
carne siempre se esconde, siempre se perfecciona. En el Nuevo
Testamento vemos ejemplos de cómo la carne puede tener
esta apariencia de espiritualidad. Leemos en Gálatas
3:3: "¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado
por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?".
Algunas traducciones usan la palabra perfeccionar en vez de
acabar. Por supuesto, nadie puede, conforme al pensamiento de
Dios, perfeccionarse por la carne; pero sí vemos muchos
religiosos, como los fariseos en los días del Señor.
Y hoy en día también, aquel fariseo en nosotros
que quiere aparentar algo delante de los hermanos.
Aquí
en esta iglesia, en Galacia, había aquellos que estaban
tratando de perfeccionarse, de seguir adelante en la carne.
Y cómo ellos estaban logrando aquello, hasta que vino
Pablo con la palabra del Señor para reprenderles. No
sabemos cuánto tiempo estaban caminando así.
Colosenses
2:23: "Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación
de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro
trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos
de la carne". Es decir, que había métodos
establecidos por los hermanos para parecer espirituales, pero
los apetitos de la carne siempre los consumían. Podían
aparentar ser alguien en medio de la congregación, pero
si no era el Señor en ellos, su Espíritu actuando
en ellos, simplemente eran consumidos por los apetitos de la
carne. Pero ellos tenían aquella forma externa y tenían
una voluntad tan firme.
Había
herejías en los tiempos de la iglesia primitiva, el gnosticismo
y varias otras formas de esto. Amalec sigue de generación
en generación, pero no es la voluntad del Señor
que él sea dejado para reinar, sino que tiene que ser
dominado por el Espíritu, tiene que ser puesto en su
lugar para obedecer.
Filipenses
3:4: "Aunque yo tengo también de qué confiar
en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar
en la carne, yo más
". Y ahí sigue Pablo
con su lista de herencia humana, de lo que era noble delante
de los ojos, humanamente. Por supuesto sabemos que Pablo no
echaba mano a esto, lo consideró como basura, como pérdida,
"por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús
mi Señor". Vemos aquí un principio espiritual
que se podría presentar en aquella carne, y habría
sido bien visto hasta entre los hermanos.
La
carne es una cosa tremenda, en un sentido negativo. Por eso
sigue en pie, por eso es capaz de hasta verse bonita, así
como Samuel encontró bonitas aquellas cosas. Podemos
pensar de nosotros que tenemos cosas buenas; podemos pensar
que Dios nos creó así, y usar la excusa que así
es como somos; pero es porque aquellas cosas siempre las hacemos
en lo escondido y cuando son expuestas, así como dijo
el Señor, nos avergonzamos.
El
Señor dejó muy claro en su Sermón del monte,
que los ojos de Dios ven todas las cosas, hasta el corazón.
Y así como el corazón es engañoso sobre
todas las cosas, aquellas formas religiosas externas no valían
para él, y él las expuso - el adulterio del corazón.
Entonces, hermanos, todos nuestros pensamientos están
expuestos delante de Dios. En aquel día todas nuestras
palabras serán juzgadas. A veces podemos ser personas
de mucha voluntad propia, podemos no decir las cosas; pero,
aun así, Dios sabe nuestros pensamientos.
¿Estamos
contentos, hermanos, de dejar a Amalec permanecer en nosotros?
Deberíamos llegar a aborrecer a ese Amalec, aborrecer
cómo somos. Deberíamos ver las cosas que hay dentro
de nosotros y arrepentirnos de ellas. No deberíamos decir:
'Así somos nosotros, esa es nuestra naturaleza'. Porque
así como cada persona iba siendo formada en esa genealogía,
con todas sus capacidades, al final era simplemente carne. Y
aunque se podría perfeccionar delante de los ojos de
los hombres, y hasta discutir con Dios, todo era abominación
delante de Jehová.
En
nuestra vida privada, en nuestro ser íntimo, como el
Señor Jesús dijo, cuando vamos a la oración,
vamos al lugar secreto. Esa frase, 'el lugar secreto', es cuando
uno está delante de Dios y queda expuesto cómo
es - "en tu luz vemos la luz". No queremos hacer un
análisis de nosotros mismos por nuestra cuenta, porque
siempre seremos engañados, siempre veremos lo mejor de
nosotros, siempre pensaremos que somos mejores de lo que somos.
Necesitamos que el Señor examine aquello que nos hemos
acostumbrado tanto a tener dentro de nosotros.
Hermanos,
cuántos años hemos mantenido dentro de nuestra
cabeza pensamientos de juicio contra nuestro hermano. Cuánto
nos hemos acostumbrado a convivir con Amalec. Es necesario que
lleguemos a aborrecer cómo somos; es necesario que lleguemos
a apreciar esa luz que nos expone, que nos avergüenza.
Ciertamente Adán tuvo vergüenza de salir y mostrarse
delante de Dios; pero es necesario que Dios nos cubra, es necesario
que él haga aquellas pieles de animal, tipología
de la muerte y sacrificio de nuestro Señor Jesús,
y que él nos cubra. Es necesario que todo aquello que
está en tinieblas sea expuesto delante de él.
Es
necesario que en nuestros matrimonios, con nuestros hijos, en
nuestras relaciones en la iglesia, en todo, seamos juzgados.
Y nosotros también aceptemos el juicio de Dios, y juzguemos
a Amalec dentro de nosotros. Necesitamos pelear esta batalla.
Como se ha dicho, esto es una guerra espiritual.
Efesios
6:11-17 dice: "Vestíos de toda la armadura de Dios,
para que podáis estar firmes contra las asechanzas del
diablo". Sabemos cuáles son aquellas asechanzas,
hermanos. Es cierto, "
no tenemos lucha contra sangre
y carne, sino contra principados, contra potestades, contra
los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes
espirituales de maldad en las regiones celestiales".
Satanás
tiene un método favorito para atacarnos. La lucha no
es con carne y sangre: Satanás ocupa a Amalec dentro
de nosotros. Aunque puede allegar los infiernos directamente
contra la iglesia, o contra nosotros, su método favorito
es simplemente desplegar a Amalec dentro de nosotros y usarlo.
Y ahí nosotros nos quedamos mirando y nos avergonzamos
y podríamos llegar hasta preguntar si Dios realmente
ha hecho aquella obra que tantas veces ha sido proclamada desde
aquí. Pero sí, esa obra fue completa, fue perfecta.
Pero
aquí en este pasaje vemos cómo Dios quiere que
nosotros participemos con él, para que en aquel día
Satanás y todas las huestes espirituales de maldad sean
avergonzados, porque los hijos de Dios, siendo menores que ellos,
sí obedecieron, sí tomaron la decisión
de enfrentar a aquel Amalec con la espada de doble filo.
La
armadura de Dios
"Por
tanto tomar toda la armadura de Dios para que podáis
resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar
firmes. Estad pues firmes ceñidos vuestros lomos con
la verdad". Cuán necesario es esto, hermanos, porque
Satanás va a intentar atacarnos en todos estos lugares,
en estas partes que Dios nos ha cubierto. Va a tratar de atacarnos
en la verdad. "Y vestíos con la coraza de justicia".
Va tratar de atacar nuestro corazón, que está
cubierto con la justicia de Dios. Si no está cubierto
con la justicia de Dios, Satanás vendrá con sus
susurros y va a decir que nosotros no somos justos delante de
Dios. Pero nosotros declaramos que sí. La justicia está
en Jesucristo.
"Y
calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz".
Cómo quiere herirnos en los pies, para que nosotros nos
quedemos quietos; y así ese Amalec salga de nosotros.
"Sobre todo tomad el escudo de la fe con que podáis
apagar todos los dardos de fuego del maligno". Necesitamos
estar siempre en la Palabra. ¿Por qué? Porque
el escudo de la fe detiene todos esos dardos, todas esas dudas.
"Y
tomad el yelmo de la salvación". Cómo él
quiere darnos un golpe directo a la cabeza, cómo ha hecho
a tantos cristianos hoy en día dudar de su salvación
y creer que la salvación se pierde. ¿Qué
tengo que hacer para ser salvo? ¿Qué tengo que
seguir haciendo para ser salvo? La salvación de Dios
fue cumplida en la cruz, cuando Jesús bajó a las
profundidades y ascendió con poder y tomó cautiva
la cautividad. Y el día en que nosotros le recibimos,
precioso día, ese día el Señor nos ciñó
con este yelmo de salvación, que nunca nos podemos quitar.
Nunca podemos dudar de esto.
"Y
la espada del Espíritu que es la palabra de Dios".
Bendito sea el Señor que nos ha dado todos estos recursos
en Cristo Jesús para enfrentar a este Amalec. Nosotros
no queremos tener la razón; no queremos estar siempre
justificándonos, justificando nuestra forma de ser, pensamientos
de juicio contra otros, pensamientos que no edifican, palabras
que no edifican, formas de ser que no edifican, sino que son
tropiezo a los demás. Queremos llegar a parecernos tanto
al Señor Jesús, que nunca seamos tropiezo en ninguna
de estas maneras.
Es
cierto que aquí no vamos a ser perfeccionados completamente;
es cierto que esto va a ser una guerra de generación
en generación. Pero sí, hermanos, nosotros queremos
participar con Dios, queremos declarar que Dios es sabio, que
él dejó a este Amalec debilitado para que Satanás
sea avergonzado. Y nosotros queremos exponer todo aquello que
está todavía dentro de nosotros en tinieblas,
a la luz de la palabra, a la luz de Dios. Delante de él
queremos estar, para que él nos exponga, y nosotros decimos:
'Amén, Señor'.
(Extracto
de un mensaje impartido en Temuco, en agosto de 2008).